miércoles, 18 de octubre de 2017



MARMATO. UN PUEBLO ANCLADO EN UNA MONTAÑA DE ORO

Por Albeiro Valencia Llano
Doctor en Historia

RESUMEN

Los antiguos pobladores de Marmato pertenecían a la gran nación de los indios ansermas, de la provincia de Umbra; eran buenos agricultores, pero también explotaban las minas de oro. Los españoles invadieron la región desde 1539 y se fueron apoderando del territorio, diezmaron la población aborigen y tuvieron que traer esclavos de África. Después de la independencia entraron los ingleses quienes compraron minas de oro y plata, trajeron maquinaria moderna y contribuyeron al crecimiento económico de la región, especialmente de los municipios de Supía, Riosucio y Marmato.

Pero el oro se fugaba para Inglaterra y a los pobladores de Marmato solo les quedaba la escoria. Esta misma historia se repitió durante todo el siglo XIX; salieron los ingleses, pero quedaron los empresarios colombianos que se apropiaban de las ganancias, y en Marmato dejaban la miseria. Hoy la situación es peor porque las multinacionales quieren destruir el pueblo para sacar el oro: Intentan cambiar el paisaje, borrar el patrimonio cultural y destruir el “Pesebre de Oro de Colombia”.

Palabras clave: Marmato, minas de oro, esclavos, Pueblo de Oro, empresas mineras.


MARMATO, A TOWN BUILT ON A GOLDEN MOUNTAIN

SUMMARY

Marmato’s ancient inhabitants belonged to the great Indian nation of the Ansermas, from the province of Umbra; they were good farmers, but they also took advantage of the gold mines. The Spanish started invading the region in 1539 and took over the territory, they diminished the indigenous population, and brought over slaves from Africa. After the independence, English businessmen bought gold and silver mines, they brought over modern machinery and contributed to the region’s economic growth, particularly the municipalities of Supía, Riosucio and Marmato.
But the gold was going away to England and Marmato’s population was left with the slag. History repeated itself all throughout the 19th century; the Englishmen left, but then Colombian businessmen took over the earnings leaving Marmato in misery. Today the situation is even worse, multinationals want to destroy the town to take the gold: they want to change the landscape, erase the cultural heritage, and destroy “Colombia’s golden nativity”.

Key words: Marmato, gold mines, slaves, golden town, mining companies.



MARMATO. UN PUEBLO ANCLADO EN UNA MONTAÑA DE ORO


Marmato, la población minera (Foto de María Cristina Arango Mejía).

Esta población y toda la zona minera pertenecía a la gran nación de los ansermas (provincia de Umbra), cacicazgos confederados que por el norte se extendían hasta las tribus de los caramantas y por el sur cobijaban el valle del río Risaralda. Los primeros invasores españoles que llegaron a la región fueron las tropas de Sebastián de Belalcázar y Jorge Robledo, en 1536, y posteriormente, el Oidor Juan Vadillo, quien pasó por aquí, con un gran ejército, en 1538.

Después de la fundación de Santa Ana o Anserma, el 15 de agosto de 1539, se inició el reconocimiento o exploración del territorio con el fin de someter las comunidades indígenas y arrebatarles los objetos de orfebrería. Se sabe que los soldados de Robledo, Ruy Vanegas, Melchor Suer de Nava y Martín de Amoroto, salieron de Santa Ana a explorar las tierras de los indios pirsas y sopías, y varios soldados se fueron asentando en el llano de La Vega y le dieron el nombre de Real de Minas de La Vega. Esta fue la base para fundar años después el pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria de la Vega de Sevilla, que no prosperó y se convirtió en un caserío (Gärtner, 2006, pág. 26).

Desde la invasión o conquista se fue reconociendo la zona entre Quiebralomo, Supía y Marmato, como un importante distrito minero, desde que el conquistador Gómez Hernández organizó una expedición hacia Caramanta, desde Anserma, y encontró numerosas minas. Este conquistador fue muy cercano a Jorge Robledo quien le confió una expedición al Chocó, pero le fue muy mal. El cronista Cieza de León lo caracterizó de especialmente cruel porque dio muerte a los caciques Ocuzca y Humbraza. Fue acusado de varias faltas y en las Instrucciones se lee que “El Capitán Gómez Hernández es tan carnicero que ha muerto en la provincia de Ancerma mucha cantidad de indios e indias y niños y ha hecho otros muchos malos tratamientos”; por estos hechos el licenciado Briceño lo condenó a la pérdida de todos los indios de su encomienda (Robledo, 1984, pág. 219).
El cerro de Marmato y toda la región van tomando reconocimiento en la medida en que avanza el control por parte de las autoridades españolas, lo que se deduce de la siguiente Memoria, de D. Francisco Guillén Chaparro, firmada en Santa Fe, el 17 de febrero de 1583.

A otro lado del cerro de Quiebra-Lomo hay otro río que llaman Zupiasí, que esabajo de las minas dichas; ansimesmo sacan oro. A dos leguas y media deste cerro hayotras minas que llaman del Río Grande [el Cauca], tierra muy poblada de muchos cañaverales e pásase un pedazo de montaña; es un cerro altísimo. El oro que aquí se saca es oro el marmato, que llaman; tiene de ley nueve, diez y once quilates, que sale destas leyes. E más abajo destas minas hay otras en que también se saca oro más bajode ley y a un tiro de arcabuz deste cerro del Marmato hay otro cerro, asimesmo muy alto, que se saca oro en él por socavones, que así los tenían hechos los naturales cuando los españoles entraron; tiene de ley catorce quilates y a diez y seis quilates.Asimesmo hay otro cerro a tres leguas de las minas de Quiebra-Lomo que llaman el cerro de Picara, sácase oro en él; tiene diez y siete e diez y ocho quilates. A dos leguas deste propio cerro hay otras minas que llaman de Mapura; sácase muy buen oro de diez y ocho quilates; hay en este cerro muy pocas aguas e como no llueva sácase pocooro. Una legua destas dichas minas hay otras que se ha sacado y saca muy buen oro, que se llaman las minas de Guacayca; tiene de ley veinte y dos quilates y medio y es oro granado. Hay también en el cerro de Quiebra-Lomo minas de azogue. Abajo destas minas hay algunas zabanas, donde se cría ganado vacuno e yeguas. En la dicha ciudad pasa por un lado del cerro donde está poblada, un río que llaman de Zupinga; es río muy pedregoso y va ahocinado; e por la otra banda va una quebrada. Bébese en el pueblo de fuentes que hay a los lados del pueblo; hay las mismas frutas que en el  propio Cartago; el cielo de aquel pueblo, es que hay muchos serenos y llueve mucho y caen muchos rayos y hay grandes truenos e relámpagos y han muerto gentes(Guillén, 1983, pág. 314).

LA MANO DE OBRA INDÍGENA

A la preocupación inicial por el saqueo sucede la necesidad de disponer de mano de obra nativa, lo que lleva a la institución de la encomienda, entendida como

Un favor real sobre una porción de los nativos concentrados en colonias cercanas a los españoles, con la obligación de instruirlos en la religión cristiana y en los rendimientos de la vida civilizada, defenderlos en sus personas y propiedades, junto con el derecho de solicitarles tributo o trabajo a cambio de estos privilegios(Charence H., 1966).

Algunos autores han definido dos períodos en la encomienda. El primero es el de los “servicios personales”, que establecía una relación español-indio, en la que el indígena laboraba directamente en las empresas de su encomendero; esta forma de encomienda se aplicó concretamente en la etapa de conquista. La segunda modalidad de la encomienda era de tributos, que se convirtió en impuesto a la Corona; de allí surgió la necesidad de reducir al indio en resguardos para intensificar la producción. De este modo el tributo real podía ser cedido a los encomenderos después de que las autoridades fijaran el monto del mismo, por lo tanto se convirtieron en rentistas.

En la rica región minera de Quiebralomo, Supía y Marmato, se establecieron las encomiendas, principalmente, con el objeto de adquirir mano de obra para las minas y para obtener tributos en oro; por ello las encomiendas eran más abundantes alrededor de los distritos mineros.

Pero también se institucionalizó la mita, otra forma de repartimiento o alquiler forzoso de indios por parte de las comunidades (González, 1977, págs. 19-21). Es de origen precolombino y significaba que un grupo de indios tenía el deber de trabajar por turnos para un señor o cacique, pero sin remuneración. Cuando los españoles institucionalizaron la mita le introdujeron el pago en dinero por el trabajo, para que los aborígenes pudieran pagar los impuestos a la Corona española y para el sustento diario. Hubo mita para el servicio doméstico, para el pastoreo, para las labores agrícolas (concierto agrario) y, la más difundida, que fue para el trabajo en la minería. 


                                                  (Foto de María Cristina Arango Mejía).

Hay que tener en cuenta que los españoles que llegaron desconocían las técnicas mineras e incluso los métodos más sencillos del lavado de oro y encontraron que la mayoría de los campos mineros eran explotados por los indígenas que habían desarrollado técnicas primitivas pero adecuadas; abrían socavones verticales o inclinados utilizando como herramientas, macanas endurecidas al fuego y el mineral era sacado en canastos y triturado en pilones de piedra, separando el oro por medio del lavado en una batea de arcilla o de madera (West, 1972, pág. 51).

LOS ESCLAVOS

Hacia el año 1600 había disminuido bastante la población aborigen debido a las enfermedades, a la encomienda, a la mita y a las migraciones hacia la región del Chocó, por lo tanto a los españoles que explotaban minas no les quedó otra opción que comprar esclavos traídos de África. En 1634 llegó el Capitán Jacinto de Arboleda, alcalde de Anserma, para explotar las minas de Marmato, con una cuadrilla de 40 esclavos. Al analizar el atraso con que explotaban estas minas, decía Vicente Restrepo(Restrepo, 1979, pág. 72):

La labor de dicho cerro ha sido siempre y es desmontar las vetas-ramas y criaderos y echar la tierra a la quebrada con pilas de agua, de cuyo beneficio y labor ha resultado perderse la mayor parte de aquel oro, por ser volador y llévanselo las pilas de agua: la causa principal porque se desampararon dichas minas y no se ha hallado modo de coger dicho oro.

Con el fin de evitar la pérdida de oro el Capitán hizo construir un ingenio, de lo cual resultó un aumento a los quintos reales de más de 400 pesos al año. Para demostrar el cuidado con que dirigió la explotación minera se anota que el fundidor y ensayador de la Real Caja de Anserma, certificaba (1644) que en tres años don Jacinto de Arboleda había llevado a fundir “más de doce milpesos de oro que saca de sus minas, y sin esta cantidades más de otra tanta laque diferentes personas han fundido del oro que saca dicho capitán”(Restrepo, 1979, pág. 72).

Ante estos éxitos se le concedieron otras minas en el cerro del Pantano a condición de hacer dos nuevos ingenios; para enfrentar la nueva explotación compró otros 25 esclavos por 11.000 patacones. En 1659 poseía 53 esclavos –la mayor cuadrilla de la provincia– y en 1671, según su testamento, tenía93. Como las explotaciones mineras necesitaban el empleo masivo de mano de obra esclava, los dueños de minas que se movían en diferentes sectores económicos tenían mejores posibilidades de sostenerse y afianzarse.

La llegada de nuevos mineros y el estímulo a los empresarios locales, produjo una expansión en los niveles de explotación del oro, lo que llevó a registrar durante el período 1629-35, en la Caja Real de Cartago, cerca de 190.000pesos de oro, la mayor parte del cual procedía de las minas de veta de Anserma(West, 1972, pág. 20).

La labor de los Arboledas continuó; aún en 1706 eran ellos los que más minas explotaban en Marmato, y en dicho año trasladaron algunas cuadrillas para explotar el mineral en el Chocó.
En el futuro el cerro de Marmato se fue convirtiendo en el punto de referencia de toda la región minera, lo que se deduce del siguiente informe (aunque se desconoce la fecha exacta de la relación de los hechos):

El cerro de Marmato es el más elevado, mirado desde aquel llano, como capitán de los otros cerros. Es todo de oro, desde el copete hasta su cimiento. Éste lo posee don Agustín de Castro, vecino y minero de aquel sitio; llámase dueño de él contra las reglas que prescriben las Ordenanzas Reales de Minas, en tomo de a folio dedicado a nuestro Católico Monarca, el Señor don Carlos III (que Dios guarde), donde se le dan a los mineros de vetas, un frente de 60 varas o sean 100. Tiene de ancho este cerro, por el lado del sitio, más de media legua; y por el lado de Cauca, más de legua, y otro tanto de altura, porque por dicho lado de Cauca se va extendiendo y haciendo sus ensilladas o placeres y se abre más de los costados. Tiene aguas superiores con las que se han hecho muchos desmontes que llaman allí pilas, recogiendo las aguas a manera de estanque y soltándolas de golpe, con lo cual aquel ímpetu y descenso roza los arbolillos y superficie de la tierra, dejando a manifiesto las vetas de oro para escoger la más hermosa, como lo han hecho los mulatos de Quiebralomo muchas veces; pero el Don Agustín de Castro, indigesto y avaro, luego que sabía que se había descubierto alguna veta rica, lanzaba y perseguía a la gente, hasta que ha conseguido desterrar a todos, cuando no se le perjudicaba en nada, por la dilatación del cerro y suma distancia de labores, y como aquellos pobres no tienen razones ni medios para quejarse de don Agustín de Castro, por verlo con 80 o más negros, alcalde ordinario los más años, elegido por los de la ciudad de Anserma, por compadre de unos y menesteroso de otros, se sale de allí con cuanto quiere, y siendo notoria la multitud de oro que este hombre ha sacado, no se ve jamás libre de crecidos empeños y pleitos que sostiene con vigor, para salirse con sus ideas (Archivo General de Indias, 1983, pág. 473).

Pero el cerro de Quiebralomo también era rico en oro a juzgar por la siguiente relación:

Quiebralomo está enfrente del cerro de Marmato: se ven sus caras desde el llano y pueblo de Supía, que está a la cabecera de dicho llano, como se ve con el mapa; llámase Real de Quiebralomo, y tomó este nombre de un buey que subía de aquellas honduras, cargado de oro (que para este ministerio lo tenían) y aconteció que a dicho buey se le quebró el espinazo con las cargas que le ponían y dijeron: al buey se quebró el lomo, y de aquí es que sea Quiebralomo; llámase real, por ser no solo real de minas, más también por ser realengo. Aquí hay igual riqueza que en el Marmato, tanto de oro de vetas como del corrido, y en las calles de esta parroquia (muy numerosa de mulatos y mestizos y otras gentes libres), hay oro en todo el pueblo. A un lado de esta parroquia están las minas del Morado, y se llama así porque aquel oro sale negro como astillas de las que caen en una fragua del hierro que trabajan los herreros. Al principio que se descubrieron estas minas hallaban entre la tierra unas como escorias de fraguas y las nombraban cabezas de negro, por ser a su similitud y encrespadas, y las arrojaban por ver aquellos terrones negros y no sabían lo que era, y eran terrones de oro a lo que llamaban cabeza de negro (Archivo General de Indias, 1983, págs. 474-475).

Esta riqueza, más la abundancia de minas en la Vega de Supía, estimularon la llegada de nuevos empresarios con sus cuadrillas que eran llamados “Señores de minas y de cuadrillas de esclavos”; pero en esta región por las facilidades para disponer mano de obra indígena llevaron a un retardo en el desarrollo de las cuadrillas de esclavos, sin embargo la diezma de la población aborigen y la riqueza minera produjeron, desde principios del siglo XVII, la penetración de mineros y sus cuadrillas, los cuales tenían una mentalidad más empresarial que los encomenderos de la región.



                                                  (Foto de María Cristina Arango Mejía).


Es propio de la zona que los indígenas se dediquen a pagar sus tributos en especie para alimentar las cuadrillas, fenómeno que se produce generalmente cuando el dueño de minas es encomendero; en caso contrario,el señor organiza su entable adquiriendo junto con las minas, tierras para hatos, caña dulce y trapiches, para las necesidades de sus esclavos.

La evolución de las cuadrillas es lenta; para1627 en la Vega de Supía, Marmato y Quiebralomo sólo existían 29 cuadrillas de las cuales dos estaban compuestas por 29 y 36 esclavos, mientras que el resto eran integradas por menos de 10 cada una; el total de esclavos era de 234, y aún trabajaban en las minas 100 indios(Colmenares, 1975, pág. 300). El número de mineros fue aumentando, desaparecieron los pequeños yse formaron grandes cuadrillas de más de 50 esclavos cada una, hasta terminar el siglo XVII.

El desarrollo de grandes cuadrillas se debió a la penetración de “señores de minas y cuadrillas”, de Popayán, quienes poseían al mismo tiempo explotaciones en Chocó, Anserma, Quiebralomo, La Vega y Marmato, lo que les permitía trasladar constantemente las cuadrillas dependiendo del clima, los abastecimientos o la productividad de las minas. Entre estos señores están el Capitán Agustín Valencia, don Sebastián Moreno de la Cruz, Juan de Borja y el Maestre de Campo Jacinto Palomino.

DUEÑOS DE MINAS Y HACENDADOS

Casi todos tenían minas en las regiones de Marmato, Vega de Supía y Quiebralomo; estos son los principales señores para el año 16821: 

       Licenciado Francisco Díaz, cura beneficiario del pueblo de La Montaña, dueño de minas y esclavos.
       El Capitán Agustín Jiménez Fernández, teniente de gobernador y justicia mayor, dueño de esclavos de minas.
       Juan de Borja, dueño de esclavos de minas.
       Maestre de Campo Diego Manzano, dueño de haciendas y de esclavos de minas.
       Lorenzo Benítez de la Serna, dueño de cuadrilla de esclavos.
       Capitán Nicolás de Guevara, dueño de minas y esclavos.
       Cuadrilla de Miguel Pérez de los Ríos (difunto).
       Francisco Martínez, dueño de esclavos de minas.
       Juan de Tamayo, dueño de cuadrilla de esclavos y minas.
       El Alférez Domingo de Beytia y Gamboa, dueño de esclavos.
       Francisco Jacinto Roque de Espinosa, dueño de esclavos.
       Cuadrilla del Capitán Simón Luis Moreno (difunto).
       Maestre de Campo Juan Jacinto Palomino, dueño de minas y esclavos.
       Maestre de Campo George López García, dueño de minas y esclavos.
       El Capitán Agustín Valencia Ramírez, dueño de minas y cuadrillas de esclavos.
       Inés Izquierdo, viuda de Alonso Pérez, dueña de esclavos y minas.

Es importante aclarar que casi todos estos señores de minas y cuadrillas son grandes poseedores de tierra por su condición de descendientes de encomenderos, y que con frecuencia no se menciona la tierra sino cuando es hacienda de cultivo o hato de ganado. Una excepción en este tipo de señores es don Marco Díaz de la Serna, rico hacendado y ganadero, vecino de la ciudad de Toro y natural de Anserma quien murió en 1666, no estaba vinculado a la explotación de oro, pero realizaba grandes operaciones de ganado, abasteciendo de carne a los dueños de cuadrillas de esclavos de los distritos mineros de la región. Por su testamento, su fortuna evolucionó del siguiente modo2:

Cuando se casó tenía de capital 200 reses,20 caballos, 15 yeguas y una yunta de bueyes y su esposa doña María de Alencastro, no tuvo dote alguna. Al casarse su hija le dio por dote 200 cabezas de ganado vacuno, un macho, cuatro caballos, cuatro yeguas y a su hijo Marco Díaz le asignó por herencia100 vacas, 14 yeguas y dos mulas, pero como lo demandó tuvo que darle otras14 yeguas de burro, dos mulas y unos títulos de “algunas tierras”.

Se casó de nuevo con doña Andrea Jaramillo, del sitio de Marmato, la cual aportó por dote 200 pesos de oro. Su fortuna ascendía para la fecha a 2.000 cabezas de ganado vacuno, 150 yeguas, dos burros hechores y 40 caballos de vaquería.

De este matrimonio tuvo tres hijas: María, Ana y Gregoria. Casó a su hija María con Pedro Martín y le dio en dote 100 cabezas de ganado vacuno, ocho bestias mulares, cuatro caballos, cuatro yeguas y un pedazo de tierra avaluado en 50 pesos de oro.

Su hija Ana casó con Damián Izquierdo y recibió en bienes de dote 80 vacas mansas, ocho bestias mulares, 10 caballos, un macho de silla y un pedazo de tierra.

A su hija Gregoria, que casó con Diego López, le dio 50 vacas de leche con sus crías, cuatro caballos y cuatro yeguas.

Casó por tercera vez con Juana de Alcalá, viuda del Capitán Francisco Redondo, la cual aportó al matrimonio 60 yeguas, “algún ganado vacuno y las tierras, más dos esclavos, cuatro o cinco yeguas, un caballo y 200 vacas de vientre”.

Al morir don Marco Díaz sus bienes fueron avaluados del siguiente modo:

       Las casas y el hato de estancia, "por ser de paja y cercado de cañas”, lo dejan sin avaluar para el servicio de dicha estancia.
       2 machetes y una lanza: 1 - ½pesos.
       1 tenaza y 1 martillo de herrar: 1 - ½pesos.
       5 hachas nuevas: 10 pesos.
       2 hachas pequeñas: 2 pesos.
       1 barretón: 1 peso.
       1 escopeta: 5 pesos.
       14 caballos mansos de vaquería, a 5 pesos cada uno.
       1 caballo: 5 pesos.
       59 yeguas de vientre: a 2 pesos cada una.
       6 mulas pequeñas: 5 pesos cada una.
       12 potros a 2 - 1 / 2 pesos cada uno.
       50 potricos y potrancas a 1 - 1 / 2 pesos cada uno.
       8 potros grandes a 2 pesos cada uno.
       1 burro viejo: 4 pesos.
       2 mulas mansas, a 12 pesos cada una.
       1.197 cabezas de ganado a 1 peso cada una.
       5 bueyes de tiro a 1 - ½ pesos cada uno.
       4 capados grandes, a 2 pesos cada uno.
       El ganado de cerca que apareciese en la dehesa, a½ peso cabeza.
       Fueron avaluadas las tierras y estancias que hay “desde la quebrada de Jiménez hasta la quebrada que llaman de Toto, en 600 pesos“.
       Avaluaron 3 esclavos en 700 pesos.

Todos los bienes sumaron 2.705 pesos.






                                               (Foto de María Cristina Arango Mejía).

Es interesante observar el bajo valor que tiene la tierra, pues lotes que se supone miden cientos de hectáreas se describen como “algunas tierras”, o un “pedazo de tierra”, y en cuanto a las casas "por ser de pajas cercadas de cañas” se dejan sin avaluar; se valoran bien las herramientas, como hachas, barretones y machetes, debido a la escasez de hierro y acero.

Además se resalta en el presente caso, que se trata de un empresario exclusivamente ganadero, lo que era raro en la región por las facilidades que existían para explotar minas de oro en los distritos de Marmato, La Vega y Quiebralomo.

Otro rico empresario fue don Sebastián Moreno de la Cruz quien llegó a principios del siglo XVIII (1717) atraído por el auge minero de la Vega de Supía. Don Sebastián trasladó su cuadrilla de esclavos del Chocó y denunció las minas de aluvión del llano de Supía. A mediados del siglo XVIII fueron descubiertas las minas de plata de Quiebralomo, en la Vega de Supía, la de Chachafruto o Sachafruto por D. Gregorio Moreno de la Cruz, la de Echandía por D. Domingo Echandía (Restrepo, 1979, pág. 73).

Por la misma época don Simón Pablo Moreno de la Cruz, Teniente General de Gobernador y Justicia Mayor, compró a doña Josefa de Borja y Franco, viuda del Maestre de Campo don Nicolás Becerra, un derecho de mina en la Vega de Supía, que comprende “desde el pueblo de Supía hasta el Salado que llaman, más 25 piezas de esclavos chicos y grandes, un platanar en Tierras propias, con su casa, herramientas y demás aperos de dicha mina, en la cantidad de 6.612 patacones de 8 reales”3.

Uno de los empresarios más ricos fue don Agustín de Castro (alcalde ordinario de Anserma) y doña Gertrudis de Castro, su esposa, cuyos bienes están inventariados así (junio de 1761)4:

A. Las minas de Marmato con todas sus aguas y vertientes al río de Cauca, avaluadas en 6.000 patacones.
       Un ingenio de agua, único para beneficiar los metales de dicha mina, en 4.000 patacones.
       La casa, con puertas, ventanas y cocina, en 300 patacones.
       18 casas que es la ranchería donde habitan los negros, con sus platanares, en 1.000 patacones.
       Una capilla en donde se celebra el Santo Oficio, con sus objetos sagrados, en 225 patacones.
       88 esclavos chicos y grandes, machos y hembras en 26.410patacones.
       10 barras en 150 patacones, 4 almocafres en 10 patacones, 20 bateasen 30 patacones, 3 barretones y 3 azadones en 15 patacones, 6 hachasen 18 patacones, 6 machetes en 18 patacones.
       40 marcos de plata labrada, en 360 patacones.
       Dos libras de oro labrado, en 450 patacones.
       Cinco pares de manillas de perlas, en 1.500 patacones.
       Vestidos de hombre y mujer en 1.500 patacones.
       Utensilios (sillas, cuadros, etc.) en 700 patacones.
       60 reses vacunas de cría, en 800 patacones.
       25 mulas aparejadas en 750 patacones.
       Ocho caballos en 160 patacones.
       Útiles de oficina (cofres, sillones, etc.), en 76 patacones.

B. La casa de la Vega con sus enseres en 1.200 patacones.
       Dos espadines y una espada con hebilla de oro, en 80 patacones.

C. Las tierras de las salinas de Pirsa, con su casa y ramada, en 1.000patacones
       Nueve fondos con peso de 100 libras, en 1.350 patacones.
       Ocho esclavos chicos y grandes, en 2.000 patacones.
       En dicho sitio, una casa de trapiche de bestia, para moler caña dulce, con seis almudes de sembradura, un fondo con peso de 100 libras, dos pailas de martillo con 60 libras, machetes, azadones y hachas, todo en 1.000 patacones.
       Un platanar, en 20 patacones.
       Seis esclavos, en 2.000 patacones.

Todo suma 54.265 patacones, los cuales están gravados en 25.000 patacones, de los cuales sólo deben 8.000 a favor de varios capellanes, pagando el 5% anual.

En este tipo de fortunas, hay que distinguir los bienes productivos de aquellos que sólo servían para reforzar el prestigio y la posición social, aunque en este caso y para los patrimonios de la zona, no se ve el despilfarro y los consumos suntuarios que se evidencian por ejemplo en Popayán y Cali, donde los bienes improductivos podían abarcar hasta un tercio de la fortuna.

Para el año 1769 la cuadrilla y real de minas de Marmato, así como todos los bienes pasan a ser administrados por su hijo, el doctor Manuel de Castro, y su hermano el presbítero don Francisco de Castro y Guevara y luego por doña Ana María, don Esteban y doña Josefa de Castro.

En 1798 se constituye en Popayán la “Real Compañía de Minas” la cual autoriza al Capitán Antonio García para que pase a los reales de minas del territorio de Quiebralomo, la Vega de Supía y demás, que comprenda la jurisdicción de la ciudad de Anserma y “registre, catee y compre minas de oro corrido y de veta y también de plata, sacando los títulos y amparos correspondientes”.

Siguiendo esta orientación, el apoderado de la compañía adquirió la mina de veta llamada Aguacatal, que don Esteban de Castro poseyó en vida y después su heredera, doña Josefa de Castro.

La compañía se obliga a dar a los herederos de doña Josefa de Castro, 300patacones cada año, por los tres primeros que han de correr desde el 26 de enero de 1805, y 500 patacones por cada uno de los siete restantes, ya que han pactado hacer el arrendamiento por 10 años5.

En cuanto a los bienes pertenecientes a doña Ana María de Castro consistentes en casas, esclavos, sementeras, herramientas y derechos de minas en Marmato, fueron expropiados por la república, conforme a las leyes contra los españoles o los enemigos de la independencia que después de vencidos emigraron del país.

Algunos años después, su nieto, José María Vélez demandó a la nación y obtuvo, en 1862, que el gobierno le reconociera “la suma de $ 22.476, 80 por valor de las dichas propiedades y además la suma de $ 56.416 en deuda flotante al 3 por 100, en pago de los productos de las dichas propiedades ya que las minas habían sido arrendadas por el Estado a la empresa Goldschmidt y Cía. de Londres”6.

La inmensa fortuna de don Simón Pablo Moreno de la Cruz, representada en minas y haciendas, así como negros en Guamal, pasa a sus hijos Ana Josefa, Joseph Sebastián y Gregorio, los cuales realizan el mayor número de transacciones de esclavos hacia1800 y poseen las mejores minas de la Vega de Supía.

La fortuna de doña Ana Josefa, que comprendía las minas más importantes del distrito, pasó a su sobrino don Francisco de Lemos, administrador del correo en Guamal. Don Francisco enviaba el oro a la Casa de Moneda de Popayán, pero sólo una parte de él, pues trataba de disimular su riqueza después de la independencia, cuando el gobierno republicano gravaba a los mineros con altos impuestos (Boussingault J., 1985, pág. 36).

La región en la República

Recordemos que la ayuda de Inglaterra a la independencia estaba orientada a establecer relaciones económicas y políticas con las antiguas provincias españolas; varias casas financieras adelantaron préstamos para comprar armas, provisiones y uniformes para nuestro ejército, pero cuando llegó la República pasaron la cuenta de cobro.

Con base en esta política de empréstitos la casa Goldschmidt tomó en arrendamiento (1825) minas de plata y oro en Marmato y Supía; la Western Andes Mining Company Ltd. adquirió las continuaciones de Echandía y Loaiza en Marmato; The Colombian Mining & Exploration Company Ltd., ejerció un cerrado monopolio de 20 años sobre las exploraciones nacionales de Marmato y sobre la antigua provincia de Riosucio (García, 1978, pág. 123). Otros banqueros, Powells Illing Worth y Co. enviaron al ingeniero Eduardo Walker a comprar minas en la región de Supía, y en efecto adquirió las mejores en Marmato, Supía y Quiebralomo.

Un hecho positivo de la penetración del capital inglés en las regiones mineras fue la llegada de numerosos ingenieros de minas, entre ellos: Dehenhardt, Boussingault, Walker, Nisser, Paschke, de Greiff y Johnson, quienes llegaron a Marmato y a las zonas vecinas y después se distribuyeron por diferentes regiones de Antioquia. Los aportes de estos ingenieros fueron en mineralogía, geología, hidráulica, mecánica, teoría del calor, química inorgánica y geofísica; trajeron el sismógrafo, desarrollaron la construcción de vías, utilizaron la pólvora, los reactivos químicos y la rueda hidráulica y, en general, dieron gran vigor a la minería. 


                                                      (Foto de María Cristina Arango Mejía).

El ingeniero que jugó más decisivo papel en el desarrollo de la minería en la región fue Juan Bautista Boussingault, francés, contactado por Zea en Europa, quien le ofreció una remuneración de 7.000 francos para que se dedicara a diferentes actividades científicas en Colombia. Boussingault aceptó el empleo y se embarcó para el país el 22 de septiembre de 1822; se dedicó a diferentes labores como el estudio de las minas de sal de Zipaquirá, Nemocón y Chita, los yacimientos esmeraldíferos de Muzo y el curso del río Meta; y llevó por primera vez a Marmato (1828) el uso de la amalgamación que mejoró la extracción del oro (Poveda, 1981, pág. 52). En 1825 fue nombrado mediador entre el gobierno y la compañía inglesa Colombian Mining Company para estudiar las minas de la Vega de Supía y visitó a Riosucio, Supía y Marmato, donde jugó importante papel en el desarrollo minero de la región.

Afirma Boussingault que el grupo de las minas de Marmato es tan importante por el número de yacimientos, como interesante bajo el aspecto geológico, pues allí la sienita porfídica es más metalífera; anota además, que los trabajos subterráneos de Marmato son los más extensos del distrito de la Vega de Supía, y describe la zona del siguiente modo.

El sitio de Marmato (pues ni siquiera podía llamarse aldea) consistía en una serie de tristes cabañas, clavadas a diversas alturas. Habría sido imposible hallar terreno plano para construir dos o tres habitaciones. Tan pendiente así es la falda de la montaña.
  Me alojé en la casa inhabitada del difunto marido de la señora Moreno, la que había sido seducida por el acróbata. No tenía más que una puerta; no tenía un solo mueble, nada, absolutamente nada... El piso era la roca porfídica. Espectáculo curioso es en verdad el del Cerro de Marmato, con su población negra como suspendida a la entrada de cada excavación y ocupada en la molienda y en el lavado de la pirita. El oro extraído es de un tinte pálido porque contiene una proporción notable de plata (Boussingault J. , 1985, pág. 46).

Con base en sus recomendaciones, se adquirieron minas por las cuales pagó la compañía inglesa las siguientes cantidades, en1825 (Boussingault J., 1985, págs. 49-50):

       A varios propietarios, por minas en Quiebralomo: $9.357.
       A los herederos de la señora Moreno: $51.352, por las minas de oro del Salto, Candado, el Llano, Muelas y las minas de plata.

La compañía inglesa no empleó dinero para la compra de esclavos, si no que se reservó el derecho de alquilarlos a sus amos, sin que esta cláusula fuese especificada en el contrato. Trajeron de Inglaterra 100 obreros para trabajar el aluvión aurífero del llano de Supía, pero no pudieron enfrentar semejante labor pues según Boussingault:

Cuando veía los negros que pasaban la mayor parte del día con las piernas hundidas en las aguas frías del Supía y con la cabeza expuesta a los rayos de un sol ardiente, conceptué que los europeos no soportarían jamás semejante régimen, y más tarde sucedió tal como yo lo había previsto. En pocos días los trabajadores de Cornualles atraparon las fiebres y muchos sucumbieron. Fue preciso recurrir a los negros.

Desde finales del período colonial, se formó en la zona una abundante población de negros libres que habían comprado su libertad. Por ejemplo, de un total de 19 transacciones de esclavos realizadas en la vega de Supía y San Sebastián de Quiebralomo (año 1810), 10 correspondieron a negros que se rescataron a precios de oferta y demanda7.

Refiriéndose a las manumisiones, Boussingault anotaba la enorme trascendencia que tenía el hecho de gozar el esclavo de dos días de libertad absoluta a la semana, que aprovechaba a su modo, lavando arenas auríferas; y agregaba que “en realidad, en Supía un negro o una negra al llegar a la edad de 25 ó 30 años poseía una suma suficiente, en oro, para rescatarse conforme se lo permitía la ley muy humanitaria sobre la manumisión”(Boussingault J. , 1985, pág. 36).

Este fenómeno hizo posible que los ingleses dispusieran de mano de obra calificada para el laboreo de las minas; sin embargo, fue necesario traer obreros de Antioquia, los cuales llegaban provistos de víveres para quince días y luego regresaban a sus casas para volver enseguida. Con el fin de retenerlos en la zona minera, se puso una gran plantación en la hacienda de Cucurusape en las orillas del Cauca, “se hicieron desmontes para sembrar maíz, yucas y leguminosas. El comercio de Antioquia introdujo pronto harina de trigo, cacao y café”. De este modo la garantía de los abastecimientos de artículos de subsistencia estabilizó la fuerza de trabajo.

A pesar de estos intentos para desarrollar la producción agrícola era necesario un mayor desarrollo de las fuerzas productivas en concordancia con el auge que estaba tomando la minería, por lo cual se pensó de nuevo en las tierras de los resguardos.

Sobre esta base se modernizó la producción de oro en la región; la compañía trajo de Europa la maquinaria y utensilios necesarios para la empresa, material despachado de Honda a Marmato por la montaña de Samaná. Fue difícil construir sobre la pendiente del cerro de Marmato barracas para alojarlos trabajadores, además debían hacerse terraplenes para colocar los molinos y talleres de construcción para fabricar las ruedas acanaladas de gran diámetro.

Dentro de esta organización se edificaron residencias y talleres en Riosucio(cerca de las minas de Quiebralomo), la Vega de Supía y Marmato; además se construyeron en la hacienda del Rodeo y en Marmato, laboratorios, para estudios sobre el oro y plata, así como una fundición (en Marmato) para convertir el oro en polvo a lingotes.

Los trabajos implicaban la tala de árboles y el establecimiento de aserraderos; sin embargo, a pesar de estar rodeados de monte, las maderas tenían un precio alto a causa de las dificultades para el transporte y el elevado costo de la mano de obra, debido a que la población prefería el mazamorreo del oro como actividad independiente.

Al quedar terminada la titánica obra de modernización, decía Boussingault que “en una abrupta pendiente en donde sólo se veían algunas chozas de esclavos, se vio surgir una fábrica que en 1832 producía mensualmente 32 libras de oro en lingotes" y sobre Quiebralomo anotaba que, “produjeron grandes cantidades de oro. La opinión que yo había emitido en mis informes sobre la importancia de estas minas fue completamente justificada” (Boussingault J., 1985, pág. 97).

En otro informe anotaba que,

Cuando por la primera vez visité estas minas, Marmato no era otra cosa que la reunión de unas cabañas miserables habitadas por negros esclavos. En 1830, época en que salí de aquellos lugares, Marmato presentaba el aspecto más animado, se veían grandes talleres, fundición de oro, máquinas para triturar y amalgamar el mineral. Más de tres mil habitantes, todos libres, vivían en el declive de la montaña.

Fueron muy importantes los trabajos emprendidos por Boussingault como superintendente de la Asociación Colombiana de Minas, en especial sus ensayos buscando el procedimiento más barato y productivo para beneficiar la pirita en Marmato. Había observado que al tratar los minerales en molinos de pisones, concentrando las arenas en albercas y lavando en la batea, se perdía el 80% del oro, por lo que mejoró el sistema empleando mesas de concentración y arrastre, para remoler las arenas y amalgamarlas, y logró así reducir la pérdida al 25%.

La invasión de los resguardos indígenas

Cuando empezaba la República y en el auge económico producto de la explotación minera en Marmato, Supía y Quiebralomo, llegó una nueva y masiva migración de colonos antioqueños, de campesinos pobres, de aventureros y de empresarios, atraídos por el deslumbre del oro; en esta época la tierra adquirió mayor valor y, por lo tanto, muchas familias campesinas se ubicaron en los resguardos indígenas donde, de acuerdo con el dicho popular, “había poco indios y mucha tierra”.

A partir de 1850 la presencia de inmigrantes en los resguardos indígenas se hace estruendosa.  En 1865 los colonos habían penetrado la selva occidental del resguardo indígena de La Montaña. “Por aquel año Gregorio Naranjo y Serapio Navarro, oriundos del Carmen de Viboral, fundaron la vereda de El Oro (perteneciente al municipio de Riosucio)”(Bueno, 1977, pág. 59). Además gran parte de la zona rural de El Jardín, municipio de Antioquia, colindante con Riosucio, tiene su origen en la penetración de colonos al resguardo de La Montaña(Patiño, 1979, pág. 115). La masiva penetración de antioqueños en este período, produce serios cambios demográficos en la región.  Según el censo de 1843 la población de los principales pueblos era la siguiente(Pérez, 1883, pág. 116):

Cantón de Cartago: Anserma Viejo            1.347 habitantes
Cantón de Supía:   Supía (cabecera)            2.200       "
                   La Montaña                            1.042       "
                   Quiebralomo                           2.183       "
                   San Juan de Marmato              1.057       "

Estas cifras serían multiplicadas por el fuerte empuje colonizador que se hace evidente a partir de la refundación, en 1872, de la antigua ciudad colonial de Anserma. Por la misma época colonos procedentes de Salamina, Sonsón y Manizales, empezaron a penetrar la población de Quiebralomo y se mezclaron con las comunidades indígenas, entre ellas la de Quinchía y la de Mocatán (Parsons, 1950, pág. 90).

A raíz de la Ley 44 del 17 de octubre de 1873 se procedió a dividir los terrenos de los resguardos con el fin de entregar a cada familia un lote y legalizar la propiedad de dichas tierras. De acuerdo con los legisladores la delimitación era obligatoria debido a que la invasión de los terrenos venía produciendo serios litigios entre indígenas y colonos. Así, el 8 de octubre de 1874 se produce la desintegración formal del resguardo de Cañamomo y Lomaprieta repartido entre los distritos de Supía, Marmato y las minas más importantes de la región.  Según escritura pública, los señores Juan Gregorio Trejos, administrador de la parcialidad de indígenas, Ricardo Sáenz, procurador del distrito de Supía y Fausto Zapata, procurador del distrito de San Juan de Marmato, convinieron en:

Del terreno que forma el resguardo de dicha comunidad se venderán por el administrador a los establecimientos de 'Taborda', 'Alarcón' y 'Viringo' (minas de oro A.V.) ciento cincuenta hectáreas... El terreno restante del resguardo se distribuirá en tres partes iguales en esta forma: una para la comunidad de indígenas, otra para el distrito de Supía, y la otra para el distrito de San Juan de Marmato. (Además se debe) respetar los arrendamientos de bosques celebrados por la corporación municipal de Supía con la compañía minera de Marmato [...]8.

En esta forma de transacción "legal" se observa cómo se utiliza el resguardo para favorecer la explotación minera, además los distritos de Supía y Marmato acaparan tierra que luego será vendida a los colonos, comerciantes y dueños de minas.  Este es el fenómeno que ya se venía presentando desde la segunda mitad del siglo XIX, pero a partir de 1874 se evidencia una brusca penetración de la colonización antioqueña, a los municipios de Riosucio, Supía, Quinchía y Marmato, constituyendo un modelo sui generis en lo que a descomposición de comunidades indígenas se refiere.

Las minas nacionales

La Nación tomó posesión de las minas de Supía y Marmato bajo la figura de minas abandonadas por personas particulares, que la poseían y trabajaban antes de 1825. En este ambiente la Ley IX de 1823 autoriza al Gobierno Nacional para arrendar las minas que le pertenecen; sobre esta base entró el capital inglés a la región. Pasaron los años y la Ley 38 de 1887 prohibió el denuncio total o parcial de las minas explotadas por cuenta de la Nación, en Marmato y Supía. Luego, en 1892, la Gobernación del Cauca expidió títulos de la mina “Cien Pesos” a G. Chaves y a Western Andes Mining Company Ltd., de las continuaciones de Echandía y Loaiza. Después, en 1905, se dictó el Decreto 48, ratificado por la Ley VI que facultó a la Junta Nacional de Amortización para arrendar las minas a su cargo, sin necesidad de licitación. Entonces el presidente Rafael Reyes arrendó las minas nacionales al General Alfredo Vásquez Cobo y éste hizo un espectacular negocio porque traspasó el contrato de arrendamiento a la sociedad inglesa Colombian Mining and Exploration Company Ltd., en 1907(García, 1978, págs. 138-139).

Pero durante todos estos años los marmateños seguían trabajando las minas como asalariados o en calidad de mazamorreros independientes, o en sus propios socavones, con la misma tecnología de la época colonial. Y el pueblo seguía allí, enclavado en la montaña de oro, mientras que en la antigua Provincia de Riosucio el crecimiento económico era evidente, en las poblaciones de Supía y Riosucio, por el desarrollo del mercado interno.

CONCLUSIONES

El departamento de Caldas evolucionó como región estimulado, en buena parte, por la cultura del café que creó mercado interno y lo relacionó con el país y con el mundo. Sin embargo Marmato permaneció suspendido en el tiempo. El pueblo se divide en dos: de la iglesia y la plaza hacia el copete del cerro de oro, o del Burro, es la Zona Alta y la otra es la Zona Baja. En el año 1946 el presidente Mariano Ospina Pérez firmó la Ley 66 que reservó la Zona Alta para la pequeña y mediana minería. En 1954, por Decreto legislativo 2223, se mantuvo la Zona Alta para los pequeños y medianos, pero la Zona Baja se reservó para la minería empresarial. Pero en 1970 la zona de arriba empezó a ser administrada por la Empresa Colombiana de Minas (Ecominas), que después se transformó en Minerales de Colombia S.A. (Mineralco), y luego fue reemplazada por la Empresa Nacional Minera Ltda. (Minercol).

En 1990, Mineralco abandonó las plantas y los molinos Cien Pesos, Santa Cruz y El Colombiano, ubicados en la Zona Alta y Mineros de Caldas S.A. adquirió 87 minas, que clausuró algún tiempo después y “dejó sin empleo a más de 800 obreros”. En esa parte del cerro había 150 “minas de subsistencia” explotadas por trabajadores conocidos como “Guacheros”. Mineros de Caldas vendió sus derechos a la Colombian Goldfields y ésta los negoció con la Medoro Resources, empresa canadiense, una de las más grandes compañías auríferas del mundo(Molano B., 2011).

Esta empresa estima extraer 7,49 millones de onzas de oro, en el cerro de Marmato. Al respecto afirmó el presidente de Medoro en Colombia que “Buscamos probar reservas para hacer explotación a gran escala, y para eso necesitamos el pueblo”. Como el oro es un magnífico negocio se fusionaron las empresas Gran Colombia Gold Corp. y Medoro Resources, bajo el nombre de Gran Colombia Gold para potenciar la producción y expansión de minas en Marmato y demás proyectos que impulsan en el territorio nacional. En el nuevo “espejismo del oro” llegó la compañía minera Anglo Gold Ashanti (la tercera empresa más grande del mundo), que se suma a la megaminería, para realizar la exploración y explotación minera en el “Cinturón de Oro de la Cordillera Central”, integrado por el suroeste antioqueño, el Antiguo Caldas y Tolima.

Esto significa explotación a cielo abierto y acabar con Marmato. Y los mineros independientes, los llamados “Guacheros”, ven con preocupación el traslado del pueblo a la parte de El Llano, porque así no hay futuro. La explotación a cielo abierto facilita la extracción del oro, pero destruirá las casitas, las construcciones coloniales y los caminos empedrados: cambiará el paisaje y se borrará la cultura ¡El oro huye y se queda la escoria!


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1Archivo Notarial de Toro (ANT). Libro de la Real Hacienda de Anserma, 1681-1789, f. 4.
2Protocolos de Anserma, tomo II, año 1666, f. 6, 8, 14, 16, 32.
3 ANT. Protocolos de Anserma. Libro de 1746-1751, f. 100.
4 ANT. Protocolos de 1760, Supía, tomo II, f. 32.
5 ANT. Protocolos de 1805: Anserma, folio 37,57
6 Diario Oficial No. 151, 22 de octubre de 1864, Bogotá.

7 ANT. Anserma f. 15, 23, 25, 27, 29, 30, 31, 36, 41, 44, 46, 49.

8 OFICINA DE REGISTRO DE INSTRUMENTOS PÚBLICOS. (1837-1888) Riosucio, libro 1 de Supía, f.29-31.