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PRESENTACIÓN DE DOS LIBROS

El 5 de mayo se llevó a cabo la presentación de los libros:

  • Exaltación de la palabra. En torno a Roberto Vélez, del Académico Fabio Vélez Correa
  • Testimonios frívolos e In-Trascendentes, libro póstumo del escritor Roberto Vélez Correa







Intervención del Presidente de la Academia Caldense de Historia, Dr. Jorge Eliécer Zapata Bonilla











EXALTACIÓN DE LA PALABRA. EN TORNO A ROBERTO VÉLEZ CORREA. Presentación a cargo del Académico Albeiro Valencia Llano


LA HUELLA DE ROBERTO VÉLEZ CORREA


Desde mi llegada a Manizales me sorprendió la formación intelectual de los hermanos Vélez Correa, Roberto, Fabio y Jorge, quienes estaban haciendo importantes aportes a la cultura; los dos primeros se destacaban en la literatura y el tercero en la pintura y la escultura.

La amistad con Roberto se inició gracias a su vinculación como profesor de la Universidad de Caldas, pero especialmente cuando me regaló la introducción de mi libro Colonización, Fundaciones y Conflictos Agrarios, publicado por la Biblioteca de Autores Caldenses, en 1994. A partir de esta obra tuvimos la oportunidad de dialogar sobre la cultura de la región, en sus diferentes períodos. Yo estaba interesado en estudiar lo que tiene que ver con las primeras generaciones de intelectuales caldenses y con el protagonismo de estos personajes en el ámbito nacional.

Pero, además, quería entender el fenómeno o impacto que se estaba presentando en la literatura caldense. Me llamaba la atención una obra como Suicidio por Reflexión, de Adalberto Agudelo Duque, pero también ambicionaba conocer lo que había sucedido en las décadas de los años setenta, ochenta y noventa, con la irrupción de escritores noveles que habían dejado su impronta.

Nuestra amistad se alimentó con un proyecto que iniciamos en 1995, cuando Roberto me invitó a escribir la biografía del olvidado y poco conocido Bernardo Arias Trujillo, condenado al silencio por amigos y enemigos; como resultado escribimos dos obras publicadas en cara y cruz, por el Centro Editorial de la Universidad de Caldas, en 1997: Bernardo Arias Trujillo. El Escritor y Bernardo Arias Trujillo. El Intelectual.

La actividad universitaria permitía disponer de tiempo suficiente para la investigación y de este modo podíamos compartir proyectos y experiencias. Así pude seguir de cerca algunos de sus libros y conocer la historia de obras como Los Suicidas de la Palabra y Literatura de Caldas 1967-1997. Historia Crítica. Pero a su vez recibí consejos y observaciones para mis futuras publicaciones.

Cuando Roberto nos abandonó en 2005, a la temprana edad de 53 años, intenté reconstruir el hilo histórico de su vida partiendo de la niñez y de la cotidianidad familiar. Encuentro importantes hechos esclarecedores: la calidad de vida que le pudo ofrecer la finca cafetera de Montenegro, en el Quindío, al lado del camino hacia Pueblo Tapao; la estadía en Calarcá; el impacto de la violencia política, con una tremenda carga de crueldad y el regreso a la población de Risaralda, donde Roberto inició la educación primaria. Siguió el peregrinar por otras poblaciones como Villamaría y Manizales y la educación secundaria en el Instituto Manizales. Aquí se desataron sus inquietudes literarias estimuladas por el profesor Filemón Valencia; compartió el gusto por los libros con su compañero Eduardo García Aguilar y conoció al poeta Pablo Neruda, en el teatro Los Fundadores, en 1968.

Culminada esta etapa de su formación Roberto empezó a trabajar como Síndico del Hospital, en el municipio de Risaralda; sin embargo abandonó esta actividad para iniciar sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas, mientras ejercía la docencia.

En Risaralda su hermano Fabio fundó el Círculo Cultural Bernardo Arias Trujillo, en 1970, y más tarde el periódico escolar Ideas y la revista Ecos; medios de expresión cultural que contaron con la colaboración permanente de Roberto. Después de estos ejercicios literarios nació su libro de cuentos Retoños de Piedra, en 1979.

Pero siguió avanzando en su formación académica. Un importante paso fue el ingreso a la maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Colorado. Su tesis de grado La Mujer en la Narrativa de Gustavo Álvarez Gardeazábal lo mostraba como un buen analista y crítico; como consecuencia publicó el libro Gardeazábal, en 1986. El buen momento intelectual le abrió las puertas de la Universidad de Caldas para realizar su proyecto de creación literaria. Después llegaron nuevas obras, premios y reconocimientos.

Irrumpió con fuerza como docente y académico; sobresalió como crítico y brilló en el ensayo. Nos legó su destacada obra Literatura de Caldas 1967-1997, de obligada consulta para entender los fenómenos literarios ocurridos durante estos treinta años.

Sus amigos lo recordamos, entre otras razones, porque hizo conocer los valores caldenses en el ámbito nacional. Sobre este aspecto anotó el escritor Juan Carlos Acevedo que

Roberto Vélez Correa, honesto hasta los huesos, decidió por cuenta y riesgo jugar a favor de nombres que no representaban nada en su momento para las letras nacionales, los mismos que hoy ostentan premios, publicaciones y continuidad en este medio. Como ningún otro puso su conocimiento al servicio de la literatura y produjo una obra periodística, narrativa y crítica que sirve de base para construir nuestra más reciente historia.

Mientras escribo estas notas pienso que no supe aprovechar, más y mejor, la deliciosa compañía y la inteligencia de Roberto. No pensé en la posibilidad de la temprana muerte. Añoro su columna en el diario La Patria y conversar alrededor de un tinto, en los espacios de la Universidad de Caldas. Deploro no poder disfrutar de su fácil conversación y de su humor ácido, así como hablar de los escritores de ayer y de hoy.

TESTIMONIOS FRÍVOLOS E IN-TRASCENDENTES. Presentación a cargo del escritor Juan Carlos Acevedo


Testimonios de un hombre que juega a la perpetuidad

En 1980 La Argentina se metía en una de las  guerras que recordamos en América: la de las Malvinas. Podrán imaginar el país que se tenía en ese entonces, bajo ese ambiente la escritora argentina Liliana Heker armó un libro de entrevistas sobre la vida y la muerte. El proyecto llegó a imprenta pero, por un desfalco del editor, nunca a las librerías.

Más de veinte años después, Heker amplió el original e incluyó una singular entrevista a Jorge Luis Borges, un escritor que le gustaba a Roberto Vélez Correa.

Para la fecha de la entrevista Borges andaba cerca de los ochenta años y en esta entrevista maravillosa habló acerca de los recuerdos y las muertes en su familia, la vejez, la esperanza que le despertaba morir y la frustración que preveía en su sueño de inmortalidad.
A sabiendas del gusto que tenía Roberto por Borges quiero recurrir a un aparte de este libro para hablar de nuestro amigo.

El poeta Rainer Maria Rilke escribo:

Señor, concede a cada cual su propia muerte”.

Borges que había leído todos los libros del mundo, antes de quedar ciego, aclara este verso de Rilke en la entrevista y nos dice

Creo que esa idea la tomó Rilke de Séneca. Séneca dice exactamente “morire sua morte”: morir su muerte. Eso significa que el estilo de la muerte es el estilo de la vida. Ahora, hay quien piensa que Rilke, al decir eso, pensaba en algo mucho menor. En alguna parte él dice que antes la gente nacía en su casa y moría en su casa, y que ahora la gente nace en un sanatorio y muere en un sanatorio. Pero es más linda la idea de Séneca de que la muerte debe corresponder a la vida.

Y a eso se dedicó el escritor Roberto Vélez Correa. A morir como había vivido, es decir escribiendo, haciendo libros.

Yo no sé exactamente cuántos libros dejó inéditos, tal vez dos o tres novelas, un libro de ensayos, uno de cuentos y el que nos reúne esta noche Testimonios frívolos e In-trascendentes. Pero si sé que en sus 53 años escribió 13 libros. Su disciplina es envidiable. Murió joven y dejo varios libros para su edición póstuma.

Y si uno muere como vive, a mí me gustaría tener cerca a Roberto para preguntarle, discutirle o aceptarle ideas, pensamientos, tesis de lo que pensaba de la literatura universal. Pero esta noche no le hablaría de libros, autores, movimientos literarios, géneros, intertextualidad, metatextos, tropos o metáforas. No. Esta noche me acercaría a él para hablar de la vida, de esa vida corta que vivió, de cómo le fue marcando, le fue volviendo un hombre luminoso.

Porque con la lectura de Testimonios frívolos e In-trascendentes descubrí otro Roberto, no el profesor de Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas que confrontaba a sus alumnos y les exigía el máximo de sus capacidades a la hora de enfrentar autores marginales como Arlt, Pizarnik o Puig, tampoco encontré el crítico severo que no le regaló una línea a un escritor que él no considerara serio y con un tono propio, ni mucho menos al novelista que nunca pudo cuajar en la narrativa colombiana porque una enfermedad se lo llevó en el momento de madurez de su oficio.

En este libro, que escribió en 1997, Roberto Vélez Correa se devela como hombre, como un simple individuo al que le pasan por la cabeza los mismos asuntos cotidianos que nos ocurren a todos.

Hay reflexiones sobre el tiempo, el amor, la muerte misma, los amigos, la traición y la vanidad. También especula acerca de asuntos tal vez superficiales como las pequeñas cosa que forman nuestra vida. Y ¿de qué estamos hechos sino es de esa materia de las pequeñas cosas?

Hoy quisiera tener de frente a Roberto y hablarle de asuntos tal vez tontos como la envidia, la cobarde envidia como la llamaba en tono juguetón. Yo le preguntaría por el miedo y la soledad, el valor y la solidaridad, del ego y el fracaso, las mujeres y el sexo, la iglesia y la política, el fútbol y la mafia, la comida y el alcohol, el cinismo y la ilusión, es decir, por esos temas de los que hablan los amigos.

Me gustaría volver a entrar a su oficina en Palogrande, verle preparar un café y ojear sus libros y sus revistas acumuladas en el escritorio, las estanterías o el piso, tomarme ese café y olvidar que estoy frente a un gran escritor, a un excelente profesor, olvidar los temas políticos o literarios y preguntarle cómo se le pregunta a cualquier amigo:

¿Roberto que piensas de la inmortalidad?

JUAN CARLOS ACEVEDO RAMOS
En el aniversario número 8 de Roberto Vélez Correa     


INTERVENCIÓN DEL ACADÉMICO FABIO VÉLEZ CORREA


 El día 8 de febrero del presente año (2013), se cumplieron ocho años del fallecimiento de Roberto Vélez Correa, profesor universitario, escritor y crítico literario, que dejó plasmadas en sus páginas publicadas, gran parte del acontecer literario de la región del Gran Caldas en las últimas décadas del siglo XX, dando a conocer a los nuevos escritores y las nuevas obras narrativas, líricas o ensayísticas de los autores que se abrían paso en la literatura, dejando de lado la influencia del grecolatinismo y el grupo Milenios, para mirar nuevas perspectivas estéticas del acaecer creativo.

Quiero hacerle un homenaje merecido a su memoria con el presente trabajo biográfico donde su voz, plasmada en textos suyos, va a ser la constante para pintar y reflejar su espíritu, su imaginación y los fantasmas que rodeaban su afán creativo. Será un escrito con los datos necesarios y puntuales, pero inmersos en la magia de las palabras de Roberto, en veces profundas, filosóficas y sentimentales, y en otras, sencillas, alegres, “mamagallistas” y vitales.

Durante los años adultos en que pude compartir con Roberto los afanes de la literatura y la creatividad escrita, me encontré más que con un hermano con el amigo del alma, con el asesor literario, con el cómplice de sus escritos y con el confidente de más de un momento difícil. De él aprendí mucho y entendí que en la vida, los grandes retos están por resolver y que no hay que dar tiempo a la realización de las ideas creativas, sino emprenderlas de una, sin esperar a que el fantasma del tiempo de pronto las frustre.

Por ello se entiende cómo con tan solo 53 años que vivió dejó tan amplio legado para las letras caldenses: cuatro novelas, dos libros de cuentos, diez libros de ensayos, numerosos estudios críticos dispersos en las páginas de varias revistas de literatura, e innumerables textos periodísticos de opinión en las páginas de La Patria.

Roberto fue incansable, un lector consumado y un crítico acertado y ello es lo que quiero reflejar en estas páginas, para que su memoria no se esfume en el olvido y quede vigente para las nuevas generaciones.

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