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MISTERIO Y DELIRO. VIDA Y OBRA DE BERNARDO ARIAS TRUJILLO


INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DE LA ACADEMIA, DR. JORGE ELIÉCER ZAPATA BONILLA

PALABRAS DEL ACADÉMICO FABIO VÉLEZ CORREA



MISTERIO Y DELIRIO. VIDA Y OBRA DE BERNARDO ARIAS TRUJILLO

Albeiro Valencia, al rescate y difusión de Arias Trujillo

El 19 de noviembre de 1903, nació Bernardo Arias Trujillo en la población de Manzanares, en el oriente caldense. Octavo hijo de los 17 que nacieron en el matrimonio conformado por don José María Arias Jiménez y doña Emilia Trujillo Vélez, quien iría a convertirse en uno de los intelectuales más grandes de Caldas, cuando aún la fiebre separatista no había dividido el departamento que naciera de la colonización antioqueña.

Y hoy, 110 años después, Albeiro Valencia Llano, el historiador por antonomasia de Manizales y del proceso colonizador de la región del Gran Caldas, nos presenta su libro Misterio y Delirio. Vida y obra de Bernardo Arias Trujillo, un texto que sin ser terminal, fija nuevos conocimientos sobre la vida atormentada, plena de inquietudes y afanes políticos, inserta en la polémica agria con los poderes centralistas y religiosos de la época (años 30), de Arias Trujillo. Un hombre que para su tiempo fue incomprendido, no sólo por sus actitudes vivenciales sino también por la fuerza de su pensamiento que chocaba con la mentalidad pacata, tradicionalista, fanática y politiquera de entonces.

Albeiro, con un estilo que refleja su vida transcurrida en las aulas universitarias, en la agradable vivencia de las polémicas y enriquecedoras conversaciones académicas, y en su interés de profundizar en todo aquello que atañe con sus investigaciones, inicia su libro con una valiosa síntesis de la formación de Colombia, el mismo que fue un “país convulsionado” entre los años 1863 y 1930, síntesis que nos ubica en la época en que transcurrió la vida del novelista, periodista, polemista y político que fuera Arias Trujillo.

Y lo continúa con un análisis sobre el surgimiento y evolución de los intelectuales caldenses, haciendo énfasis en los que constituyeron el grupo de escritores contemporáneos de Arias Trujillo: Luis Enrique Osorio, Silvio Villegas, Arturo Zapata, Fernando Londoño, Arturo Arango Uribe, Jaime Robledo Uribe, Antonio Álvarez Restrepo y Arturo Gómez Jaramillo, entre otros.

Y lo anterior es clave, porque nos permite entender el por qué de la vida agitada del escritor, de sus pequeñas y grandes confrontaciones con el poder secular y religioso, de sus amistades intelectuales, de su visión de la vida y la política y de lo que representó su obra en los momentos de su aparición en la Manizales patriarcal y en la Colombia que apenas salía de su etapa feudal y rural.

Valencia Llano nos lleva con su estilo fresco, agradable y puntual, apoyado en documentos escritos (cartas, textos de libros, páginas periodísticas y comentarios del autor), y en testimonios orales de entrevistas realizadas con personas que fueron cercanas al escritor, por lo que fue su existencia, el por qué y el cómo de la creación literaria de sus libros y de su influencia en la futura vida académica, intelectual y literaria de Caldas.

Un ejemplo de lo anterior y que me llamó poderosamente la atención, es la forma como Albeiro reconstruye la polémica que se presentó en 1921, entre Monseñor Darío Márquez, rector del Seminario Conciliar, contra un grupo de jóvenes liberales que integraron la logia masónica Nieves del Ruiz, apoyado en su fanatismo religioso por la prensa conservadora. Una polémica que demostró el poder de la iglesia en ese entonces y lo que este representó para quienes pensaban diferente, como Arias Trujillo.

Misterio y Delirio. Vida y obra de Bernardo Arias Trujillo, es un libro que viene a presentar una nueva imagen del escritor manzanareño, más completa y con nuevos apuntes sobre su vida, acciones y obras, que ya habían sido expuestas en: El drama del talento cautivo, de Jaime Mejía Duque; Bernardo Arias Trujillo: el intelectual, de Albeiro Valencia Llano; Bernardo Arias Trujillo: el escritor, de Roberto Vélez Correa; Bernardo Arias Trujillo. Claves de su vida y de su obra, de Hernando Salazar Patiño y Pasión & Patria. En torno a Bernardo Arias Trujillo, de Ángel María Ocampo Cardona.


Con este libro, Albeiro Valencia Llano, Premio Nacional de periodismo Simón Bolívar en 1988, confirma por qué es el historiador más fecundo de Caldas. Recordemos otras de sus obras: Manizales en la dinámica colonizadora, 1846-1930; Colonización, fundaciones y conflictos agrarios (Gran Caldas y Norte del Valle); La colonización y el desarrollo económico-social del Gran Caldas; Vida cotidiana y desarrollo regional en la colonización antioqueña; La Aldea Encaramada (Historias de Manizales en el Siglo XIX); Otto Morales Benítez. De la región a la nación y al continente; Raíces del Tiempo. La región caldense; y Mario Calderón Rivera. Humanista y Pensador, edición de la Universidad Autónoma y La Patria, en proceso de publicación, obras que han dado nuevas orientaciones para los estudios sobre la Historia de Manizales y de la región.

Por todo lo anterior, podemos concluir que Albeiro Valencia sigue siendo fiel a su ruta de vida y afán intelectual, que lo han llevado a ser el amigo verdadero, el enamorado del conocimiento histórico, el trabajador insistente, pulcro y decidido, que no se arredra ante el obstáculo y que siempre tiene el documento a mano para dar seriedad y valor a su trabajo escrito.

Bienvenido sea Misterio y Delirio. Vida y obra de Bernardo Arias Trujillo, el libro que va a revivir la imagen, la obra y el pensamiento de Bernardo Arias Trujillo, para bien del mundo intelectual y de la cultura caldense.


PRESENTACIÓN DEL LIBRO A CARGO  DEL ACADÉMICO ALBEIRO VALENCIA LLANO

              

   En el año 1995 el escritor Roberto Vélez Correa me invitó a publicar una biografía del olvidado y poco conocido Bernardo Arias Trujillo; como resultado preparé un ensayo que editó el Centro Editorial de la Universidad de Caldas, con el nombre de Bernardo Arias Trujillo. El intelectual.
         A raíz de esta publicación tuve acceso a nuevas fuentes primarias, escritas y orales, sobre la vida del escritor, lo que me permitió acercarme más al hombre, al intelectual, al panfletario, al contestatario y al ambiente intelectual de su época.

   Entre las nuevas fuentes que me llegaron destaco una pequeña colección rotulada como Logia Masónica Nieves del Ruiz No. 2 y Logia Luz de Olivares No. 17 de Manizales, y algunos periódicos y revistas que recogieron pedazos de la vida cotidiana e intelectual del escritor. Bernardo no era masón, pero tenía excelentes amigos en esta organización secreta.

           En esta nueva versión señalo un puñado de intelectuales que tuvieron que ver con la formación de Bernardo, desde la época de estudiante en el Instituto Universitario de Manizales; entre ellos figuran el inquieto, exquisito y refinado Aquilino Villegas, conservador, republicano y amigo del caudillo liberal Rafael Uribe. Bernardo disfrutaba la lectura de la contundente página “Balada de la Mala Reputación”, escrita por Aquilino Villegas para zaherir y mortificar a sus enemigos. Otro intelectual  cercano a Bernardo fue el salamineño Juan Bautista López, conocido como orientador de las jóvenes promesas; su Librería Moderna se convirtió en la mejor tertulia de la ciudad, donde se reunían  liberales, conservadores, masones y aprendices de intelectuales para leer obras en inglés, francés y alemán. La otra tertulia giraba alrededor de la Revista Atalaya, de Gilberto Agudelo, era más popular, reunía a los escritores de las capas medias y de los sectores obreros, como Iván Cocherín, Francisco Osorio, Pacho Garetas, y Leonardo Quijano. Otro centro de estudios  y de  bohemia era la editorial de Arturo Zapata, que tenía la capacidad de reunir a los escritores de los diferentes estamentos de la sociedad. Bernardo participaba en todas las tertulias y era querido y apreciado por los contertulios.

     Bernardo no tuvo problemas para estudiar en Manizales, pues contó con el apoyo del tío, el General Jesús María Arias, quien lo hospedó en su casa, le costeó todos los gastos e inclusive le dio carta blanca para que comprara los libros y útiles escolares en la Librería Moderna. Fue diferente la situación en Bogotá, sobre todo los primeros meses, cuando estudiaba Derecho en la Universidad Libre; luego mejoraron los ingresos económicos, debido al apoyo del General Arias y por los honorarios colaborando en la oficia del doctor Carlos Adolfo Urueta. Además recibía algunos dineros por su vinculación a la revista La Novela Semanal, de Luis Enrique Osorio.

     Se graduó de abogado en junio de 1927 pero no pudo conseguir ni en Manizales ni en Bogotá un puesto que valiera la pena. Con el triunfo del Partido Liberal, en 1930, decidió regresar a Manizales para fundar el diario Universal. Se reunió con su hermana Lucía y con su esposo, el alemán Federico Michaelis, quien le consiguió abundante pauta publicitaria para garantizar el sostenimiento del periódico. Los tres mil ejemplares que salían cada día se vendían como pan caliente.

    Como tenía una pelea casada contra los sacerdotes que utilizaron el púlpito y el confesionario para hacer proselitismo político escribió, en estilo de panfleto, su célebre oración Aclamación a Cristo; no tenía firma y se repartió en pleno Domingo de Ramos de la Semana Santa de 1931, en el atrio de la iglesia La Inmaculada Concepción. Monseñor Darío Márquez lo tomó como un ataque personal por su persecución a la Logia Nieves del Ruiz y a las familias liberales, en los años veinte.

Después de este escándalo Bernardo aceptó el nombramiento de Jefe Departamental de Policía, en junio de 1931, pero el aburrimiento ahogaba al escritor; de esta situación lo recató el antiguo Leopardo y amigo, José Camacho Carreño, quien estaba de Embajador en Buenos Aires y se lo llevó como Secretario Ad-hoc, con nombramiento del Ministerio de Relaciones Exteriores. Pero antes de viajar organizó una lista, para el concejo de Manizales, con sus amigos del Liberalismo Democrático y en una astuta jugada le ganaron la partida a la dirección liberal, para el período 1933-1935; estamos hablando del famosísimo Concejo de los Negros, donde se destacaron Gilberto Agudelo, J.M. Bermúdez y Francisco Botero.

La estadía en Buenos Aires cambió su vida; como no recibía dinero por su trabajo como Secretario, colaboró con varios periódicos y de  este modo pudo sobrevivir. Vivió la ciudad cosmopolita; se relacionó con escritores, artistas y políticos, paseó por salones elegantes de la élite, pero también conoció los arrabales. Vivió este mundo rodeado de muchachas milongueras, de pederastas, de morfinómanos, de poetas y de pintores.

Como necesitaba dinero escribió, de modo intenso y apresurado, la novela Por los caminos de Sodoma o Confesiones Íntimas de un Homosexual (noviembre de 1932). La obra la firmó como Sir Edgar Dixon, pues conocía la mojigatería de sus paisanos.

Mientras saboreaba la riqueza cultural de la ciudad, la vida le regaló una inmensa alegría: Camacho Carreño le presentó a Federico García Lorca; de aquí salió una hermosa amistad. Los unía la sensibilidad, la posición ante la vida, los conflictos internos, la lucha contra las tiranías, la efervescencia intelectual y la tristeza sexual.
Bernardo regresó a Manizales a finales de 1933 pero estaba muy cambiado: era más culto, más intelectual, más refinado y exquisito; sabía de vinos y de licores en general, pero era más retraído, huraño, solitario y descuidado en el vestir, aunque su ropa era cara.

En este punto surge el ensayista, con una obra tan demoledora como En Carne Viva; el novelista con Risaralda, que lo cubrió de gloria y el verdadero periodista por su permanente columna en el diario La Patria.

En enero de 1938 publicó Diccionario de Emociones, obra que le produjo enormes satisfacciones; se sentía optimista. Su amigo, el concejal Antonio Álvarez Restrepo, propuso su nombre para Personero Municipal, durante la administración del escritor Victoriano Vélez y el Concejo lo eligió por unanimidad. Aceptó el cargo pero advirtió que sería por unos pocos meses, pues había tomado la decisión de radicarse definitivamente en Buenos Aires, donde tenía excelentes amistades y relaciones con periódicos y editoriales.
Sin embargo enfermó intempestivamente y falleció el 3 de marzo de 1938, a la edad de 35 años. Murió muy joven y feliz, gracias a una sobredosis de morfina, cuando estaba en el mejor momento de su vida intelectual. A los pocos meses se fue silenciando y deformando su vida y obra; los amigos y enemigos lo olvidaron, creció la leyenda y fue apareciendo el poeta maldito.

Bernardo nació el 19 de noviembre de 1903, hace exactamente 110 años; con esta obra espero hacerle un homenaje, procurando rescatar pedazos de su misteriosa vida.

El libro fue diseñado por Jorge Hernán Arango Vélez, quien también hizo el retoque fotográfico de las colecciones de la señora Ruth Peñalosa de Ceballos y de Lucio Michaelis.

Muchas gracias



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