sábado, 3 de agosto de 2019

DE INEXORABILI MORTE


El 31 de julio a las 6 p.m., en el salón del Comercio del edificio Cámara de Comercio de Manizales, la Academia Caldense de Historia presentó la obra del Académico de Número Julián Chica Cardona.




PRÓLOGO
 
LA INEXORABLE MUERTE

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy[1]

El título parece categórico, casi pitagórico. Obligatorio como cuando la mamá quiere bañar al niño pequeño y está haciendo frío. El título es de mi amigo Julián Chica, un pensador pereirano que acabo de conocer por las venturas de la escritura. Me lo referenció hace años el amigo escritor caldense Ángel Castaño que dirige la página literaria "La Avenida". 

Lo conocí personalmente en el evento literario "Encuentro Internacional Poetas en el Equinoccio", en Dosquebradas. Me parecía, por las referencias, que era una especie de mecenas que convocaba el mes de marzo a ese municipio tan a la mano de Pereira, ciudad comercial y centro de convergencia de todo el "eje cafetero". 

No me imaginaba encontrar a un patriarca tan joven con larga parentela de poetas en un municipio que se me antojaba un lugar satélite de Pereira hasta ese momento. Desde que llegué al hotel en donde nos alojamos y tomamos la alimentación, supe de la magnificencia del anfitrión y medí la estatura del Evento a que había sido invitado.

Hoy que ya he leído el ensayo con el título digno de una obra magna "De inexorabili morse" que he trasegado por sus líneas, sé de la estatura de pensador de este escritor hoy día tan cercano a mis terrenos. Cuando iba recorriendo los párrafos, me imaginaba estar ante un Azorín o un ensayista cercano a los monstruos de la literatura castellana. 

Haber tomado un tema tan serio, que fue abordado en un momento de la literatura clásica del idioma por tantos autores que él cita, es empresa seria y comprometedora. Entrar por los meandros en donde habita la muerte y mirar las paredes, los fosos, las compañías severas lo convierten en un autor que no fue inferior a sus antecesores. 

Lo ve uno cabalgar en temas sublimes y se topa con un lenguaje a la misma altura de los clásicos. Él en este texto anduvo de la mano de la muerte y la miró a la cara. No conozco otro texto de este autor pero basta entrar a las primeras apreciaciones para darse cuenta que está uno ante un escritor sólido y respetuoso de un tema que es menú apetecido por los mejores. 

Paradójico que un tema del que no podrán criticar los nombrados ya fenecidos y que han probado la dulzura de la muerte, no el aguijón, hablen los que están en fiesta y gozando de muy buena salud. ¿Podrán, acaso, levantarse de su silla de piedra, quienes ya descansan para siempre y no pueden gozar de este otro gozo que es la vida? 

Cuando lo leía hablar - casi poseído de ella -, recordaba al vital Julián y su gracejo tan sonriente en el encuentro de poetas en un espacio del año en el que el astro rey estará más encima de nuestra cabeza y la Luna recorre el firmamento de su mano por 24 horas. Paradójico, repito, saber que el 20 de este mes el sol estará en su cenit.


[1] Leopoldo de Quevedo y Monroy. Escritor colombiano. Ex-sacerdote residente en Cali. Abogado de la Universidad Libre y Magíster en Docencia Universitaria de la Universidad del Valle. Se especializó en la práctica pedagógica y metodología de la investigación. Profesor en la Universidad Libre, Autónoma de Occidente, Santiago de Cali, Antonio Nariño, y Cooperativa, donde se desempeñó como Jefe del Centro de Investigaciones. Ha publicado: Confesiones de un cura casado (1999), donde nana su ingreso, consagración y retiro posterior del ejercicio sacerdotal. De su autoría son también los poemarios: Versos sacros y profanos (2005), Cotidianidad en re-verso (2006) y Sobre los cuernos del tiempo (ensayos cortos, 2008). Textos suyos han sido publicados en las revistas internacionales Destiempos (Universidad Nacional Autónoma de México, Unam), Portal del Humanismo (Instituto Cervantes, Madrid) y Remolinos (Lima, Perú). Exaltado como biógrafo de poetas y ensayista por la Fundación Cultural Casa de Poesía Aurelio Arturo (2009).

 


jueves, 9 de mayo de 2019




EL LIBRO DE LOS PRESIDENTES:
UN APORTE AL BICENTENARIO



La Academia Caldense de Historia se complace en presentar el libro 1819 – 2019 Bicentenario Batalla de Boyacá. 200 años de vida presidencial, elaborado por el académico Fabio Ramírez Ramírez, como un aporte a la celebración del Bicentenario de la Batalla de Boyacá en Colombia 2019.
     Don Fabio Ramírez Ramírez, nuestro colega de la Academia y manzanareño de tiempo total y corazón sincero, se ha caracterizado por su permanente interés en dar a conocer trabajos salidos de su innata curiosidad por la historia nacional en general y por la historia local de su pueblo en particular. Ya tuvimos la oportunidad de presentar en sesiones solemnes de la Academia, sus libros Por los Caminos de la Historia, Manzanares Puerta de entrada al Oriente y la Historia de la Basílica San Antonio de Padua de Manzanares, obras que sumadas a otros no menos interesantes opúsculos inspirados en el estudio del devenir de su tierra nativa, van sumando sus invaluables aportes a la construcción de la historia regional. Educador por vocación e intelectual por pasión, y no queriendo alejarse de su faena pedagógica en beneficio de los niños y jóvenes de Caldas, ha decidido dedicarse en su retiro laboral a servir de orientador y consejero a quienes vivimos la pasión por las letras y por la historia, como un elixir de eterna juventud.
     El libro que estamos presentando versa sobre un tema que a primera vista nos puede aparecer un lugar común o un “llover sobre mojado”: Una breve reseña biográfica de los ciudadanos colombianos que han tenido el honor de ocupar la silla presidencial. Pero si recordamos con el escritor británico Chesterton, que “uno de los extremos más necesarios y más olvidados en relación con esa novela llamada Historia, es el hecho de que no está acabada”, vamos a entender porqué el autor ha dedicado meses de esfuerzo a recopilar información y datos, algunos ya conocidos y otros no tanto, para armar la estructura de un documento que con toda seguridad va a despertar el interés de sus lectores. Sobre todo porque apelando a la brevedad, a la concisión y a la didáctica, ofrece un texto ameno y comprensible para cualquier lector, independientemente de su edad, nivel de formación o condición social. Y porque además, estamos seguros, los lectores se sorprenderán con ciertas curiosidades no muy estudiadas en los textos formales de la historiografía colombiana.
     Agradezco en nombre de la Academia Caldense de Historia, al académico Fabio Ramírez Ramírez por este significativo aporte a la celebración del Bicentenario Nacional y por su generosa disposición para que nuestra institución se nutra con el valor espiritual y sentimental de su nuevo libro.

Ángel María Ocampo Cardona
Presidente Academia Caldense de Historia

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HISTORIA DE LA PALABRA O LA PALABRA DE LA HISTORIA

Las tareas del hombre comienzan con el destino de la palabra.
     La providencia nos ha entregado este elemento, el más grande de la creación, después del hombre, destinatario de su uso y de los recursos para inventar un idioma y muchos idiomas en la construcción de los caminos de la comunicación.
     El pasado es un enigma y da para las más singulares especulaciones de la ciencia y la curiosidad en la búsqueda de los más antiguos testimonios del comportamiento humano. Se nos antoja, que así nace la Historia, no como una ciencia sino como una disciplina para narrar acontecimientos de épocas dadas; y todos los entregados a estos menesteres han tenido la ligereza de destacar a Herodoto de Halicarnaso como el Padre de la Historia porque sus textos sobre Las Guerras Médicas se remontan a 480 años antes de Cristo y llamadas así porque los griegos se denominaban “medos”.
     Tucídides narró la guerra entre Atenas y Esparta, llamada del Peloponeso 400 años antes de Cristo y Jenofonte, militar y filósofo ateniense, llamado “la musa ática” por la elegancia de su lenguaje también fue un historiador casi contemporáneo del anterior.
     Recientemente, en un lugar entre el Éufrates y el Tigris, fueron descubiertas unas placas de arcilla o discos de arcilla, donde se cree existió la sede del imperio de Acad gobernado por el Rey Sargón.
     Esos sellos se hallaron en el Giparu de Ur, residencia de la poeta, escritora y sacerdotisa Enheduanna hija del Rey Sargón. En ellos, con elegante, inspirada y sublime expresión poética, la sacerdotisa sumeria entona cantos a la diosa Inanna y por ellos se descubre una época de esplendor con el nacimiento de la escritura en la Mesopotamia del siglo XXI antes de Cristo.
     En estas anotaciones estamos expresando que, como géneros literarios y de información, la poesía, la historia, la narración y la crónica, aparecieron 2.500 años antes de Herodoto con la Sacerdotisa de Acad Enheduanna.
     Inmenso espacio descubierto por la arqueología del pensamiento hacia una actividad creadora de seres providenciales que han asombrado al mundo, emergiendo de pequeños lugares geográficos, constituidos con sus crónicas en importantes laboratorios de cultura.
     Así como en Aracataca se vive la historia del génesis en versión Caribe bajo la deslumbrante imaginación de Gabriel García Márquez, también en Manzanares, una ciudad sembrada en el Departamento de Caldas por pioneros de la colonización antioqueña en la abrupta cordillera de los Andes, se han dado casos de hombres constructores de grandeza para ser contada en crónicas que constituyan la fortaleza de su historia.
     Bernardo Arias Trujillo, cronista, novelista, cuentista, escritor de ensayos de elegante estructura literaria, polemista, poeta y traductor.
     Sergio Trujillo Magnenat, soberbio dibujante, admirable pintor y escultor, artista gráfico, ganador de medallas de oro y de plata en los Salones Colombianos de Artistas, fue pionero en nuestro país del Art Deco.
     Fabio Ramírez Ramírez, una expresión humana de perfiles singulares por el amor a un pueblo y a la arquitectura pluridimensional de sus hombres, obreros destacados de la ciencia, el arte y la literatura. Forjador de figuras notables en el ambiente regional y nacional a través de su sabia y elegante pedagogía desempeñada con aciertos en su calificada orientación. Más de cuarenta años al servicio del sector educativo. Un Maestro en el auténtico valor semántico del vocablo, viene ahora a presentarnos una obra de investigación responsable y seria y sobre todo, muy objetiva, sobre los gobernantes de Colombia. Con la sencillez de un hortelano ha titulado su trabajo de auscultación histórica como 1819 – 2019 Bicentenario Batalla de Boyacá. 200 años de vida presidencial en homenaje al hecho histórico.
     Me ha sorprendido este estudio sobre una etapa importante de nuestro acontecer histórico. He aprendido y me he deleitado en su lectura, en ese feliz anecdotario que acompaña esta magnífica obra. Empieza su tarea señalando los primeros gobernantes de Colombia, antes de la Batalla de Boyacá, desde José Miguel Pey hasta Liborio Mejía.
     Incrusta en ella la agonía atormentada del Libertador en el último de los “Retablos Bolivarianos” escrito por el manzanareño Bernardo Arias Trujillo. La gesta emancipadora está ahí contada por Fabio Ramírez con el calificado conocimiento de quién nació para la investigación histórica.
     Descubrimos que esta lucha por la libertad se orientaba a romper las cadenas del sometimiento de un imperio que arrasó vidas y riquezas en un continente de pueblos mágicos y deslumbrantes. España nos invadió con sus espadas, arcabuces, perros y desmedida ambición, pero en ese largo proceso de crimen y de infamia, también irrumpió la luz del pensamiento con fuerza de libertad contenida en la traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, Declaración aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente Francesa en 1789, tarea realizada por el santafereño Antonio Amador José de Nariño y Álvarez de Casal que fue publicada en Santa Fe de Bogotá en 1793.
     Ya la intelectualidad de la Nueva Granada sentía los vientos de la renovación refrescándose en la Enciclopedia Francesa recogida en 7 tomos por Denis Diderot y Jean D’ Alambert y se sumía en las fuentes lustrales de pensadores, científicos, filósofos y políticos, entre muchos, Louis Montesquieu, François Marie Voltaire, Jean Jacques Rousseau, quienes con sus ideas motivaron reacciones en las gentes de Francia y el mundo señalando que la razón es el motor principal de toda sociedad, generando, en esa época, cambios importantes en los gobiernos y en la comunidad.
     Francia estaba permeando un nuevo acontecer. Cuando España nos invadía, Francia nos conquistaba con su pensamiento, con su formidable cultura.
     Esta obra de Fabio Ramírez no solo es documental. Es testimonial. En ella descubrimos una curiosa coincidencia: la mayoría de los gobernantes de Colombia fueron abogados, como decir leguleyos caóticos y soberbios que sumieron nuestra historia en un amargo éxtasis. Hay excepciones fenomenales, muy pocas, pero se perciben en este libro de Fabio Ramírez, encontramos algunos en el federalismo que desde 1863 hasta 1880 destacó figuras de empinado astro cultural y de sensibilidad social. Y uno que otro en el siglo XX. Las guerras civiles fueron muchas. Y los momentos de estupor muy frecuentes. Durante la hegemonía conservadora hemos tenido golpes impactantes: la pérdida de Panamá; la entrega de un inmenso territorio de nuestra amazonia al Brasil, durante el mandato de Marco Fidel Suárez; la masacre de las bananeras en el gobierno de Miguel Abadía Méndez. Rescatada la dignidad de la república, se logró un momento estelar, con las grandes conquistas sociales y una gran transformación cultural con Alfonso López Pumarejo.
     Un hecho desafortunado fue la división liberal entre los seguidores de Gabriel Turbay y los de Jorge Eliécer Gaitán: ganadas las elecciones de 1946 por Mariano Ospina Pérez, se dio inicio a una etapa siniestra que costó la vida de más de trescientos mil colombianos. La situación con Laureano Gómez, no fue diferente y Roberto Urdaneta entregó a los venezolanos los cayos de Los Monjes que brotaban sobre un mar de petróleo. Regresó la paz y la prosperidad y el sentido de Justicia social con el General Gustavo Rojas Pinilla...
     Esta historia, estas crónicas apasionantes en la fortaleza pedagógica de este manzanareño y colombiano universal Fabio Ramírez Ramírez, es un objetivo documento sobre lo que hemos sido y lo que hemos dejado de ser en manos de unos hombres con aciertos y muchas equivocaciones, en el recorrido desde la emancipación hasta el actual gobierno.
     Pero, sobre todo, esta obra singular es un homenaje a nuestros libertadores, a nuestros Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander y a los colombianos que aún creemos que Colombia se puede salvar.

Jaime Ramírez Rojas

PREÁMBULO
      
     Con motivo del bicentenario de la batalla de Boyacá tuve la idea de escribir esta obra y presentarla como homenaje personal y de La Academia Caldense de Historia, de la cual hago parte, en que Colombia logró liberarse de las opresoras cadenas del yugo español.
    Haciendo un agradable paseo por las páginas sagradas de la Historia de Colombia, me encontré con que en ellas se ha prescindido de varios nombres de insignes colombianos, que ciñeron la Banda Presidencial y fueron juramentados para ejercer el cargo de Primer Magistrado de la Nación, pero por oscuras razones o tal vez porque no pertenecieron a la oligarquía de los blancos, fueron barridos por la escoba de la discriminación y arrojados al cesto de la basura; tomo como ejemplo el trato que se le dio al ilustre hombre negro Juan José Nieto Gil, que hasta le negaron el elemental derecho de que su retrato ocupara el lugar, que por ley, le pertenecía en la Galería de Gobernantes de Colombia en el Museo Nacional y en el palacio de los presidentes. Pero, pocos días antes de entregar su mandato, el Dr. Juan Manuel Santos Calderón, ciento cincuenta y siete años después, corrigió esta omisión y contrató la elaboración de su retrato en óleo y ordenó colocarlo en los lugares que justamente le correspondía.
    Cada uno de los nombres, que historiadores enceguecidos por el sectarismo político o religioso trataron de desconocer el puesto que la Historiografía les tiene reservado en importante sitial, aunque el cargo lo hubieran ocupado por corto tiempo, todos aparecen en las páginas de este modesto libro, llenando así este vacío histórico.
    En el Ministerio de Educación existen unos reformadores sin rostro que desde los escritorios capitalinos han hecho reformas al sistema educativo sin tener en cuenta que lo bueno no se reforma y que solo lo hacen para congeniarse con el ministro de turno para que este deje huella en su paso por esa dependencia del estado, aunque ingrata sea su recordación.
    En algún momento uno de esos seudo-reformistas, decidió que la Historia Patria o de Colombia, como también se le decía, no era importante que apareciera como Materia de estudio, en el currículo escolar y decidió integrarla al Área de Sociales y lo peor aún, fue dejar a juicio de los maestros la escogencia de los temas que a su limitada capacidad de análisis fueran importantes trasmitir a sus alumnos. Esta determinación trajo como consecuencia que los educadores enseñen lo que les enseñaron y no se esfuercen por investigar, con sentido crítico, los hechos históricos que han dado origen a nuestra nacionalidad.
    Con la Real Audiencia de Santa Fe, capital del Nuevo Reino de Granada, se inició la Época de La Colonia, considerada como la segunda de la Historia Colombiana. La Real Audiencia fue un tribunal de justicia conocido con ese flamante nombre; en 1550 se considera que allí se inició la Época Colonial y en esas condiciones permaneció nuestro territorio hasta 1810, en que se dio el Grito de Independencia. Ese glorioso día ejercía el cargo de alcalde de Santa Fe de Bogotá, el Señor José Miguel Pey García de Andrade, quien salvó de morir, a manos de los sublevados enfurecidos, a José González Llorente, el español dueño del florero.
    Durante esta época se fortaleció el dominio de España en América. Los indígenas fueron explotados inmisericordemente y el oro, en grandes cantidades, se lo llevaron para la llamada Madre Patria.
    Nuestra Nación, durante su historia, ha tenido cinco nombres, desde 1819, hasta nuestros días, ellos son:

LA GRAN COLOMBIA, duró con este nombre 12 años, de 1819 hasta 1831.

NUEVA GRANADA, con una duración de 29 años, de 1832 a 1861.

CONFEDERACIÓN GRANADINA, con una duración de 3 años, de 1858 a 1861. (El más corto).

ESTADOS UNIDOS DE COLOMBIA, este nombre tuvo una duración de 23 años, que empezó en 1861 y finalizó en 1886.

REPÚBLICA DE COLOMBIA, es el que actualmente conserva y viene desde La Constitución de 1886.
    En 1564, la Corona española resolvió crear el cargo de presidente. Este cargo, durante La Época de la Colonia, fue ejercido por los siguientes señores: Andrés Díaz Venero de Leiva, Francisco Briceño, Lope Díez Aux de Armendáriz, Antonio González, Francisco de Sande, Juan de Borja, Sancho Girón, Martín de Saavedra y Guzmán, Juan Fernández Córdoba y Coalla, Dionisio Pérez Manrique, Diego Egües Beaumont, Diego del Corral Carrascal, Diego de Villalba y Toledo, Melchor de Liñán y Cisneros, Francisco Castillo de la Concha, Sebastián de Velasco, Gil de Cabrera y Dávalos, Diego Córdoba Lasso de la Vega, Francisco Cosio y Otero, Francisco Meneses Bravo de Saravia y Francisco del Rincón.
    La Época de la República, la resumen los historiadores Jesús María Henao y Gerardo Arrubla, en su obra: “COMPENDIO DE LA HISTORIA DE COLOMBIA” , de la siguiente manera: “Cuando el Congreso de Angostura se encontraba reunido, hizo presencia El Libertador Simón Bolívar, en diciembre de 1819. Bolívar informó a los congresistas sobre los éxitos alcanzados en la campaña de Boyacá manifestando su interés de que Venezuela y la Nueva Granada formaran una sola nación, que contara con un solo gobierno y en las primeras horas del día 17 de diciembre de 1819, fue aprobada la creación de la República de Colombia. Puesto de pie Don Francisco Antonio Zea, presidente de la corporación anunció en voz alta: “La República de Colombia queda constituida, ¡Viva la República de Colombia!”.
      Zea nació en Medellín el 23 de noviembre de 1766; estudió en el Seminario de Popayán, fue profesor en el Colegio San Bartolomé, recibió gran influencia del Sabio José Celestino Mutis, quien lo vinculó a la Expedición Botánica.
      El Congreso de Angostura realizó varios nombramientos, mientras se reunía el congreso de Cúcuta, entre ellos eligió como presidente de Colombia al General Simón Bolívar y como Vice-presidente a Francisco Antonio Zea.

Fabio Ramírez Ramírez