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·         SANTIAGO DE ARMA
·         475 AÑOS DE TRIBULACIONES

Por: Javier Sánchez Carmona 
Lic. en Educación




·         Cerca del Apocalipsis
·         “. . . Yo conozco tus sufrimientos y tu
·         pobreza, aunque en realidad eres rico. . .”
·         (Apocalipsis : II-9)

·         El retroceso de «La Muy Noble y Muy Leal Villa Serrana de Santiago de Arma» ha obedecido a factores sociológicos, y telúricos.

·         En cuanto a los primeros, es necesario considerar la debilidad de las instituciones, indudable origen de los casos de desviación social; a guisa de ejemplo, las instituciones políticas corrompidas pues, en su esencia, ya no puede faltarles el engaño, la falacia, el soborno y el robo.

·         En cuanto a los segundos, pueden considerarse los fenómenos naturales como los sismos violentos y las inundaciones.

·         En este cuadro, está enmarcada la llegada de la villa de Arma a un estado de necesidades en relación con las instituciones básicas y un pueblo sacrificado para el progreso de otros.

·         Este artículo aclara el mito de la gran urbe, los traslados a Rionegro y a Pácora, la persistencia de los armeños por permanecer en un sitio amenazado por los movimientos telúricos, y la búsqueda del título de municipio.


·         ANTEPRETÉRITO

·         Cieza de León escribió:

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·         Mariscal Jorge Robledo

·         «Pasado habían mil y cuatrocientos y noventa y dos años que la princesa de la vida, gloriosa virgen María, Señora nuestra, parió al unigénito Hijo de Dios, cuando, reinando en España los católicos reyes don Fernando y doña Isabel, de gloriosa memoria, el memorable Cristóbal Colón salió de España con tres carabelas y noventa españoles, que los dichos reyes le mandaron dar. Y navegando mil y doscientas leguas... En cuya navegación y descubrimiento de tantas tierras, el prudente lector podrá considerar cuántos trabajos, hambre y sed, temores, peligros y muertes los españoles pasaron; cuánto derramamiento de sangre y vidas suyas costó. Lo cual todo, así los Reyes Católicos, como la real majestad del invictísimo César don Carlos, quinto emperador deste nombre, rey y señor nuestro, han permitido y tenido por bien porque la doctrina de Jesucristo y la predicación de su santo Evangelio por todas partes del mundo se extienda y la santa fe nuestra sea ensalzada. Cuya voluntad, así a los ya dichos Reyes Católicos como de su majestad, ha sido y es que gran cuidado se tuviese de la conversión de las gentes de todas aquellas provincias y reinos, porque este era su principal intento; y que los gobernadores, capitanes y descubridores, con celo de cristiandad, les hiciesen el tratamiento que como a prójimos se debía; y puesto que la voluntad de su majestad ésta es y fue, algunos de los gobernadores y capitanes lo miraron siniestramente, haciendo a los indios muchas vejaciones y males, y los indios, por defenderse, se ponían en armas y mataron a muchos cristianos y algunos capitanes. Lo cual fue causa que estos indios padecieron crueles tormentos, quemándolos y dándoles otras recias muertes. No dejo yo de tener que, como los juicios de Dios sean muy justos, permitió que estas gentes, estando tan apartadas de España, padeciesen de los españoles tantos males; pudo ser que su dicha justicia lo permitiese por sus pecados, y de sus pasados, que debían ser muchos, como aquellos que carecían de fe. Ni tampoco afirmo que estos males que en los indios se hacían eran por todos los cristianos; porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios; porque si algunos enfermaban, los curaban y sangraban ellos mismos, y les hacían otras obras de caridad; y la bondad y misericordia de Dios, que no permite mal alguno de que no saque los bienes que tiene determinado, ha sacado destos males muchos y señalados bienes, por haber venido tanto número de gentes al conoscimiento de nuestra santa fe católica y estar en camino para poderse salvar. Pues sabiendo su majestad de los daños que los indios recebían, siendo informado dello y de lo que convenía al servicio de Dios y suyo y a la buena gobernación de aquestas partes, ha tenido por bien poner visorreyes y audiencias, con presidentes y oidores; con lo cual los indios parece han resucitado y cesado sus males. De manera que ningún español, por muy alto que sea, les osa hacer agravio. Porque, además de los obispos, religiosos, clérigos y frailes que con tino su majestad provee, muy suficientes para enseñar a los indios la doctrina de la santa fe y administración de los santos sacramentos, en estas audiencias hay varones doctos y de gran cristiandad que castigana aquellos que a los indios hacen fuerza y maltratamiento y demasía alguna... Y que el sacro Evangelio es predicado y poderosamente va volando de levante en poniente y de septentrión al mediodía, para que todas naciones y gentes reconozcan y alaben un solo Dios y Señor.» (Cieza de León, La crónica del Perú,  pág. 68).

·         Jorge Robledo, en las huestes de Belalcázar, llegó a tierras de los Cocuyes. Así escribió el cronista: Cuando los descubrimos la primera vez que entramos en esta provincia con el capitán Jorge Robledo, me acuerdo yo se vieron indios armados de oro de los pies a la cabeza, y se quedó hasta hoy la parte donde los vimos por nombre La Loma de Los Armados... (Op. Cit. pág. 60).


·         ·         Miguel Muñoz López

·         Y Robledo se alojó con su gente en espaciosos bohíos.

·         Tiempo después, Sebastián de Belalcázar, buscando la recuperación de las tierras de su dominio envió a su pariente Miguel Muñoz López con la orden de fundar a Arma en el sitio en que el río del mismo nombre entrega sus aguas al río Grande (Río Cauca).

·         Ante los ojos puestos sobre las páginas de la historia se ha presentado la bella intención de la corona del imperio, de trabajar por la evangelización. Sin embargo, otra vertiente presenta hechos antitéticos, sombra de tan nobles propósitos, pues, el voraz interés por la posesión del oro u otras utilidades arrastró a los europeos a cometer tantos abusos, como para afirmar que el inicio del proceso de cristianización se tiñó de sangre; conquista y exterminio son vocablos inherentes para ese pretérito de insensibilidad y que no los desenganchará jamás ningún lector de la posteridad.

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·         El río Arma entrega sus aguas al Cauca. Seguramente fue aquí la
·         Primera fundación de Santiago de Arma.

·         Seguramente muchos de los sobrevivientes naturales de la villa de Santiago de Arma empezaron a recibir la catequización, no movidos por necesidades espirituales, sino arrastrados por el espanto del arrojo y armamento de los blancos españoles, y las dentelladas de los perros acompañantes.

·         Fue este el periodo de llegada de Jorge Robledo, descubridor de la población, objeto de nuestro estudio; y fue este el tiempo de llegada del sanguinario Miguel Muñoz (1542) quien, en obediencia al gobernador Sebastián de Belalcázar, trajo el encargo de fundar la villa en terrenos descubiertos por don Jorge.

·         Si Robledo tendía mano suave [¡...!] ofreciendo paz a los nativos, a Muñoz no le temblaba el brazo para actuar con severidad, como lo hicieron tantos despiadados españoles identificados con el atropello, el robo y el crimen, y la causa del exterminio de millones de nativos, asunto en la Leyenda Negra contra España. Así, quienes vinieron a predicar, debieron ejercer ante los mismos españoles y ante los pocos supérstites nativos.

·         Algunos han afirmado que al descubridor de estas tierras, Jorge Robledo, no lo caracterizaba un espíritu sanguinario; por el contrario, como lo afirma uno de sus biógrafos(Emilio Robledo, Vida del Mariscal Jorge Robledo, pág. 62),fue magnánimo y se preocupó demasiado por brindar la paz a los naturales, aunque, a veces, variaba su conducta, como cuando, engañado por un astuto indio, lo condenó a la hoguera.

·         Otra mancha para su buen nombre, no considerado en su época acto de crueldad, pues ni de parte de los cristianos había reparos para condenar a la hoguera, nos causa verdadero estupor en el tiempo actual: Robledo excitaba a los naturaleza la obediencia y al conocimiento de Dios, pero si no lograba resultados, con artimañas buscaba acercar a algunos al campamento; los mandaba encerrar y ordenaba que los mutilaran, para así demostrar por toda la comarca, la venganza que cobrarían a quienes negaran la amistad a los hombres nuevos.

·         Y aseguran los amigos de la barbarie española que el camino para ganar prosélitos estaba lleno de escollos, y así lo narra para el futuro el gran amigo y servidor de Robledo:

·         «Hasta agora en ninguna destas provincias están clérigos ni frailes, ni osan estar, porque los indios son tan malos y carniceros que muchos han comido a los señores que sobre ellos tenían encomienda; aunque cuando van a los pueblos de los españoles los amonestan que dejen sus vanidades y costumbres gentílicas y se alleguen a nuestra religión, recibiendo agua de baptismo; y permitiéndolo Dios, algunos señores de las provincias desta gobernación se han tornado cristianos, y aborrecen al diablo...” (Cieza de León, Op. cit. pág. 62).

·         UNA CIUDAD MUY GRANDE

·         Muchos de los actuales habitantes de Arma, parcialmente informados por la tradición oral  o quizá por algunas lecturas, dan cuenta de que el pueblo ahora conocido era una urbe de considerable extensión y llena de oro.

·         No cabe duda del desconocimiento del significado del vocablo ciudad. Antes, era una “población de gentes congregadas a vivir en un lugar, sujetas a unas leyes y a un gobierno, gozando de ciertos privilegios y exenciones que los señores Reyes se han servido concederles”.

·         Esta palabra ha evolucionado desde el punto de vista semántico. Hoy significa “población importante, no sólo en cuanto al número de habitantes (regularmente más de 100.000) sino por sus riquezas, comodidades y recursos culturales y técnicos”.

·         Los terrenos campeados por los Cocuyes propiamente dichos no eran de extensión considerable, pues, muy cerca estaban las posesiones de los Paucuras, los Pozos, los Pitos, los Mermitas, los Guacos, los Maitamáes, los Caramantas, los Tarcaráes y otras agrupaciones.

·         A la llegada de los españoles, posiblemente era una aldea con crecido número de habitantes, como para darle parcial crédito a la declaración de Cieza de León, miembro de esa comitiva: “... Es muy grande y muy poblada y la más rica de todas sus comarcas...

·         Pero, sí es para dudar cuando escribe: “tiene más de veinte mil indios de guerra…, tendrá en longitud diez leguas, y de latitud seis o siete, y en circuito dieciocho leguas poco menos...” (Cieza de León, Op. cit. pág. 59).

·         Para Sierra Hernández (Orlando Sierra Hernández, Punto de Encuentro, pág. 5a.), es demasiada cantidad de ejército en seis batallones: “El Ayacucho, en Manizales; el San Mateo, en Pereira; el Cisneros, en Armenia; Vencedores, en Cartago. Además cuenta con el batallón Quimbaya de Contraguerrilla y el de servicios, ambos en la capital quindiana. Son más de 3.500 efectivos...”.

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·         Así ilustró el caricaturista ARI en La Patria, hace 25 años el Encuentro de dos culturas.

·         Si en nuestro tiempo esta cuenta parece exagerada, ¿no se le iría la mano a Cieza de León en sus cálculos? ¿O incluiría en este número los guerreros de las tribus vecinas? En cuanto al número de leguas de longitud y latitud, y según la utilización de la forma del verbo Tener, «tendrá en longitud...», concluimos que tampoco hubo medición de terrenos; sólo fue un cálculo y, por tanto, puede pensarse en una extensión geográfica no tan significativa.

·         Volviendo al número de guerreros, no puede olvidarse la tendencia de los españoles, heredada por los pueblos de habla hispana, a la utilización del lenguaje hiperbólico; reflexiónese en la oración común del padre cuando regaña al hijo: «Le he advertido MAS DE MIL veces...», cuando seguramente no lo ha hecho en más de tres ocasiones.

·         No se habla, pues, de un censo, sino del cálculo de Cieza de León; con el afán para exagerar, característico de los cronistas hispanos, también servía como argumento válido para justificar las acciones de los conquistadores. Arango Mejía escribió: Parece que nunca la población llegó a ser más que un rancherío de paja, sin edificaciones de piedra o ladrillo, a pesar del pomposo título de ciudad que ostentaba y los vecinos notables que en ella hubo(Gabriel Arango Mejía, La ciudad de Santiago de Arma de Rionegro. pág. 149). Por lo tanto, pensar en el concepto de urbe, es decir, en un conjunto numeroso de calles y avenidas de muchas construcciones, ya debemos olvidarlo.

·         Antes del traslado a Rionegro

·         Arma llegó a ser Ciudad a raíz de la primera fundación “en el sitio demarcado por la confluencia del río Coquí (río Arma) en el encrespado Bredundo (el Cauca)...” (Gabriel Hurtado G., San Antonio de Arma, 1958), fundación de Miguel Muñoz, en acatamiento a las órdenes de Sebastián de Belalcázar. Este acto implica la toma de posesión y demarcación de un terreno supeditado a una autoridad local, y ésta, a la vez, supeditada a otra mayor.

·         ¿Cómo sería el rito? Los fundadores en la época de la conquista eran ceremoniosos; cavaban un hoyo y, en él, levantaban un madero y así declaraban: “Pongo aquí este madero en señal de posesión para que en este sitio sea fundada...”

·         Por eso era tan sencillo el traslado de una ciudad; cambiar de sitio el madero, trasladar al cura con sus ornamentos y sus imágenes, al alcalde y al notario con los documentos, y las arcas con los haberes.

·         Esta demarcación fue lo que hizo de Arma una ciudad grande; así están escritos en un viejo y roído pergamino citado por Arango Mejía:“Desde el origen del río Chinchiná, por ésta abajo al río Cauca, éste abajo hasta la boca de la quebrada Sabaletas; de ésta cortando derecho hasta la quebrada que llaman de Amagá, y de las cabeceras de ella siguiendo por derecha del Rionegro, por él abajo hasta el río que llaman Pereira; por las cabeceras de éste, siguiendo derecho a buscar las cabeceras del río Chinchiná”(Arango Mejía. Op. Cit., pág. 150).

·         La jurisdicción, entonces, abarcaba vastas regiones localizadas hoy en el mapa del oriente y del sur de Antioquia. A manera de ejemplo, los terrenos hoy ocupados por el aeropuerto José María Córdoba, pertenecían a la jurisdicción de Arma.

·         Arteaga Valencia escribió, refiriéndose a Rionegro:“Lo que sí tenemos que tomar como cierto es que nuestro territorio pertenecía a la jurisdicción de Arma, tanto en lo civil como en lo religioso...”(Álvaro Arteaga Valencia, La Parroquia de mi pueblo, pág.12).

·         Con esta consideración, afirmamos: Arma sí fue grande, no como urbe, sí en cuanto a extensión.

·         Después de la fundación, se obtuvo, de la Corona Española, el título de «Ciudad muy Noble y muy Leal». Por tanto, fue ciudad en cuanto a título y honores.

·         La historia de Antioquia da cuenta de que «La diminuta ciudad tenía asiento y planta en terrenos de propiedad particular(en cercanías del actual corregimiento de Damasco); su situación deplorable empujó a habitantes a pasarse como colonos al otro lado del río, y así quedó dividida la ciudad en dos: Arma y Arma Viejo, única manera de defender la propiedad común para todos, de los propósitos claros de las élites de Rionegro.»(Roberto Luis Jaramillo, "La Colonización Antioqueña", 1987, pág. 140).

·         El historiador citado no tiene mucha claridad en cuanto a la ubicación de Arma cuando se manifestaron los deseos de los rionegreros. En realidad, parte de la población se pasó al otro lado del río, y se dispersaron por las riberas del Arma y del Buey y por los terrenos hoy conocidos como El Oro y Potosí. Este fenómeno ocurrió porque muchos de los pobladores buscaban otros lugares, tratando de huirles a los ataques de los indígenas que ya empezaban a cobrarles a los españoles el gran daño y los oprobios causados.

·         Cardona Tobón escribió: “En 1601 Arma fue atacada por los chocoes... La Villa resistió el embate pero no se salvó del saqueo perpetrado por los indios Pozos unos meses más tarde” (Alfredo Cardona Tobón, "Arma, una Fundación que no quiso morir", 1985, pág. 3b). El clima malsano y otros factores obligaron a los pobladores a buscar otro sitio que es el ocupado hoy por la población.

·         Leamos al doctor Gabriel Hurtado Gallego: “...el azote del trópico implacable, la flecha envenenada, el ofidio venenoso, obligaron al traslado a un sitio que fuera llano, distante una legua del río Cauca, precisamente el lugar que hoy ocupa la población de Arma”(Hurtado G., Op. Cit.).

·         Asimismo se expresa Arango Mejía: “La cruel guerra de los indios contra los primeros pobladores obligó a éstos, trasladar la población al valle de Payuco, dos leguas más apegada al río grande del Cauca” (Arango Mejía. Op. Cit. pág. 148).

·         El doctor Gabriel Hurtado Gallego nos habla de un terreno llano. Arango Mejía se refiere al valle de Payuco. Pues hoy, ni es tan valle, ni es tan llano. Del municipio de La Pintada, a unos 20 kilómetros rio arriba vía hacia el municipio de Supía, existe todavía el nombre “Payuco”. Si en este sitio pasamos el río y tomamos camino arriba, al coronar la montaña, llegamos al poblado actual de Arma. Pasamos por un terreno relativamente llano, que comprende fincas como Payuco, La Yalita, y tomando la calle en otro tiempo llamada “Payuco” (inexplicablemente hoy llamadaJorge Robledo), en dirección a la plaza del poblado, nos damos cuenta de que hasta dos cuadras antes de llegar a la plaza, no es un terreno muy quebrado; este valle llegaba seguramente hasta Naranjal. Muchos de los que estudiamos en la vieja escuela “Ángel de la Guarda”, en la década del cuarenta del siglo pasado, recordamos las viejas tapias, vestigios del templo parroquial, al frente de nuestras aulas.

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·         En este sitio, frente a la actual construcción de la escuela Ángel de la Guarda, el Visitador Mon y Velarde encontró un templo de teja...

·         ¿Qué pasó, entonces, con el Arma del Valle de Payuco?

·         Nos cuenta Hurtado Gallego “Los primeros años de la Villa revistieron un brillo espléndido. Progresó como por encantamiento en el siglo XVI. Familias nobilísimas venidas de ultramar la poblaron atraídas por la fama de sus ricas minas de oro. Los apellidos ilustres llenaron de colorido la vida social de la flamante villa. Por sus calles cruzaron los Álvarez y Castrillón; los Torres y Olmedillas; los Ponce de León; los Bermúdez y Becerra; los Ruiz de la Parra; los Blandones de Heredia; los Vásquez y Gualdamiros. Don Mateo Castrillón, Gobernador de Antioquia, vio la luz primera en ilustre villa de Arma, y ya mozuelo se trasladó a la Villa de Santa Fe de Antioquia en donde se casó y fundó la nobilísima casa de los Álvarez, Vásquez de Castrillón, bajo cuyo alero vino al mundo doña Ana de Castrillón, (ancestros del Cardenal, Monseñor Darío Castrillón) la legendaria amazona, colonizadora del Valle de la Candelaria de Medellín... Se alzó la imponente iglesia, y en sus afueras los conventos de frailes Dominicos y de las monjas Clarisas...

·         Pero una noche la Villa señorial desapareció bajo la hecatombe siniestra. El airado Plutón ruge por la boca empenachada de los volcanes y sus aullidos apocalípticos sacuden la tierra, resquebrajada por la expansión del fuego, soterrado bajo el pulmón de nieve de la gigantesca cordillera. Todo el Ande está jalonado de monstruos... Cuando amaneció, el alba tenía las manos tintas de sangre y el sagrado río Cauca, salido de madre, aullante, arrastraba los despojos de un mundo mártir, hacia las rutas del infinito...” (Hurtado G., Op. Cit.).

·         La historia da cuenta de la grandeza durante los primeros años, de la explotación por parte de los españoles y del despojo causado por ciertas élites, pero no figuran documentos cercanos en relación con los fenómenos telúricos, indescartables, máxime si se tiene en cuenta que la población se asienta sobre una falla geológica. Valdría la pena memorizar el versículo 12 del capítulo VI del Apocalipsis: “Cuando el Cordero rompió el sexto sello, miré, y hubo un gran terremoto...”

·         Retrocediendo un poco, puede suponerse que la catástrofe del 12 de marzo de 1595, temblor volcánico del Ruiz, debe de haber iniciado la destrucción de la primera villa de Santiago de Arma.

·         Los restos pudieron haber sido arriados por una horrorosa inundación en el camino del río Cauca, ocasionada por un gigantesco represamiento de uno de sus principales afluentes obstruido como consecuencia del terremoto sentido en todo el territorio colombiano el 10 de octubre de 1827.Hasta el libertador Simón Bolívar, en declaración traída por el padre Ramírez 12, da cuenta de la violencia de ese sismo (Jesús Emilio Ramírez, Historia de los terremotos en Colombia, 1969, pág. 113).

·         Un testigo, citado en la misma obra, afirma que, hallándose por terrenos de la Vega de Supía, vio desplomarse su habitación, y agrega, además, que no sería exagerado hablar de un movimiento telúrico prolongando su violencia destructora por más de seis minutos.

·         Este terremoto tal vez fue la causa de la destrucción del Arma localizado en lo que se llamaba el valle de Payuco.Precisamente por este sitio pasa la falla geológica ya conocida y las casas se fueron corriendo, después del sismo, como ocurrió después en 1938 y en 1979. No es para creer en el hundimiento catastrófico del que habla la tradición, pues no ha habido, por suerte, un cataclismo; el hundimiento ha sido un proceso largo y continuo; de no haber sido así, ¿de dónde iba a resultar tanta gente para trasladarse a Arma Nuevo cinco años después? Las casas se fueron corriendo, se cayeron y ocasionaron la ruina, causa del traslado en 1832, lo que dio origen a la fundación del municipio de Pácora.

·         En cuanto a la riqueza, no es para dudarlo, si se piensa desde el punto de vista áurico.

·         Según las descripciones de los terrenos, los armados tenían su asiento por las sierras de las márgenes del Cauca y del Arma. Piénsese en lo que hoy es Damasco, La Pintada, Bocas y, siguiendo río arriba hasta tierras de La María: Recuérdense los grabados de las piedras en terrenos de El Dorado, más arriba de La María.

·         Muy cerca de allí, por la margen contraria, se localiza una de las regiones más auríferas de Colombia: Marmato. Quizá parte del oro de los Cocuyes venía de estos terrenos; no del sitio actualmente ocupado por Arma. De aquí, nada de metal había para llevar, salvo el que hubieran guardado los sobrevivientes de la irrupción de los hispanos con hambre de oro; en consecuencia, los nuevos pobladores fueron perdiendo el interés en esta tierra; emigraron al no tener más a quien explotar.

·         Por la época de los rionegreros, los Cocuyes extinguidos ya no eran amenaza. El problema ya radicaba en la pobreza y en el despojo causado por los de vocación de terratenientes.

·         Algunos habitantes, merced a las intrigas de don Felipe Villegas, se dirigieron a tierras de la actual Santa Bárbara. Otros echaron para el lado contrario, es decir, para el Arma de hoy, localizado en el Valle de Payuco.

·         A raíz de este problema, el Oidor y visitador Mon y Velarde visitó la población de Arma; luego, en su informe, se refirió al sitio anterior, es decir, al Arma que estaba localizado por los ríos Buey y Arma. Por lo tanto, en el año 1786, Arma ya estaba localizado en el terreno actual, y declara el Visitador, la existencia de una iglesia de teja, y bien ornamentada.

·         Volviendo a la misma historia telúrica, en el año 1764 otro sismo debió de ser causa de más ruinas materiales en Arma, que adicionadas a las ruinas económicas reforzarían los argumentos para la patraña de voraces habilidosos para el negocio fraudulento:

·         Regresemos a los antecedentes del lío con los vecinos de Rionegro.

·         En la década del sesenta del siglo XVIII, el español Felipe Villegas logró, mediante procesos jurídicos manchados de todo vicio, le asignaran gran globo ilímite de tierras, lo que hoy es Sonsón, Abejorral, Montebello, El Retiro y La Unión. Este hombre prepotente, unido con otros de «la flor y nata» de la floreciente población de Rionegro, principiaron lucha tenaz por despojar a Arma, ciudad rectora de todos los bienes del Sureste de Antioquia. Empezaron por mover todas sus influencias y, aunque en un principio sus pretensiones fueron fallidas, más tarde llegaron, con falacias, al logro de los objetivos: Despojar a la Villa de Arma del título de «Ciudad Noble y Leal» y conseguir la orden de traslado físico y jurídico de sus habitantes al sitio de San Nicolás en donde se gestaba la ciudad de Rionegro.

·         TRASLADO A RIONEGRO

·         La insistencia de la élite de Rionegro logró inclinar, en favor de ellos, la voluntad de los gobernadores de Antioquia, Lorenzana y Silvestre. En puños de éste último estuvo el mango para el machetazo definitivo. La historia del mundo se llena con ejemplos de cómo las tesis expuestas por políticos de más pericia en el manejo de las palabras priman sobre la verdad.

·         Se argumentó mala ubicación, clima malsano, ruina del lugar: «Con burla por la penuria de sus habitantes, mirados como pobres mulatos, sin comercio, y atormentados por fiebres tercianas y cuartonas. Por lo demás, padecían una enfermedad muy parienta de las venéreas: El carate» (Jaramillo. Op. Cit., pág. 140).

·         El señor Francisco Silvestre Sánchez, siendo gobernador de Antioquia, decidió el traslado de la villa de Arma a la ciudad de Rionegro, en el año 1783. Convencieron los argumentos y, a decir verdad, ya eran válidos: Pobreza y ruina. ¡Obvio! Ya los señores terratenientes habían logrado el privilegio colonial de asegurarse para sí las tierras que no eran de ellos. La ciudad de Rionegro podrá agradecer, pero nunca los habitantes de Arma, a los afortunados siguientes: Don Felipe Villegas, ya mencionado; concesión en 1765. Don Ignacio Castañeda; concesión en 1760. Don Sancho Londoño Zapata; concesión en 1762. Doctor Esteban Leonín de Estrada; concesión en 1768 (Beatriz Patiño Milán, Colonización Antioqueña, pág. 62).

·         Con el último nombre sospechamos de la actitud del entonces cura de Arma, padre Leonín de Estrada, de quien se cree la aceptación del soborno para declarar en contra de sus propios feligreses, con argumentos que el defensor de Arma, Visitador Mon y Velarde, citado por el padre Duque Botero (Apuntes para la Historia del Clero de Caldas, 1957, págs. 451-466), aprovechó para darles giro de media esfera en favor de los despojados.

·         Leamos un poco del documento del propio padre Leonín:

·         (...) según dicho de dos sujetos verídicos que murieron porcho [sic] hace,de edad de ciento y tantos años, gozaba esta ciudad por términos y jurisdicción desde el río de Chinchiná (que linda por la de Cartago)por él abajo al de Cauca, y de este para abajo hasta la boca de la quebrada que llaman Sabaleticas; y de esta, cortando derecho a la quebrada que llaman Amagá, y de las cabeceras de ellas siguiendo por derecera al Rionegro; por él abajo hasta el río que llaman Pereira; de las cabeceras de éste, siguiendo derecho, a la cordillera del Páramo que llaman de Herve, siguiendo derecho al río de Chinchiná, y según lo que me comunicó don José de Mesa que gobernó esta ciudad de alcalde ordinario muchos años, el que murió de más de ciento, y Gabriel de Salazar que murió de ciento treinta y dos años, aquien di eclesiástica sepultura al año de cincuenta y dos e hice poner palma por la castidad que guardó toda su vida y hombre muy verídico y de mucha entereza, así éste como el primero, de quienes fui informado como de otros sujetos vecinos de ésta que murieron, unos de sesenta y otros de ochenta años, más o menos, hombres verídicos...” (Antonio Estrada Álvarez, Estrada. Genealogías. Manizales, 1996. pág. 171).

·         El padre Leonín, menciona a algunos señores de avanzada edad. El Visitador Mon y Velarde expresó: Si Arma es tan malsano como afirma el padre Leonín de Estrada, ¿cómo pudieron estos señores llegar a tal edad? Por otro lado, la pobreza no puede ser juicio válido, pues muchos otros sitios se han caracterizado por igual fenómeno. En cuanto al carate, argumenta que, siendo problema consecuencia de amoríos sin higiene, este comportamiento no es exclusivo para la clase mulata de Arma.

·         El pleito se entabló, pero pudo más el soborno, la mentira y la politiquería, porque ese golpe fatal fue definitivo o irreversible para Santiago de Arma.

·         CAMBIO DE PATRONO

·         En los designios de Dios no interfiere la voluntad del Rey.

·         Felipe II señala al Apóstol Santiago el Mayor como Patrono de Arma y, por Patrona, La Inmaculada Concepción.

·         Mas, la Divina Providencia permitió el despojo de los honores, y con ellos se fue la imagen de la Virgen del Rosario.

·         Entre agonías y resurrecciones de la población de Arma, permaneció el santo de Padua como compañero de infortunio de los armeños, y por tradición de muy largo tiempo ha sido reconocido como el Patrono de la iglesia de la Villa Serrana de Santiago de Arma.

·         EN LA BÚSQUEDA DE LA HISTORIA

·         Parece no existir ningún documento probatorio de la procedencia de las imágenes llegadas a Arma; se supone, atendiendo criterios de los entendidos, son de origen quiteño.

·         El padre Duque Botero cita un documento del Cura Leonín de Estrada en donde certifica que unos ancianos declararon: "Desde tiempo inmemorial se dio por merced de Nuestro Soberano por Patrón de esta ciudad al S. Santiago el Mayor y por Patrona a Nuestra Señora de la Concepción, que dijeron que había mandado, con un ara de jaspe que está en el sagrario, el señor Felipe II, quien envió otras imágenes para otros lugares y se trocó la que venía para ésta..." (Duque Botero, Op. cit. pág. 452).

·         Teorizando un poco y de acuerdo con lo anterior, puede anotarse que las imágenes de la Virgen del Rosario y de San Antonio llegaron por error, o por trueque voluntario de algún individuo con intereses particulares.

·         Basado en la obra del padre Duque Botero (Ibid., pág. 451-465), el pleito en relación con la imagen de la Santa Virgen del Rosario puede sintetizarse así:

·         Cuando se dio la orden de traslado, los habitantes muy disgustados expresaron una rotunda negativa: Desertarían de la ciudad y hasta del Rey Cristiano antes que irse para Rionegro; además, reclamaron la imagen de la Virgen. El Oidor y Visitador Mon y Velarde se inclinó en favor de los armeños.

·         Los de Rionegro se posesionaron de la imagen y, liderados por el Cura doctor don Joaquín González expusieron estos argumentos:

·         Arma ha sido trasladado en muchas ocasiones; los restos sólo muestran pobreza y carecen de iglesia digna para Nuestra Señora. Invitan a que el Oidor visite la población para que se cerciore.
·         El clima es malsano y por ello es difícil hallar Cura para la población; el actual está aburrido.
·         Arma está localizado muy lejos y ello es obstáculo para las visitas de los devotos a María Reina.
·         Al ser ordenado el traslado, la Patrona de la nueva población de Santiago de Arma de Rionegro debe ser La Concepción. Por tanto, si los armeños quieren imagen, deben conseguir una réplica.
·         Arma no puede justificar la propiedad de la imagen.
·         La posesión prima sobre la propiedad alegada por los armeños.
·         Finalmente se refieren a las ventajas para Rionegro y para «Su Majestad» (El gobierno), si la nueva ciudad conserva la imagen:
o   Los vecinos benefician el erario.
o   Los vecinos se esmeran por el honor de la República.
o   Los vecinos edifican casas de teja, y de más estabilidad, para mayor decencia pública.
o   Dios les ha concedido muchos dones y ellos pueden pagarlos, en parte, con alhajas para la Virgen.

·         La refutación no se hizo esperar.

·         La escasez de recursos no es argumento válido. Otros pueblos han soportado tan extremada pobreza, que se ha llegado el caso de tener que nombrar al Sacristán como Juez y, sin embargo, nunca se ha tratado de aniquilarlos. El gobernador don Francisco Silvestre ha certificado la existencia de Iglesia de construcción decente, de teja y bien ornamentada.

·         Mon y Velarde también visitó más tarde el terreno; comprobó la existencia de la iglesia de teja y concluyó:

·         Si la Providencia quiere que este triste vecindario, por su pobreza no pueda ser ciudad ni servir en cargos públicos, llévensela ciudad, los títulos y los honores, pero no aflijan más alos habitantes; déjenles la imagen de la Soberana Reina.

·        
·         Nuestra Señora de la Concepción del Rosario de Arma

·         Así el Oidor y Visitador Mon y Velarde echaba por tierra el primero de los argumentos rionegreros, firmados por el Cura González, y de esta manera continuó: La dificultad para conseguir Cura para Armaviejo es cierta por la escasez de sacerdotes; hace más de 20 años tratan de conseguir un Cura para otra población de clima sano y tierra fértil, y tampoco lo han podido encontrar. Si el actual Cura de Arma, el padre Pérez, está aburrido, no es por el clima, sino debido a la solicitud de un tío suyo, para que le administre los negocios de una mina. Si el clima fuera malsano, los testigos nombrados por el padre Leonín de Estrada, en el documento citado, no hubieran llegado a tan avanzadas edades.

·         La lejanía del pueblo de Arma no es argumento válido. Muchos santuarios del mundo cristiano localizados en sitios de calificación inaccesible no han dejado de ser visitados cuando los devotos peregrinos realmente son gentes de viva fe; y el santuario por excelencia, es decir, el escenario de la Redención, ha estado en manos de los bárbaros y ello no ha sido obstáculo para la visita de los seguidores de la santa doctrina.

·         La orden de traslado de la imagen fue ilegal, pues se dio sin esperar el fallo. Llegada esta sentencia, es aceptable el traslado del título de ciudad con sus honores, pero no la imagen. Y si el traslado de los títulos implica la consagración de la Parroquia de la nueva ciudad, a la Virgen de la Concepción, mayor razón existirá para la devolución de la imagen, por no ser de la Concepción, sino del Rosario.

·         Además, parece extraño que la imagen del Apóstol Santiago no figure en el litigio.

·         En verdad, los armeños carecen de documento probatorio de la propiedad de la imagen; tan sólo la certificación del Cura Leonín. Los vecinos de Rionegro menos podrán probar la propiedad, y si la posesión prima sobre la propiedad, la imagen en litigio ha sido posesión de los habitantes de Arma durante más de 200 años.

·         Finalmente, si las ventajas para el gobierno y para la nueva ciudad de Santiago de Arma de Rionegro, debido a la posesión de la imagen, son ventajas de cristianos, más actitud de cristianos será observar la justicia y devolver la imagen.

·         El Obispo de Popayán también reconoció infructuoso el traslado de María Reina, pues el Rey Felipe II no donó la imagen para las casas, sino para los habitantes de Arma Viejo. Estos se quedan, luego, debe quedarse también la imagen.

·         Estudiado el pleito fueron especialmente analizadas estas consideraciones:

·         La imagen fue donación del Rey Felipe II.
·         La real existencia de iglesia de teja en Arma.
·         El ofrecimiento de los vecinos de Rionegro, de costear otra imagen para Arma, y devolver los adornos y las joyas de la antigua.
·         El no traslado de ninguno de los vecinos de Arma.
·         El no tener nada que ver la traslación de la ciudad y sus privilegios con lo espiritual y lo eclesiástico.

·         La sentencia fue favorable para Armaviejoy, esencialmente, se impartieron las siguientes órdenes:

·         La devolución de la imagen con sus adornos y sus joyas.
·         Conducirla procesionalmente hasta su anterior sede, es decir, hasta Armaviejo.
·         Al paso por Santa Bárbara y Zabaletas, el Cura de esta jurisdicción y los feligreses deberán salir al encuentro y rendir a la Reina Celestial los honores merecidos.
·         Los vecinos de Armaviejo deberán despachar seis individuos a la nueva ciudad, para acompañar, con hachas encendidas, a la imagen de María durante todo el recorrido de regreso a su primera sede.
·         El Cabildo de la nueva ciudad de Santiago de Arma de Rionegro debe dar cumplimiento con fidelidad y puntualidad a este decreto, y franquear el camino por donde han de transitar con la sagrada imagen.

·         Los vecinos de Rionegro con su líder, el Cura doctor don Joaquín González, reclamaron y, entre reclamo y reclamo se fue entorpeciendo el cumplimiento del decreto, hasta quedar el pleito en el eviterno sueño; la Virgen de Arma en Rionegro y... «colorín colorado, San Antonio del Patronato posesionado».

·         En 1958, el Papa Pío XII declaró a San Antonio como “Patrono principal de Arma ante Dios”.

·         CONCESIÓN ARANZAZU

·         Si usted cuenta con apellido de buen rango es así de fácil: usted saca un catalejo para mirar tierras; media vuelta sobre cualquiera de sus talones; luego otra media vuelta para completar el giro de 360 grados; todo lo que abarque con su anteojo de gran distancia es suyo. Después, con la malicia del polluelo cuclillo, desaloja a los verdaderos dueños del nido, es decir, desconoce los derechos justos de los propietarios tradicionales que, por ignorancia o por inferioridad en instrucción, no habían registrado título de propiedad o derecho.

·         Y ¿cómo lograr, después, el reconocimiento como legítimo dueño, y llamar invasores a los primeros?

·         Así de fácil: Forme filas en el partido del General Santander, el gran «Hombre de las Leyes». Él defiende el derecho sagrado a la propiedad privada; él defiende a los terratenientes.

·         No sólo la obra de Duque Botero expone el tema de la Concesión Aranzazu. En general, quienes han escrito crónicas relacionadas con Caldas en los siglos XVIII y XIX, jamás han dejado al lado este tema; en su esencia así nos han enseñado:

·         Las tierras consideradas baldías en la América robada por los españoles, se denominaban realengas, es decir, pertenecían al Rey de España. A quien las solicitara, el Monarca, mediante contrato llamado Capitulación, las concedía con la condición de poseerlas, cultivarlas y disfrutarlas.

·         Un día, a mediados del año 1800, José María Aranzazu, rico comerciante, venía de Rionegro, camino hacia Bogotá. Estaba interesado en una ruta que, pasando por el Páramo de Herveo, llegara a Supía y, de aquí, a Rionegro; sería una vía libre de todo control para el comercio ilícito.

·         A su paso por terrenos de Arma, sacó su catalejo; en su mente retrató el mapa del campo de su apetencia, cuyos límites fueron los que pudo abarcar su anteojo para enormes distancias. Solicitó concesión de esas tierras, «baldías», según él.

·         El Rey, Carlos IV de España, sin previa comprobación de que los campos fueran baldíos, o estuvieran labrados, otorgó al peticionario, por medio de Real Cédula expedida por la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, las tierras solicitadas.

·         En la mencionada Cédula podía leerse cómo ordenaban a la Justicia y a los Jueces darle a don José María posesión de esas tierras, asegurarle protección, lanzar a los intrusos...

·         Quienes tenían su parcela y, por ignorancia no habían legalizado, ya no contarían con ningún amparo por parte de la ley; además, ni siquiera sabían que las tierras por ellos cultivadas durante varios lustros ya estaban escrituradas a otro dueño. Y no sabían, porque el señor Aránzazu ni se preocupó por cumplir las condiciones mínimas. «Otros estaban haciendo el trabajo de labrarlas y cultivarlas». Después podría volver a reclamarlas; viajó a Maracaibo y no regresó más; allá murió.

·         No fue el único deseoso de posesión. En 1803, un tal Pablo Giraldo, argumentando ser dueño de estancias de cacao entierras de Arma, solicitó la adjudicación de algunos campos; esta vez los armeños se dieron cuenta a tiempo y, viendo que iban a ser despojados, reclamaron y así lograron salvarse más de ciento cincuenta cultivadores. Los vientos de la Corona soplaron en esta ocasión en favor de los campesinos de Arma. Sin embargo, estos labriegos no pudieron gozar mucho tiempo de su pacífica posesión.

·         Poco más de veinte años después, la señora María Antonia González, viuda de José María Aranzazu y el hijo, doctor Juan María Aranzazu, reclamaron las tierras que por herencia les tocaba y, con «verdad a medias», podían comprobar que estaban cultivadas.

·         Era «pan coger». Mientras doña María seguramente bien maquillada y con lenguaje encantador frente a las santanderistas élites rionegreras, el doctor Juan de Dios Aranzazu cogía la sartén por el mango: Era representante antioqueño al Congreso de1824, y así logró la refrendación de ese título.

¿Cómo fue tan fácil logro? Faltando a la verdad. Así lo explica Jaramillo (Op. Cit., pág. 143). Declarando que esas tierras sí estaban labradas y cultivadas. Lo que sí callaron fue que estos terrenos, desde muchos lustros atrás, venían siendo cultivados por los armeños mulatos y por los colonos de Aguadas, mientras don José María andaba por Maracaibo.

Por tanto, el Congreso que ese año había suprimido mayorazgos, en acto ilegal, revivió privilegios propios de la colonia y despojó a los pobres labriegos de Santiago de Arma, para entregarlos terrenos al Congresista.

Como «el chillido es libre» y «el perro puede ladrar a la luna», trescientos colonos de Arma protestaron. ¡Consiguió más el perro!

«En río revuelto, ganancia de pescadores», reza el adagio. Un rionegrero llamado Luis Gómez de Salazar, aparente enemigo de los Villegas y de los Aranzazu, se ofreció para representar a los desposeídos armeños, y se inició el litigio, pero como, «donde manda capitán no manda marinero», el General Santander, el Gran Hombre de las Leyes, el gran hombre de la justicia en favor de... los terratenientes y en contra de los pobres colonos, concedió al doctor Juan de Dios Aranzazu, la autorización para fundar a Salamina en terrenos en litigio; así fue la patraña del señor Aranzazu, porque de esta manera, ya él podía reclamar, con justicia, igualdad de derechos con los colonos.

Siguió su plan. Cedió tierras, vendió otras y, con sus artimañas de congresista experimentado, compró nutrido grupo de “adláteres”. Sin embargo, un vientecillo favorable volvió a soplar para los armeños: La justicia ordenó la restitución de las tierras de los habitantes de Santiago de Arma, sentencia que originó otro conflicto, pues los armeños, al pretender anularlos repartos del Congresista, intentaron, inclusive, derribar el templo en avanzado estado de construcción en la ciudad de Salamina; este hecho le valió halón de orejas al padre José Martín de la Cuesta, oriundo de Santiago de Arma, quien se opuso tenazmente a la fundación de Salamina, y desde el púlpito mostró enardecido su inclinación en favor de los despojados coterráneos;  severamente fue reprendido por el Vicario José Miguel de la Calle.

El doctor Juan de Dios, como Congresista experimentado, sabía que «el poder es para poder» y arremetió más fuerte; amenazó a los jueces y apeló ante la Corte de Cundinamarca, de mayoría Santanderista. La respuesta es obvia para cualquier colombiano: En favor del Congresista.

El apoderado de los armeños recurrió a la Alta Corte de mayoría Bolivariana, y en donde se contaba con la poderosa influencia del doctor José María Gómez de Salazar, antes protector de Simón Bolívar, y ahora tío del guardián de los intereses de los armeños.

La sentencia volvió a ser favorable para Arma y el apoderado quedó bien pagado con cantidad de tierras.

Mas, el resultado no pudo ser satisfactorio, porque las tierras no les fueron devueltas, pues don Juan de Dios y sus parientes habían tomado posesión de las más feraces y de las mejores para la ganadería; muchas otras las habían vendido, y una cantidad la habían cedido como contraprestación a quienes los habían apoyado en el pleito.

La conclusión de este lío histórico es de carácter lacrimógeno: El inexplicable maridaje entre el protector de los armeños, Luis Gómez de Salazar, y los antiguos enemigos, los Villegas y los Aranzazu; así surgió la compañía «González Salazar». González, apellido de la progenitora del doctor Juan de Dios Aranzazu; Salazar, por la belleza de apoderado que, finalmente trabajó para que los armeños tuvieran donde caer muertos... de inanición.

TRASLADO A PÁCORA

Regresando un poco y recordando las consecuencias del traslado a Rionegro, la villa de Arma ya se caracterizaba por la inmensa pobreza de sus habitantes. En1811 salieron algunos de ellos en busca de terrenos que les brindara la subsistencia y, comandados por don José Narciso Estrada, fundaron la ciudad de Aguadas.

En 1827, como ya se ha mencionado, ocurrió uno de los más violentos sismos de que se tenga noticia en el país. La población de Arma, localizada como sobre unas bolsas de agua, está condenada a sufrir grandes daños por causa de los movimientos telúricos.

Sin embargo, Arma ha contado con suerte porque, hasta ahora, la historia no ha dado noticia de una tragedia de esta naturaleza que haya cobrado gran número de víctimas humanas.

Aunque nada escrito haya cerca, en relación con las consecuencias de este sismo para Arma, la decisión de buscar otro terreno lo hace suponer.

Arma continuó en notoria regresión y, a tal punto llegó la pobreza, que ni el Cura podía sostenerse, argumento con el cual la Prefectura o Intendencia de Cundinamarca, con aprobación del gobierno decidió el traslado de los habitantes para la ciudad recién fundada, y se decretó, en febrero de 1830, la anexión de la iglesia a la parroquial de Aguadas.

Los habitantes de Arma no aceptaron el traslado y, comprometidos a pagar al Cura, otra vez obtuvieron el título de Parroquia, en agosto del mismo año (1830).

El decreto penúltimo, es decir, el de febrero de 1830, había hecho pensar a los salamineños que ese hecho era irreversible y, por tanto, los armeños debían ocupar el sitio asignado y no otro, y las tierras a las que habían tenido derecho los armeños, ya eran propiedad definitiva de los colonos de Salamina.

Vale reconocer que, si el doctor Juan de Dios Aranzazu no fue persona grata para los armeños, sí lo fue para la historia de los otros pueblos del norte de Caldas; no obstante, con los habitantes de la Villa Serrana, por conveniencia personal, en 1829 aceptó concederles los terrenos comprendidos entre Arma y Pácora, y Pácora y San Lorenzo.

1.172 ciudadanos de Arma, agobiados por la pobreza, en busca de mejor futuro finalmente aceptaron desplazarse a la región de Paucura, para acatar la orden de la Cámara Provincial que ya había decretado una nueva despoblación.

Ahora, fueron los salamineños los descontentos por este traslado quienes, con el padre Ramón Marín encabezando la lista, reclamaron porque creían ver mermados sus intereses y derechos parroquiales.

El doctor Juan de Dios Aranzazu, quien ocupaba el cargo de la gobernación de Antioquia, puso punto final al conflicto de los salamineños por la fundación de Arma Nuevo, al reconocer, con resolución del 12 de octubre de 1832, que dicha fundación se hacía en cumplimiento de un Decreto expedido por la prefectura, el 6 de diciembre de 1831. Reconoció, además, que en 1829, había concedido esas tierras a los vecinos de Arma y, por tanto, estaban en todo su derecho.

Menos de 600 habitantes no aceptaron este nuevo traslado; se quedaron cuidando de las imágenes del Cristo de la Conquista y de San Antonio. Viceversa: Quedó el Cristo de la Conquista acompañado del fiel San Antonio, cuidando menos de 600 almas pertinaces apegadas al suelo de Arma Viejo.

EL SIGLO XX

Arma no ha exhalado los últimos suspiros. El número de habitantes fue en aumento y, así, el de construcciones.

Otro azote sísmico el 9 de febrero de 1878, a las dos y media de la tarde, con fatales consecuencias para la ciudad de Manizales, debió haberse sentido fuerte en Arma; los daños, ocultos u olvidados para la historia de este pueblo, son de suponerse. Arma y Manizales pertenecen al mismo cordón de Romeral, y la lista de los territorios afectados por movimientos telúricos en esta línea, la encabeza Arma, no por ser de la primera letra del abecedario, sino por la infortunada suerte de haberle tocado este terreno, en el momento de serle asignado por el destino el sitio para el último traslado.

Arma amaneció viva para el siglo XX. El número de habitantes ameritó más frecuente atención espiritual. En1924 se abrieron los libros del archivo parroquial, y diez años después figura nombrado un coadjutor para la Parroquia de la Inmaculada de Aguadas, con residencia en Arma: El Presbítero Daniel Valencia Monsalve. Dos años más tarde, Monseñor Luis Concha Córdoba reconoció el progreso de la población y otorgó la bendición para que volviera a recuperar el título de Parroquia, perdido durante un siglo.

El año de 1936 marcó un hito para nuestra historia, con dos acontecimientos inolvidables para Santiago de Arma: la Parroquia y la unión por carretera con Aguadas. Esta vía, abierta a pico y pala, fue la primera en el Norte de Caldas.

Dos años después, otro golpe natural sufrió la población.En 1938, un sismo de violenta intensidad arrasó con la iglesia y la casa cural. Ambas edificaciones estaban levantadas en la plaza, contra el barranco, y dando el frente al Cerro de Cristo Rey. Fue otra tragedia de funestas consecuencias económicas para las gentes de Arma.


Contra el barranco del frente estaban edificados el templo y la Casa Cural destruidos en el terremoto del 38.

La apertura de la carretera Manizales - Arma fue un verdadero viento favorable. Los viajeros de Medellín debían hacer escala en Arma y, de allí, en bestias de alquiler, iban a Estación Cuba o Estación La María, a abordar el tren. Igual ocurría con los pasajeros que regresaban de Antioquia: De la estación a Arma, acaballo y aquí debían esperar el transporte vehicular para Aguadas u otras poblaciones del norte de Caldas. Esta escala implicaba visitantes; muchos de ellos allí pernoctaban; en consecuencia, había hoteles y restaurantes; lo menos que los pasajeros compraban era la gaseosa, el pandequeso, los bizcochuelos y, cuántos más la limosna para San Antonio, porque en esa época sí era cierta la devoción y eran de todo corazón las plegarias elevadas al Cielo.

En los últimos años de la década del treinta, durante un corto tiempo estuvo funcionando una carretera entre Arma y La Pintada; esta vía debió ser abandonada por falta de mantenimiento; mas, a finales de la década del cuarenta, volvió a abrirse y, aunque no fuera buena, ya se podía viajar desde Aguadas hasta La Pintada; este hecho fue duro revés para la economía de nuestro pueblo, pues, a quienes arrendaban los caballos o vendían los “mecatos” y las gaseosas, se les fue al suelo la economía; ya los pasajeros pasaban de largo y hasta San Antonio salió perdiendo. Más tarde, cuando dieron al servicio la carretera variante La Pintada Supía, bordeando el río Cauca, significó un avance para las comunicaciones y progreso para muchos pueblos, pero no para Santiago de Arma; mermaron los visitantes.

LIBERALES Y CONSERVADORES, TODOS SOMOS HERMANOS

A finales de la década del 40 y primeros años de la del 50, Arma también sufrió la amenaza por los parásitos de la politiquería.

Una inmensa mayoría de los armeños han sido de filiación liberal; reducidísimo número se matriculaban en el partido conservador. Algún líder político del municipio de Aguadas, tradicionalmente conservador, deseaba "limpiar” de liberales a Arma.

Como en muchas otras regiones del país, no se hicieron esperar los grupitos conservadores sectarios que, al amparo de la noche, aprehendían a algunos descuidados y soñolientos liberales, y con peinillas o machetes daban fuertes planazos en las espaldas –lo que en esa época se conocía como aplanchada– en castigo por su filiación política.

Así empezó una época de insomnio porque se regaron las amenazas de ataques fratricidas; la desconfianza cundió y fue anidando en los corazones de un pueblo bueno cuyo mayor líder era el Santo de Padua.

Según Sofócrates, un día llegó de Aguadas una comisión de “aplanchadores” al estilo de las bandas de chulavitas organizadas para los enclaves conservadores; llegaron seguramente por encargo de algún líder de ese partido político de Aguadas, con la misión de castigar a los liberales de Arma. Como primer episodio, entraron en la casa de don Ismael Rivera [situada en una de las esquinas de la plaza central] y de allí sacaron su galería de cuadros de dirigentes liberales: Dos retratos de cuerpo entero de los expresidentes López Pumarejo y Olaya Herrera, y en otros marcos muy especiales, las fotos de Eduardo Santos, Alberto Lleras Camargo. . . y en acto vergonzoso, los “aplanchadores” les prendieron candela, en la plaza de Santiago de Arma. Fue ese el castigo para don Ismael.

Otro castigado fue don Marcelino Carmona Martínez. Registraron su casa, le robaron un 38 largo Smith & Weson que conservaba como alhaja, y un nutria legítimo de Guarne, con algunos billetes “carones” allí guardados.

Luego formaron en humillante fila a algunos miembros del partido liberal, entre ellos a Vicente Patiño, Rodrigo Villada, José Manuel Vargas, “Trifulco”, al sacristán Nelson Gaviria, y  a Bernardo Valencia, más conocido como “El Mocho” quien sufría problemas en los pies. Ordenaron a los de la fila marcha abajo con dirección a la Estación Cuba. El “Mocho” Valencia se quejó: Me duelen los pies para caminar”; y respondió groseramente el ignorante jefe de la cuadrilla: –“Pues liquidamos cuentas aquí con usted primero”. Y jocosamente comenta Éucrates: Parece que el Mocho Valencia olvidó sus dolores, porque fue el primero en llegar a la Estación Cuba”.

Por estar ausente, escapó de la “aplanchada” don Pastor López G., un verdadero patricio, a quien los conservadores deseaban castigar con mayor vehemencia, porque alrededor de él se congregaban los armeños que, sin saber la razón, figuraban como liberales.

Y sostiene Éucrates: Ese día San Antonio interpuso sus recursos en el alto cielo; él siempre ha escuchado a sus devotos y, además, en la fila marchaba el sacristán de la parroquia. Ya a la orilla del Cauca y a punto de ser arrojados al agua, llegaron los también conservadores don Alfredo Agudelo, don Gustavo Estrada y don Julio Mejía, y se opusieron al acto vandálico de los ignorantes desalmados.

–Ustedes están cometiendo una gran equivocación con estos señores; seguramente pertenecen al partido Liberal, pero, la verdad, en Arma no sabemos de doctrinas liberales ni conservadoras; sólo sabemos que en este pueblo !hemos vivido todos como hermanos!

También nos contaba Sofócrates: los mismos salvadores visitaron al líder de su partido en Aguadas a quien llamaban “Dotor Antoño” y, llenos de valor, le dijeron: “Vea, doctor Antonio: No sabemos por qué somos liberales o conservadores; lo único que sabemos es que todos en Arma vivimos, hemos vivido y seguiremos viviendo ¡como hermanos!

EL TERREMOTO DEL 79

Esta población continuó su curso con mucha gente en silenciosa pobreza; sin embargo, en activa participación en la vida religiosa y política, aunque, a veces, a punto de desfallecer debido al pesimismo originado por las dificultades para quelas instituciones estatales atiendan las necesidades sociales básicas, a pesar de haber contado con líderes como los doctores Alberto Mendoza Hoyos, Víctor Renán Barco, Marino Gómez Estrada, ex alcalde de Aguadas, doña Dilia Estrada de Gómez quien durante muchos años fijó la atención en el sector educativo, salud y servicios generales, y con la gran voluntad de Óscar González Grisales.

En el año 1979 regresó Plutón inclemente a revolcar las entrañas de nuestra tierra; el piso de la placita central quedó convertido en gradas; el templo parcialmente destruido; los establecimientos educativos y muchas viviendas amenazando ruina.

¡Y alerta roja! Según los estudios, entre una de las recomendaciones estaba la de esperar la orden para una total evacuación. Y las gentes preguntaron:

–¿Y para dónde?

Para tratar tan delicado asunto, se convocó a una reunión presidida por doña Dilia Estrada de Gómez, Gobernadora de Caldas en aquel entonces. Esta reunión fue como una nueva versión de la historia de la orden de traslado para Rionegro: Las gentes de Arma se negaron a mudarse y respondieron que primero desertarían de la ciudad y hasta del Rey Cristiano, antes que irse para Rionegro. En esta reunión de 1979 volvió a hervir la sangre de los despojados armeños, e interpretando el sentir de la comunidad –con excepción de los hacendados libres de apuros económicos– se expresó en forma contundente doña Marta Mejía:

–A mí me sacan de aquí, pero... ¡muerta!

No había más que tratar. La Gobernadora, en forma muy franca explicó:

–“Hemos dedicado casi toda una vida, luchando por conseguir siquiera lo de infraestructura –los servicios básicos– y no podemos cantar muy en alto la victoria; ahora, ¿dónde hallaremos la varita mágica o el conejo de la suerte para lograr los auxilios necesarios, siquiera para conseguir y adaptar el terreno para el traslado de todo un pueblo?»

Y ella tenía la absoluta razón, pues, para un caso como este, el Gobierno Central no meterá la mano al dril, sino cuando, por evitar la mala imagen, sea menester el rescate de gran número de cadáveres víctimas de un hundimiento, lo que sucedería si el Santo Papa viniera a bendecir el terreno y a declararlo «Campo Santo». A la lista de adagios o sentencias populares debería agregarse uno más:

“Para nuestros gobiernos, vale más un cadáver que un hombre vivo reclamando auxilio”.

La conclusión de este encuentro fue el disgusto de los tres o cuatro vecinos de pingües recursos económicos, mientras quela inmensa mayoría proletaria esperaba la suerte determinada por la santa voluntad de Dios.

Sólo un vecino definió su traslado. Desempeñaba funciones de Síndico en el Centro de Salud.

Así sucedió: el ciudadano Álvaro Isaza llegó al Centro de Saluda solicitar servicio de inyectología. Para sorpresa suya, no había jeringas. Todo estaba empacado. No quedaba un paquete de algodón ni para una emergencia.

El Síndico, con genes de mal informante en su composición celular, como los mal informantes serviles que dieron causa para la orden de traslado a Rionegro dos siglos antes, había logrado otra orden de despojo: «Trasládese el Centro de Salud a...» ¡Qué estulticia! No sabían, ni el ordenador, ni el síndico, que el Centro de Salud, liderado unos años atrás por el padre Alejandro Restrepo Rodríguez, era un servicio de propiedad de Arma y para el servicio de Arma.

Don Álvaro Isaza dio rápido aviso a la Junta Cívica y, con la indignación de pueblo víctima de injusticia, se dirigieron en desfile de protesta hacia el Centro; atravesaron carros a la puerta de salida y, llevando la vocería la señora Marta Mejía, en tono enérgico y masticando cada sílaba increpó al Síndico:

–¡Usted, señor cínico o síndico, o como se llame, se va; el Centro de Salud se queda!

DEVOTOS DE SAN ANTONIO CONTRA EL CURA

Tal vez en Santiago de Arma no volvió a pensarse en el tesoro de Pipintá; para muchos, no deja de ser un mito o una leyenda. Otro gran tesoro sí ha llenado el corazón de los armeños de tal suerte que difícil es saber si veneran al santo, o veneran la imagen.

La estatua de San Antonio se convirtió en el principal tesoro de este pueblo; muchos, quizá sin preparación académica, han llegado a pensar que es la imagen la encargada de los milagros.

Más o menos por el año1910, la Vice-parroquia de Arma estaba regentada por el presbítero Daniel Florencio Sánchez. Fue un personaje valioso; dejó huellas por sus obras en Arma; proveyó a la parroquia de ornamentos, vasos sagrados e imágenes; conociendo de la devoción al Santo, consideró prudente conseguir otra imagen de mejor estructura, de pasta, bellamente cincelada, libre de gorgojos o de comején; no sabía de los parroquianos de Arma, la identificación con la tradicional imagen del Santo y, de muy buena fe, trajo una de Barcelona; los devotos se opusieron al levita, regresaron al nicho la tradicional imagen, y llevaron la nueva para un rincón de la sacristía y le dejaron al pie de dicha imagen una boleta con esta leyenda: “Esta imagen no nos gusta porque el que hace milagros es el chiquito!” (Delio Gómez García, Op. Cit., pág. 86). Frustrado el padre Sánchez debió salir de Santiago de Arma, por haberse metido con la imagen de San Antonio.

En junio de 1963, la comunidad se enfrentó otra vez al párroco. En esta ocasión fue el litigio con el padre Guillermo López Benjumea. No le importó al presbítero el mito según el cual San Antonio no se dejaba transportar, y organizó romería a Aguadas con la imagen del Santo de Padua. Así empezó a caer a tierra esa creencia; muchos armeños aplaudieron y agradecieron al Altísimo por el cambio del cura.


Imagen de San Antonio de Arma, invadida de comején. Enero de 1994 (Foto: del Archivo de la Parroquia)

Unos años después, el presbítero Javier Correa Salazar llevó la imagen a Rionegro (Antioquia); como era de esperarse, no faltó la oposición.

La llegada del padre Julio César Quintero Grisales sí marcó un hito en la historia de nuestro pueblo; fue el 7 de enero de 1994; cuando revisaba el inventario de la Parroquia, fue a conocer la imagen; gran susto se llevó al ver un gusano con alas que salí por la nariz del santo; monseñor José de Jesús Pimiento, Arzobispo de Manizales, conoció la imagen en ese estado lamentable; por estos mismos días arribó a Arma, en visita de turismo, el padre Cesáreo Santiago Díaz, superior de la comunidad Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios.  Fue el padre Cesáreo, conocedor y apreciador  de las obras de arte, quien más influyó para emprender la restauración. El Arzobispo Pimiento dio el visto bueno, decisión anunciada por el párroco Quintero Grisales en el púlpito; así, con la colaboración del padre Cesáreo, fue a dar la imagen a la Clínica Psiquiátrica de Manizales, mientras el mismo levita personalmente la llevaba hasta Bogotá, en donde restauraron la imagen.

Nadie puede medir la ira de muchos parroquianos cuando se dieron cuenta de que la imagen había sido sacada de Santiago de Arma. –"¡Pero qué pecado hemos cometido los armeños para que nos castiguen enviándonos curas de esta clase!"– decían algunos parroquianos iracundos.

Nunca antes, confiesa el padre Julio César, había recibido tantos insultos y desprecios.

En honor a la verdad, extraña que nuestros parroquianos no hayan tenido ojos para ver el lamentable estado de la imagen.

Así como la foto muestra la estatua, fue empacada con sumo cuidado y se transportó a la Clínica Psiquiátrica de San Juan de Dios en Manizales, en donde estuvo al cuidado del padre Cesáreo, encargado de llevarla luego al taller del Museo Religioso de Santafé de Bogotá. Queda también muy clara la razón por la que San Antonio, muy accidentalmente, estuvo recluido en la clínica de reposo.

RESTAURACIÓN DE LA IMAGEN

Fue realizada en el taller del Museo de arte Colonial de Santafé de Bogotá, por los señores Rodolfo Vallín Magaña (mejicano) y Wolfang Gezteira Larza.

Según el estudio realizado, esta imagen es del siglo XVIII; las dimensiones  son 90 x 32 x 31 cm.
La madera presenta un deterioro inherente a su composición. Unido a esto, se encuentra atacada por insectos xilófagos (gorgojos). El ataque se evidencia por la presencia de huevos, excrementos y algunos insectos vivos. Han perforado la madera dejando grandes faltantes de soporte a tal grado, que han debilitado toda la estructura desde el interior.
Presenta resanes inadecuados: de yeso, sobresalen de la superficie y se encuentran agrietadas. En cuanto a la capa pictórica, se halla totalmente repintado: El hábito con un tono café, la encarnación en rostro, manos y pies. El libro y el Niño también se encuentran intervenidos: El vestido de El Niño, cabello negro y el libro es rojizo y blancas sus páginas.
Se realizó la inmunización de la madera en la cámara de desinfección durante un mes. Se retiraron del interior de la escultura los insectos, huevos y excrementos.
Se desinfectó la madera para prevenir un posterior ataque de insectos. Se rellenaron los faltantes de soporte con madera y un consolidante para recuperar la estructura perdida. Se eliminaron las intervenciones anteriores de la capa pictórica y de base de preparación. Se restituyeron los faltantes de la base de preparación.
      Se realizó la reintegración cromática. Se aplicó el barniz final que protege la capa pictórica del medio ambiente y da el acabado final” (Informe de los restauradores. Archivo Parroquial de Santiago de Arma).

REGRESO TRÁGICO

El domingo 8 de enero de 1995, en la primera página, La Patria de Manizales así anunció su llegada: “En Arma, municipio al norte del departamento de Caldas, se realizará una misa campal como recibimiento solemne a la imagen del santo insignia de la población, San Antonio de Arma”.

Vía aérea regresó San Antonio hasta Manizales y, de allí hasta el municipio de La Pintada, en un guacal y muy protegido con material de Icopor. En esta población armaron una carroza para iniciar desde allí la procesión de entrada solemne de San Antonio a sus dominios religiosos en Santiago de Arma.

Todos los habitantes católicos de Arma y unos cuantos devotos de los pueblos vecinos esperábamos con mucha ansiedad la entrada triunfal, ese domingo al mediodía. Pero el reloj marcó las doce y siguieron corriendo los minutos y el cuarto de hora y la media, mientras el padre Sol quemaba a los parroquianos, como concierta venganza porque ya nadie lo adoraba desde hacía más de 450 años. Los voladores escaseaban y el polvorero inició el racionamiento para la pirotecnia de la misa. Y el reloj impertérrito marcó la una de la tarde y cuando se entraba la hora segunda, llegó la triste razón de que, con la vibración de la carroza la imagen de San Antonio había sufrido daño. La cabeza se desprendió del tronco y la mano también sufrió fractura.

En una de las haciendas consiguieron un pegante como primeros auxilios y, disimulando la pega con unas cintas, con San Antonio herido, siempre se logró celebrar el oficio religioso; muchos de los parroquianos no se percataron del triste acontecimiento. A tres millones de pesos que había costado la restauración, fue necesario otro millón para reparar el último daño (Si quiere calcularse el costo al precio de hoy, el salario mínimo de 1994 era de $98.700,oo). 

IMAGEN DE SAN ANTONIO

La tradición oral ha sido fuente inagotable para la historia; cuando se  escriben algunos datos transferidos de boca en boca, la mayoría de las veces se convierten en verdades con tinta sagrada y con omisión cómplice del juicio serio necesario para los cambios sucedidos durante el tiempo de la transmisión de los mensajes orales por canal popular.

La historia parroquial de Santiago de Arma no ha estado libre de este pecadillo; se han tejido anécdotas y se han alimentado tradiciones de más interés para la mitología folclórica y para la literatura, que para la Iglesia de Cristo. El sano propósito en este punto es la exposición objetiva de lo conocido en relación con la valiosísima imagen del San Antonio de Arma, tratando de diferenciar el valor artístico del valor religioso y, muy especialmente, los hechos extraordinarios o sobrenaturales de autoría divina, de las creencias populares sin fundamentos válidos.

APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DE LA IMAGEN

Según el padre Leonín de Estrada, la imagen de Nuestra Señora de la Concepción fue enviada por el señor Felipe II. También Éucrates aseguraba que la estatua de San Antonio había sido un presente del personaje de la realeza; y según la tradición, fue traída, probablemente de la ciudad de Quito, por el mariscal don Jorge Robledo; unos pocos la atribuyen a una donación de doña María de Carvajal, esposa del conquistador, como también se cree que el Cristo de la Conquista perteneció a esta dignísima matrona.

¿Podrán las declaraciones anteriores opacar las manifestaciones de los entendidos en el arte de la imaginería? Por no existir acreditadas constancias de la fecha de llegada de estas imágenes, sí puede ubicarse en área dubitativa el regalo de Felipe II; en esa época, los ojos de las imágenes eran pintados; los ojos de vidrio apenas empezaron a ser trabajados por un artesano quiteño en 1750; tanto la Virgen de Arma de Rionegro como el San Antonio de Arma tienen ojos de vidrio, y en el año 1750, ¡Felipe II llevaba más de 150 años de muerto! Doña María Carvajal nunca estuvo en esta jurisdicción y don Jorge Robledo era más devoto del oro que del santo de Padua.

Por no existir estudio serio en relación con el Cristo mencionado, y para no echar por tierra las creencias de los armeños, seguirá siendo por muchos años más el Cristo de la conquista, así como en Rionegro conservan la creencia de la antigüedad de la imagen de la Virgen de Arma, a pesar de tener ojos de vidrio, pues aún la registra el inventario como si fuera del siglo XVI o XVII (Gustavo Vives Mejía, Colecciones publicadas de Rionegro. Inventario del patrimonio cultural de Antioquia, 1996. v. III. pág. 162).Pero sí puede descartarse de una vez por todas, que la familia Robledo o el Rey de España hubieran tenido algo que ver con nuestro “Negrito San Antonio”.

Llegada, entonces, ha sido la hora de darles mayor valor a los estudios de los entendidos en la materia; Felipe II, el mariscal Robledo y su devotísima esposa pertenecieron al siglo XVI; la imagen de San Antonio es del siglo XVIII. Así lo leemos en el proyecto de restauración, presentado por los señores Rodolfo Vallín Magaña (mejicano) y Wolfang Gezteira Larza del taller del Museo de Arte Colonial de Santafé de Bogotá. *

La fecha de llegada del Santo de Padua a Arma entra en el campo de la opacidad. En el litigio histórico con los habitantes de Rionegro, nada aparece escrito en relación con las imágenes del apóstol Santiago y la de San Antonio de Padua. De la imagen del apóstol Santiago es posible su pérdida entre las ruinas del pretérito; de la de San Antonio sólo se conserva la creencia del encuentro de la imagen por una humilde lavandera; sí se sabe que después del traslado a Rionegro, San Antonio se apoderó del “patronato” de Arma Viejo.

Según una de las creencias arraigadas desde épocas pasadas, en el traslado a Rionegro, San Antonio no se dejó llevar; se hizo el pesado para atravesar el río Arma; sin embargo, por no aparecer documento serio para esta afirmación, sigue la inquietud: ¿Fue esta imagen compañera de la de Nuestra Señora de la Concepción en la llegada a Santiago de Arma? Si ambas llegaron en la misma época, como muchos han creído, ¿por qué en el litigio con los rionegreros no se menciona, si allá existía en ese entonces la devoción a San Antonio, como lo prueba la historia de San Antonio de Pereira de Rionegro?

Con seguridad, de la imagen conservada en este importante barrio de la ciudad de Rionegro, tampoco se conoce el origen.

San Antonio de Pereira de Rionegro

En verdad, sorprende la similitud de las narraciones populares relacionadas con los “hallazgos milagrosos” de las imágenes, en cañadas o riachuelos en Santiago de Arma, en Buga y en Rionegro; qué coincidencias proponen, a veces, las gentes aprovechadas de la ingenuidad de nuestros pueblos; encuentros de unas humildes lavanderas. Así se lee en la obra de Castaño:

Entre algunos oriundos más longevos del lugar, es común denominador la tradicional leyenda oral de que una nativa, mientras lavaba ropa en el riachuelo Pereira, rescató del torrente una estatuilla que se deslizaba aguas abajo, cuyas facciones a primera vista fueron interpretadas como las de la imagen de San Antonio...” (José Joaquín Castaño, Aproximaciones a verídica historia cronológica de San Antonio de Pereira de Rionegro, 1965, pág. 35)

Si el San Antonio de Pereira de Rionegro perteneció inicialmente a la parroquia de Santiago de Arma, no puede descartarse que, durante el litigio, algunos habitantes del oriente antioqueño, o los favorecidos en la repartición de tierras por los lados de La Cruz y de la Florida, para calmar los ánimos de los quejosos que reclamaban las pertenencias religiosas, obsequiaron otra imagen de San Antonio, obra de arte quiteño, o tallada por algún artista payanés con la escuela de Quito, porque, a no dudarlo, en el Museo de Arte Religioso de la ciudad de Popayán, se exhiben estatuas con la misma técnica.

De la historia del siglo XIX de nuestro “Negrito San Antonio de Arma” poco hay escrito; si del traslado se salvó, se dice que, con el Cristo de la Conquista, varios ornamentos y, seguramente la famosa matraca *, fueron escondidos y, de cabaña en cabaña, fueron pasando hasta la época del traslado a Pácora, cuando cerca de600 armeños se negaron al “coroteo”, y con ellos escaparon El Cristo de la Conquista y la imagen de San Antonio, pero no los ornamentos ni la matraca, hoy símbolo de los pacoreños.

El violento sismo de 1827 motivó la orden de anexión de la parroquia a la de Aguadas; los feligreses no aceptaron y, en 1830, lograron una vez más el título de Parroquia; si la iglesia fue destruida en el terremoto, ya en 1832 existía otra capilla de la que se posesionó San Antonio como patrón.

Muchos comentarios de la gente, y quizá con pábulo de algunos curas, siguieron enriqueciendo la tradición del pueblo, en relación con la imagen de San Antonio; como hubiera sido, fueron muchas las creencias sembradas en la gente: Es un santo que suda; otras veces aparece su hábito lleno de cadillo, como si hubiera estado de visita por los campos; también lo han visto llorando por los pecados de los hombres; tampoco han faltado los fieles devotos asegurando haber sido premiados con una sonrisa del Santo. La más sorprendente y cultivada creencia es que, en junio de 1871, un sacerdote de Aguadas organizó un homenaje para San Antonio; en la Ciudad de las Brumas, los devotos del Santo Paduano salieron desde temprano a esperarlo, pero pasaron las horas y la espera fue infructuosa; cuando se aproximaba la noche, apareció un muchacho con la noticia: “Imposible trasladar al Santo; se rebeló en Goteras, se hizo el pesado y fue imposible trasladarlo”.


La matraca

Sorprende la similitud con las historias de leyenda en otros sitios; por ejemplo, la imagen de San Antonio de Pereira, según Éucrates, también se ha vuelto tan pesada cuando quieren llevarlo a Rionegro, que ha sido imposible cargarlo. Durante la realización del inventario del patrimonio cultural de Antioquia, al encargado de la fotografía de esta imagen se le cayó la cámara y no fue necesario esperar la explicación del sacristán de la parroquia: “Es que al santo no le gusta que lo fotografíen” Gustavo Vives Mejía, Op. Cit., pág.103).

 “¿Y podrá descartarse que la imagen original llegada a Arma, sea la venerada en la parroquia de San Antonio de Pereira, y la de Arma sea una réplica?” (Entrevista con Álvaro Arteaga, Director del Museo Religioso de Rionegro, 21 de septiembre, 1998).

En realidad se pensaba que la réplica fue una donación de los favorecidos con el traslado, buscando apaciguarlos ánimos de los armeños empecinados en reclamar los haberes religiosos trasladados al oriente antioqueño. Sin embargo, este parecer no puede cobrar validez, pues, para la vista de cualquier lego en el arte de la imaginería, nuestro San Antonio de Arma sí presenta factura de mejor técnica, mientras que el de Rionegro, como lo describe la obra de Vives Mejía ( pág. 102), carece de artificios técnicos; tal vez sea obra antioqueña.

Retomando el hilo de la historia, es bueno afirmar que los traslados ocurridos, ya habían echado por tierra la infundada creencia de que la histórica reliquia no se dejaba sacar de Santiago de Arma.

Volviendo al último retoque de la imagen, recordemos la declaración de los artistas encargados del trabajo; se refirieron a “la existencia de cinco capas de pintura sobre la original, prueba contundente de los intentos por conservar la reliquia”.

Quienes éramos niños “noveleros” en una fecha cercana al año 1950, miramos por el retrovisor al señor Mateo García (fallecido en 1997),un imaginero que estuvo en Arma restaurando santos; escapa del recuerdo si fue en el curato del padre Moisés Londoño, o en el del padre Ananías González; pero sí recordamos a don Mateo en la tarea del rescate de esta preciosa obra, patrimonio religioso de Santiago de Arma.

Aproximadamente en el año 1958, si la memoria del padre Lázaro Blandón Carmona le era fiel cuando nos proporcionó esta declaración, el padre Javier Ramírez Cardona metió al humilde San Antonio en una caneca llena de petróleo, buscando así exterminar el comején enemigo del santo.

En 1983, el padre Efrén Osorio Duque llegó de párroco a Santiago de Arma, y una de sus principales preocupaciones fue la restauración del Santo Patrono, y estas son sus declaraciones: Al consultar la biografía del Santo Antonio, dedujo que la imagen no debía ser de color moreno. Se asesoró de un especialista en la materia y, en trabajos nocturnos, un poco a escondidas de la gente de Arma, siempre celosa con el Santo, se inició un riguroso examen de su decoración; muy delicadamente, con algodones se empezó a hacer limpieza desde el principio de la frente hasta la punta de la barbilla, y en últimas, desde “la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho”; luego, se llevaron los algodones utilizados a un laboratorio, y se llegó a simpática conclusión: El color obscuro de la imagen obedecía al humo y al hollín del alumbrado que nunca le ha faltado al Patrono, por tan crecido número de visitantes devotos, unos para pedirle favores, otros para agradecerle, con piedad, los ya recibidos”.

Un asunto aún más delicado, era tratar de cambiar la decoración de San Antonio. De un lado, los armeños no lo llaman de Padua, sino de Arma y, por lo tanto debe ser del fenotipo predominante en la tierra de los Cocuyes. Por otro lado, si genotípicamente era blanco, cuatrocientos cincuenta años pueden ser suficientes para “morenear” a cualquier rubio.

Sin embargo, el padre Efrén, en trabajos nocturnos para hacer la tarea a escondidas de los devotos y ateniéndose a conceptos valederos, trató de darle a la imagen un color coincidente con el real, según la procedencia, no de la imagen, sino del religioso. El artista contratado, hombre neurótico, repelente, enemigo de observaciones, debió aceptar la permanente guardia del padre Osorio; viceversa, el Cura hubo de soportar pacientemente el mal genio del restaurador; buscaron por uno y otro tono, hasta que un día se acercó el artista con una foto del padre Efrén Osorio en la mano:

–“Ya creo haber dado con el color de la cara para San Antonio; creo que lo que usted desea es que... ¡el Santo se parezca a usted!”.

El comején no había interrumpido su “santofagia”. Cuando llegó el padre Samuel Estrada Álvarez, notó la acción devoradora del insecto y contrató con el artista aguadeño Arnulfo Gil, una réplica de la imagen, obra que se saca para las procesiones y se exhibe en todo tiempo en la iglesia. También contrató un nuevo retoque que parecía ser, como dicen los antioqueños, “patadas de ahogado”.

Y ahora, cuando celebramos de Santiago de Arma los 475 años, ¿podremos cantar nuestra victoria contra el comején?

ARMA SEPARATISTA

Arma quiere ser municipio.

Quienes conocimos un poco del Gran Caldas en la segunda mitad del siglo pasado, recordamos las dificultades de la comunicación a principios de la década del 60; la violencia cruda se había ensañado en nuestro Departamento, así como en territorios vecinos.  Con excepción de la comunicación vía férrea por algunos pueblos y veredas, las otras posibilidades estaban en el campo de los sueños. Muchos recordamos como una carta enviada desde un lugar al sur del Departamento, podía demorarse 20 días o más para llegar a su destino si era de una población situada al norte del mismo.

Imposible negar el abandono por parte de Manizales, de los pueblos del sur de Caldas; no hay otra explicación para la segregación del Departamento. Se fue el Quindío y se fue Risaralda.  Hoy, cuando se habla del área metropolitana, el municipio de Chinchiná escucha con atención los requiebros de su vecina Pereira; pero Manizales no les coquetea a sus municipios; llevamos muchos años soñando con vías de comunicación que nos integren. 

Santiago de Arma sí que lleva muchos años buscando el merecido reconocimiento no sólo del municipio de Aguadas, sino del Departamento. La idea hirvió hace algunos años y empezó a reventar en la década del noventa; el pueblo solicitó de la administración municipal mayor atención en el renglón de los servicios públicos y de las vías de comunicación. La opinión de la gente fue dividiéndose; unos en favor del ejecutivo; para otros, el alcalde del municipio había descuidado a Arma.

En las manifestaciones de descontento no faltó la firma del párroco. Las quejas presentadas por la comunidad las consignó uno de los parroquianos en un solo pliego:

Alfonso López Ramírez considera que la administración tiene olvidado el corregimiento de Arma. ‘No tenemos respaldo, la administraciones mala, y porque el párroco ha mostrado su capacidad de trabajo y entrega por la comunidad, viene siendo objeto de persecución; el padre trabaja sin proselitismo para ayudarle al pueblo’... ‘No tenemos vías de comunicación, son caminos de herradura, y aunque pagamos cumplidamente los impuestos, la inversión no se ve’... A Arma no le entran recursos a pesar de que produce un alto porcentaje por concepto de impuesto predial... Por otra parte, el presidente de la acción comunal José Narciso Herrera denunció a la anterior junta porque no les han entregado los bienes muebles y enseres y otros elementos que le pertenecen a la comunidad. Otra de las quejas se relaciona con el acueducto Arma - Salineros - el Guamo, que se construye entre el municipio, los habitantes de Arma, la empresa de obras sanitarias (Empocaldas) y con el apoyo del Fondo de Desarrollo Rural Integrado (DRI). ‘La comunidad tenía que aportar con trabajo para tener derecho al agua, a cada hogar le exigieron 27 jornadas, pero lo más curioso es que muchos cumplieron con la cuota y no tienen el servicio, y en cambio a otros que no trabajaron fueron los primeros en tener agua’, dijo el vocero de la comunidad.
     ‘Como si fuera poco –agregó– nos cobran tarifas por alcantarillado sin que todavía lo hubieran hecho’. En el puesto de salud ‘cobran tarifas altas a los pacientes pobres, alrededor de seis milpesos, más caro que cuando uno va donde un médico particular', expresaron. También denunciaron que hay desigualdad para los beneficiarios de los programas de la salud. ‘Cómo es posible que gente con recursos económicos tengan carné del Sisben’, anotaron.
     Consideran que a Arma no le dan tratamiento de corregimiento, sino de vereda. Por eso están convocando a los ciudadanos a unirse a la campaña para que forme parte del departamento de Antioquia. 'Para de esta manera salir del atraso a que nos tienen sometidos en la cabecera municipal’, dice un volante que han hecho circular entre la población...”
     El Alcalde se defiende: “Todo se debe a un movimiento separatista que se gesta en Arma, en cabeza del padre que es el organizador. El padre está metido en política, y está en el comité de revocatoria del mandato... El párroco debe estar en la parroquia, no politiqueando’. En cuanto a las obras manifestó: ‘Aquí es donde más proyectos hay. Además tenemos dos parlamentarios que sí han hecho inversiones’. Atribuyó el movimiento a gente foránea que recoge firmas bajo el pretexto de hacer peticiones a la Alcaldía. ‘Hacen firmar a la gente diciendo que es para pedir obras, y mentiras que es para otra cosa. Ya hay varios ciudadanos que denunciaron el hecho y han pedido retirar las firmas...”

También el párroco, Julio César Quintero Grisales, “denunció que viene siendo objeto de insultos, amenazas y llamadas anónimas, vía telefónica. Todo porque según dice, firmó el memorial de apoyo de la revocatoria del mandato del alcalde. ‘Esta administración es ineficiente, corrupta. Aquí tapan la corrupción, inclusive me llegó la factura por el servicio de agua de la casa cura altísima, todo porque he hecho los reclamos, y lo que recibo son insultos’... ‘Considero que la gente de Arma es muy querida. Nos tiene azotados la politiquería, y la administración que es inepta ciento por ciento. Y me duele el clamor de la comunidad” (LA PATRIA, Manizales, 16-02-1997. pág. 1d).

En honor a la verdad, las relaciones del señor Alcalde con el padre Julio César Quintero no fueron muy buenas. La administración anterior había cedido, en comodato, una destartalada ambulancia para el servicio de la parroquia. A la llegada del nuevo alcalde, declara el presbítero, le quitaron a la parroquia la ambulancia y la llevaron a los patios del cuartel del Cuerpo de Bomberos de Aguadas, en donde quedó al sol y al agua, y en manos de la inclemente acción del tiempo.

Reinaba el descontento en un grueso número de habitantes del pueblo bueno. Éucrates manifestaba: “Más o menos el 68% de la suma de dinero que entra al municipio por cuenta del Impuesto Predial, lo paga Arma; pero la inversión de Aguadas en Arma, no compensa”.

El descontento iba en aumento y hasta se sostuvieron conversaciones con parlamentarios antioqueños quienes consideraron la posibilidad de anexar a Arma al municipio de Abejorral, con miras a convertirlo, luego, a municipio, con Pantanillo como corregimiento, se repartieron volantes como éste:

¡ATENCIÓN!
CIUDADANOS DE ARMA
Unámonos a la Campaña para que nuestro corregimiento forme parte del Departamento de Antioquia para de esta manera salir del atraso a que nos tienen sometidos en la cabecera municipal.
LA JUNTA

No faltaron propuestas del municipio de Pácora, quienes se mostraron dispuestos, con los brazos abiertos, a recibir como corregimiento a Arma, pueblo que, por historia, es “patria chica” de los pacoreños.

La Patria, el periódico de Manizales, fijó su posición al respecto en una de sus editoriales de esos días:

ARMA, MÁS QUE HISTORIA

“El malestar de importantes voceros del corregimiento de Arma con la administración municipal de Aguadas es preocupante, pues va más allá de las críticas normales que los corregimientos siempre hacen a la metrópoli; lo de Arma supera la tensión natural. Qué bueno que el Concejo de Aguadas y el propio Gobernador del departamento mediaran para restablecer la armonía entre las partes en conflicto. No podemos dejar que un movimiento separatista tome fuerza, pues son muchas las heridas que deja.
(...)Desde hace ya varios años se han oído quejas de los habitantes de Arma, especialmente por el descuido y trato discriminatorio. Problemas con el acueducto, vías, centro de salud, colegio y otros, han sido reincidentes, no son nuevos; pero la fuerza que han tomado en los últimos meses, demuestra que se han agudizado y que la población no está dormida frente a su suerte. Así, lo primero que hay que resaltar es que la ciudadanía se organice para luchar por sus intereses, qué bueno que en tantas poblaciones olvidadas del departamento surgieran líderes como los que hoy están levantando la bandera de Arma; seguramente otra suerte bien diferente correrían.
La actitud asumida por el párroco, padre Julio César Quintero Grisales es digna de aplaudir. Pues como los mismos organizadores de la protesta lo sostienen, su posición ha sido la de ayudar a toda la comunidad y no la de intervenir en política. La misión de los sacerdotes, la que el alcalde de Aguadas, Hernán Estrada Gutiérrez, quiere reducir a la sacristía, es mucho más amplia. Sí, los sacerdotes no sólo están en una comunidad para limpiar el polvo de los santos, sino para impulsarlas a ser mejores, a luchar contra la injusticia. . .
Los documentos del Concilio Vaticano II son claros al respecto, por ello, venir a descalificar el papel del padre Quintero en Arma es sencillamente una muestra de ignorancia del papel al que está llamada la Iglesia en nuestro tiempo.
Creemos que el movimiento separatista que está incubándose en Arma no beneficia a Caldas. Por ello hacemos un llamado al Gobernador, al alcalde de Aguadas y al Concejo de este municipio a que busquen un acercamiento que permita trabajar todos unidos por Arma. Aguadas debe jugarle limpio a Arma, por ello sería bueno conocer cuál ha sido la inversión histórica en el corregimiento. (Luis Felipe Gómez Restrepo, Director \ LA PATRIA, Manizales, 21-02-1997. pág. 4a.).

Los representantes a la Cámara, no se hicieron esperar con la respuesta al señor director de La Patria.

“En nuestra condición de dirigentes del Municipio de Aguadas, sentimos la obligación de hacer algunas precisiones en lo que hace relación al editorial sobre el Movimiento Separatista del Corregimiento de Arma por considerarlo injusto y falto de objetividad en lo que hace relación al abandono en que Aguadas ha tenido a dicha entidad territorial a través de su historia.
Arma, para su información y la de los lectores, posee agua potable derivada del acueducto de ‘Tarcará’ en Aguadas, cuya conducción tuvo un costo de $250 millones, hace poco tiempo cambiaron las redes eléctricas en un convenio entre el municipio de Aguadas y laChec cuyo costo fue de $19 millones; y se instalaron luminarias de sodio en el casco urbano, programa que se continuará en proporción a los recursos disponibles para este fin.
Posee escuela primaria y colegio de bachillerato con modalidad Agropecuaria y muy buenas instalaciones locativas.
Tiene puesto de salud, con ambulancia, médico permanente y un eficiente servicio paramédico. Hace poco se le instaló planta de teléfonos automáticos. Se construyó un moderno edificio de comunicaciones.
Para el presente año se tiene previsto el mejoramiento del pavimento de sus calles y continuación de la reparación de sus redes de Acueducto y Alcantarillado. En cuanto al sector rural, la totalidad de las veredas aledañas tienen escuela, carretera, luz, agua y alcantarillado.
Durante el presente año se ha iniciado un plan de recuperación de sus vías rurales con inversiones cercanas a los $100 millones. Y como si lo anterior fuera poco, se han iniciado planes de recuperación y reparación de vivienda, tanto en el sector urbano como rural.
Actualmente se adelantan obras de pavimentación de la carretera Aguadas - Arma con una inversión de $2.000 millones que hemos gestionado con el gobierno Nacional siendo nuestro empeño la consecución de otros $2.000 millones que permitan concluir la pavimentación Arma - La Pintada.
La actual administración ha puesto en funcionamiento ‘Hogares Día para atención y suministro diario de alimentos a los ancianos indigentes.
De los recursos municipales se destinan partidas muy significativas para el pago de personal docente de apoyo educativo, personal paramédico y de promoción deportiva.
Si bien es cierto que los ciudadanos de Arma gozan de todos los servicios básicos también es menester considerar que Aguadas tiene alrededor de 80 veredas; una población superior a 40.000 habitantes de los cuales 4.000 viven en Arma. Por lo tanto la administración tiene que hacer una distribución equitativa de sus recursos.
Lo expresado aquí, puede ser constatado por cualquiera de sus periodistas y constituye el más fiel testimonio de que las autoridades del municipio de Aguadas y sus dirigentes no hemos sido inferiores a la suerte del Corregimiento de Arma parte vital del municipio de Aguadas cuya integridad estamos dispuestos a defender a toda costa.
Es importante destacar que nuestra última acción parlamentaria en beneficio de la zona ha sido la de garantizar los recursos para pavimentarla vía Aguadas - Arma - La Pintada en búsqueda de una mayor integración y bienestar de los habitantes de la cabecera municipal y de su corregimiento.
Igualmente se logró que en el presupuesto general de la actual vigencia se incluyera una partida de $300 millones para la construcción de un moderno centro de salud, que mejorará ostensiblemente la calidad de vida de sus habitantes.
Tenemos la convicción de que el movimiento separatista no sólo tendrá el rechazo mayoritario de todos los Aguadeños, sino también de muchas personas pertenecientes al corregimiento de Arma. Aspiramos a que los medios de comunicación colaboren en la tarea de mantener la integración territorial de Caldas.
Quedan, es cierto, muchas cosas por realizar no solamente en Arma, sino en Aguadas como es común en todos los pueblos de Colombia, que carecen de los recursos suficientes para atender todas las demandas de los habitantes.
Entendemos que este es un año electoral del cual giran muchos intereses, pero nos gustaría ver este tema desprovisto de cualquier interés partidista o grupista. Arma lo sentimos como parte vital del municipio y su integridad para nosotros es cuestión de honor (Dilia Estrada de Gómez Rep. a la Cámara. Óscar González G. Rep. a la Cámara, LA PATRIA. Manizales, 1-03-1997. pág. 4a.).

Estaba bien caliente el movimiento y le preguntaron al señor Gobernador de Caldas: “¿Piensa usted que es en serio el movimiento separatista de Arma?” El doctor Ricardo Zapata Arias respondió: “Considero que es una manifestación propia de una democracia participativa, actividades que hemos procurado atender” (LA PATRIA, Manizales, 11-04-1997. pág. 4c.).

Merced al movimiento, los dirigentes de Aguadas debieron mirar a Arma y, como lo expresaron los congresistas en su carta al director de La Patria, lograron incluir en el presupuesto un renglón para atender algunas de las necesidades del corregimiento.

Este logro de los congresistas nos hace volver con dolor al pretérito. Santiago de Arma figuraba como “corregimiento especial”; por tanto, contaba con buen presupuesto; aquí había corregidor nombrado por el Gobernador del Departamento; había tesorería, en donde se recaudaban los impuestos del predial y otros más según las normas de la época; si tenemos presente la extensión del corregimiento, el dinero aquí manejado era una suma considerable, tanto así que las autoridades de Aguadas no descansaron hasta quitarnos la categoría especial; lo convirtieron en un corregimiento municipal y así ya no contábamos con nuestra tesorería; luego nos quitaron la categoría de corregimiento municipal y nos convirtieron en vereda; ahora, ya ni somos vereda; sólo somos un “caserío especial”; algunos dolientes del pueblecito continúan indagando a quién o a quiénes les debemos este favor para grabar sus nombres en nuestras almas y, de pronto hasta para rogar por ellos para que no se los lleve el Diablo.

Como corregimiento especial no era tan dura la lucha para lograr una obra; a manera de ejemplo, recordamos la creación del Colegio.

Acababa de llegar como párroco el padre Raimundo Ortega; por coincidencia, en esa misma época llegó un político en su habitual gira proselitista; como este señor les había incumplido a los de un pueblo del oriente de Caldas en donde el padre Ortega era el párroco, el saludo de estos personajes en nuestro pueblo Arma debió ser muy simpático:  

–Y aquí, ¿qué nos va a prometer? –le preguntó el señor Cura.

Como el doctor en gira no podía perder su viaje, muy arrepentido por algunos de sus pecados, públicamente hizo propósito de la enmienda y se comprometió con las gestiones para iniciar el funcionamiento del Colegio; se abrieron matrículas y ya hemos llegado al primer cincuentenario de labores.  Con la Junta de Fomento, además, se adelantaron los trabajos del acueducto y alcantarillado; en Arma había tesorería.

Terminaron con la categoría de Corregimiento especial y, ahora, aunque sabemos que más del 60% del presupuesto del municipio de Aguadas se mueve gracias a los aportes de Santiago de Arma, deben ser muchos los ruegos para que las autoridades municipales dirijan su mirada a este “caserío especial”.

No puede negarse la presencia de algunas administraciones pasadas; pero el denominador común sí ha sido la indiferencia por este pueblo de San Antonio.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Sofócrates concluye repasando el Apocalipsis (VI,4):“Y salió otro caballo. Era de color rojo, y el que lo montaba recibió poder para quitar la paz del mundo y para hacer que los hombres se mataran unos a otros; y se le dio una gran espada”.

Llegaron los hombres a caballo con autorización para aniquilar; y así fueron desapareciendo los Cocuyes.

Y fundaron la primera población en cercanías de Damasco, en donde seguramente fue el primer sitio para la Piedra de Ara.

Luego los habitantes se dispersaron por las riberas de los ríos Arma y Buey, sitios conocidos como El Oro y Potosí; luego, en busca de mejor clima, se ubicaron en el Valle de Payuco en donde se levantó –es de suponerse– el tercer templo. Posteriormente el templo que daba el frente al Cerro de Cristo Rey y que la historia lo relaciona como destruido en el terremoto de 1938. La piedra de Ara se trasladó al sitio en donde funcionaba la escuela femenina; de aquí a Pantanillo y, el séptimo sitio, el templo actual ya restaurado.

Son siete iglesias como para recordar el número de las iglesias del Apocalipsis de San Juan.

Pero lo más importante es que, como en el texto bíblico citado cuyo mensaje es para todas las épocas, en Santiago de Arma no ha menguado la esperanza ni el aliento; si los malos tiempos han prevalecido por periodos prolongados, Jesucristo sigue reinando y el Patrono San Antonio continúa frente al pueblo en donde todavía parece hervir la sangre de Cocuyes, y que, entre agonías y resurrecciones los vecinos yerguen las cabezas para luchar, no por los papeles del pretérito, sino por la conservación del título de ciudad muy noble y muy leal; lo ha sido durante 475 años.


REFERENCIAS

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LA PATRIA. Manizales, 16-02-1997. p. 1d.

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PATIÑO MILLÁN, Beatriz A. (1987) “Colonización Antioqueña”. En: El Colombiano. La Historia de Antioquia. Medellín.

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SIERRA HERNÁNDEZ, Orlando. Punto de Encuentro. En: LA PATRIA. Manizales, 27-09-98.

VIVES MEJÍA, Gustavo (1996). Colecciones Públicas de Rionegro. Inventario del Patrimonio cultural de Antioquia. V.III. Medellín: Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia, Dirección de Extensión Cultural.

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ENTREVISTAS:
ÉUCRATES Y SOFÓCRATES (Autoridad buena y sabia) Es la información conseguida con el pueblo sabio, la más autorizada fuente de datos para la historia.


*Este proyecto proporcionado por el párroco Julio César Quintero Grisales, reposa en el Archivo Parroquial de la Iglesia de Santiago de Arma.
*Instrumento de madera regularmente compuesto de un tablero y, a cada lado, como semicírculos de hierro con sus respectivos goznes y que, al girarlo con alguna fuerza de un lado a otro produce un sonido o ruido no muy agradable al oído. En nuestra época de la niñez, la liturgia no permitía el sonido de las campanas de la iglesia desde el jueves santo a la hora de la ceremonia nocturna conocida como “el Prendimiento”, hasta el sábado santo cuando a  la media noche se cantaba “el Gloria” para anunciar la Resurrección de Cristo.

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