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UNA MIRADA A LA VIDA Y OBRA DEL DOCTOR OTTO MORALES BENÍTEZ



UNA MIRADA A LA VIDA Y OBRA DEL DOCTOR OTTO MORALES BENÍTEZ

Por: Albeiro Valencia Llano




Introducción

Este intelectual que perteneció a la Generación de la Violencia, o Generación de 1947, se convirtió en uno de los caldenses más destacados del siglo pasado ¿Cuál es la razón? Supo brillar y sobresalir en varios campos, pero especialmente en la profesión de abogado, en la cultura, en la política, en el ensayo y en el periodismo. Quienes lo conocimos valoramos al pensador, al ensayista y sus cualidades humanas. Su formación tuvo que ver con Riosucio, su patria chica. Al respecto escribió que

No puedo pensar la vida sino en función de la tierra de mi origen. A la cual además, como labriego y ganadero, he dedicado tantas horas de unción a sus preceptos telúricos. Con una ventaja que es otro de los privilegios que resguardan mis desplazamientos: ajusté mi vida a lo que soñé desde la infancia: que fueran evidentes las concordancias entre lo que pensaba y lo que predicaba o realizaba. No he obrado, ni he dicho, ni he pensado, sino lo que se ha amoldado a mi visión del mundo (MORALES BENÍTEZ, 1996, pág. 37).

Vengo de una provincia colombiana. Nací en Riosucio de Caldas. Allí me formé. Tengo el sello de la marca de comunitaria y democrática unanimidad, que allí nos congrega. Y no quiero que nadie me confunda: mi identidad no está en los papeles civiles que me entrega el Estado para avanzar por mi patria y por el mundo, sino en el sello de autenticidad de mi gente (MORALES BENÍTEZ, 1996).

Riosucio ha sido una región muy especial por su tradición histórica y cultural; viene desde las sociedades prehispánica, con enorme importancia durante el período colonial, por las minas de oro de Quiebralomo[1] (CALVO DE VANEGAS, s.n., pág. 37)y por su relación con la Vega de Supía[2] y Marmato. Además, por la vinculación de las comunidades indígenas y de la esclavitud negra a la economía minera, y por un fuerte comercio. Por estas razones la región estuvo relacionada, durante toda la colonia, con las ciudades de Mariquita, Honda, Cartago y Popayán. Cuando agonizaron las fundaciones coloniales de Cartago, Anserma y Arma, numerosos dueños de minas se trasladaron con sus cuadrillas de esclavos hacia la rica zona minera de Marmato, Quiebralomo y Vega de Supía. La existencia de numerosos pueblos de indios garantizaba el abastecimiento de artículos de subsistencia, mientras que los esclavos negros enfrentaban la tarea de extraer el oro de veta y de aluvión.

El auge de la minería produjo el desequilibrio entre minería y agricultura. Para lograr la armonía entre los dos sectores vino en apoyo el proceso de colonización antioqueña en dos direcciones, la empresarial y la espontánea. Minería y colonización se abrieron paso con mucha velocidad, integraron la región, contribuyeron a la fundación de pueblos y despertaron zonas aletargadas por el largo período colonial. Esta situación se prolongó a lo largo del siglo XIX, y las localidades de Quiebralomo, Supía y Marmato participaron en importantes hechos que tuvieron que ver con la vida nacional: colonización, economía minera, comercio, guerras civiles y conflictos sociales.

El antiguo Real de Minas de San Sebastián, llamado Quiebralomo, mantenía una seria rivalidad con la población de La Montaña, habitada por indígenas del resguardo del mismo nombre. Para poner fin a esta enemistad acordaron el cura párroco de Quiebralomo, José Ramón Bueno, y el de La Montaña, José Bonifacio Bonafont, hacer de ambas localidades un solo pueblo. Desde 1814 se iniciaron las labores de acercamiento entre los habitantes de las dos poblaciones y sólo en 1819 lograron realizar la fundación, al pie del enorme cerro del Ingrumá y con el paso del tiempo se impuso el nombre de Riosucio para bautizar la nueva población. De este modo surgió un pueblo conformado por blancos, pardos e indígenas y con profundas diferencias culturales, que se integraron en la unidad de la comarca (CALVO DE VANEGAS, s.n., pág. 41). Riosucio nació con la República, pero no rompió con el pasado sino que recogió la tradición histórica, la que se enriqueció por la presencia de numerosos extranjeros que orientaban la explotación minera, por el legado de sabiduría espiritual de los esclavos negros, por los aportes de los colonos antioqueños y por la presencia de las comunidades indígenas de los resguardos de la región. Por lo anterior Riosucio había llegado al siglo XX como una ciudad importante en los aspectos económicos, sociales, políticos y culturales e intentó disputarle a Manizales el derecho a ser la capital del nuevo departamento de Caldas. Sobre este aspecto dijo el pensador y estadista Rafael Uribe Uribe, en un debate en el Congreso en el año 1896,

Si para mejor impulsar los intereses públicos es o llega a ser necesario crear una nueva identidad administrativa que abrace el territorio comprendido entre La Vieja y el Arma, Cañaveral y Arquía y las dos cordilleras Central y Occidental, o bien hasta las riberas del Magdalena por un lado y hasta las playas del Pacífico por otro, con Pereira, Riosucio o Manizales por centro, como antioqueño no le tendré miedo a que se haga esa doble segregación de territorio (MORALES BENÍTEZ, 1984(a), pág. 61).

Después de creado el departamento de Caldas, en 1905, la región del oro continuó su desarrollo económico y social, pero surgió un nuevo factor y fue el Carnaval de Riosucio que jugó importante papel en la conservación de la tradición.

En esta tierra y en este ambiente nació OMB, el 7 de agosto de 1920, quien al respecto dice que “Allí me familiaricé con los diversos y diferentes tipos humanos de esa región que cada vez observo con más curiosidad por el potosí impresionante de sus leyendas míticas; por su heterogénea integración histórica; por su compleja trabazón étnica; por las peculiaridades en la administración y derroche de sus riquezas (MORALES BENÍTEZ, 1985, pág. 20). ¿Por qué este nombre para un caldense de pura cepa? “La única explicación, es la manía de los caldenses por poner nombres extraños. Es la tendencia a utilizar los más estrambóticos para nuestros hijos. A mí me pusieron Otto. La única explicación, es que mi papá negociaba en pieles y las despachaba para Hamburgo –Alemania-. Algún Otto le debió haber dado a ganar mucha plata y él se entusiasmó y quería que tuviera, también, buena suerte”[3].

El ambiente familiar

Sus padres fueron don Olimpo y doña Luisa. Don Olimpo fue un hombre pobre pero con su trabajo, como minero y comerciante, alcanzó un gran capital; se radicó en Riosucio localidad en la cual estableció un negocio para exportar café y cueros a Europa y se vinculó a la misma dinámica económica que tenía la población y la región[4]. Como fruto de sus afanes empresariales “importó el primer automóvil; trajo la luz eléctrica; diseñó y construyó el primer acueducto en tubería galvanizada que por aquí se conoció; instaló los más modernos servicios higiénicos; fue un precursor en servicios sociales con la gente que trabajó en sus empeños; introdujo desconocidas semillas para su vocación de ganadero” (Fundación Universidad Central, 1995, pág. 29). Pero además de sus afanes económicos don Olimpo tenía una jefatura social y cívica, pues se convirtió en una persona que arreglaba problemas de la comunidad. Por lo anterior era acatado y apreciado, no solamente en la provincia sino en el departamento, lo que lo convirtió en un líder político. Nunca pidió nada para él ni para sus hijos sino para la comunidad. Siempre estaba solucionando problemas comunitarios. A pesar de tener poder económico y político, trataba a las personas con el mismo respeto tanto a los humildes como a los poderosos. Nunca dejaba traslucir discriminación ni en el tono de la voz, ni en la manera de atender, ni en el tiempo que dedicaba a quienes lo visitaban. Todos estos valores fueron transmitidos a sus hijos, y contribuyeron a su formación.

La casa era el centro de muchas de las actividades que marcaron la vida del niño Otto y sus hermanos, pues allí estaba el acento humano, cultural y político. La circunstancia de haber nacido y vivido durante muchos años en un pueblo daba más consistencia al grupo familiar. Compartía con sus hermanos, Olimpo, William, Ligia, Omar y Armando. En esa época había pocas posadas y hoteles en Riosucio y la casa de don Olimpo siempre estuvo dispuesta para los viajeros, todas estas personas llegaban para dialogar, comer y dormir. En este ambiente aprendió a relacionarse con las personas mayores y a conversar sobre cualquier asunto.

También llegaban a su casa muchos ingleses, franceses, suecos, holandeses, alemanes y norteamericanos, que visitaban las minas de oro de Riosucio, Supía y Marmato. Estos extranjeros hablaban sobre sus países, formas de gobierno, religión y costumbres y a don Olimpo y su familia se les ensanchaba el mundo. Mientras tanto el sacerdote predicaba que los visitantes extranjeros eran herejes, pues no pertenecían a la iglesia católica, y el niño Otto entraba en contradicción porque comprendía que había otras religiones, diferentes maneras de concebir la vida, otras culturas. Pero a cambio iba recibiendo un caudal de información que los demás no podían apreciar porque miraban con sospecha a dichos extranjeros[5]. Estos primeros años de su formación al lado de su padre los recuerda con especial cariño:

 Nuestro padre era hombre de negocios, lejos de afanes y devaneos intelectuales. Pero vivía informado de hechos y tesis que circulaban por el mundo. Tenía su oficina en la parte baja de nuestra casa. Era centro de desvelos cívicos y de batallas políticas. Por ella pasaba, sin exclusiones, el mundo abigarrado, popular y lleno de gracia, de mi pueblo. Y era lugar de cita y de refugio de toda la comarca del occidente de Caldas.

Nunca escuché un trato diferenciado para nadie: ni por su poder económico, ni por su prestigio personal, ni por su ascendencia política, ni por el señorío natural que emana de la presencia en ciertas personas. A los humildes se les recibía con igual euforia en el coloquio. Allí escuché los más extraños diálogos. En torno de los complicados asuntos de la vida y de la muerte (MORALES BENÍTEZ, 1985, págs. 19-20).

Desde muy niño participaba de la vida cotidiana en Riosucio y la oficina de su padre, situada en el primer piso de la casa, se convirtió en la mejor escuela pues por allí pasaban personajes de diferente condición social, económica y cultural. Encaramado en unos bultos de café, escuchaba innumerables conversaciones llenas de colorido. Los arrieros que llegaban con sus recuas cargadas de café y cueros, siempre traían nuevas noticias. Para OMB éstos fueron personajes centrales de su niñez

Cómo me enriquecieron con el relato de sus hazañas. Ellos eran correo y advenían con los mensajes de amor, de los negocios, de las fiestas públicas. Contaban cómo estaban los caminos y cómo se comportaban en las complacencias lujuriosas las mozas de las fondas. Aprendimos mucho acerca de los lances del galanteo. A la vez, ellos servían de periódicos: repartían las noticias (MORALES BENÍTEZ, 1985, págs. 20-21).

También llegaban los campesinos con sus conversaciones sobre la cosecha de café, sobre las semillas, el ganado y el clima. Hacían presencia permanente los mineros pobres que trabajaban como barequeros y los dueños de minas. El minero no pierde la esperanza.

Cuando uno piensa en el ambiente que se desarrollaba en la oficina (compra de café y pieles y depósito) de don Olimpo Morales, en los numerosos personajes que cotidianamente pasaban por dicho establecimiento y en la algarabía que armaban, entre otros, los arrieros y mineros, se puede concluir que allí nació la “carcajada homérica” de OMB (LANDÍNEZ CASTRO, 1996). Estos personajes que producían asombro por sus narraciones, por los adjetivos violentos, por las hazañas exageradas, por la novedad en su lenguaje, seguramente impresionaban al niño Otto quien escuchaba atentamente, mimetizado entre los bultos de café y los fardos de cueros. Seguramente en esta escuela de la vida se fue formando ese ameno conversador, de risa fácil, que se precipita, como una cascada, en estruendosa y descomunal carcajada. Seguramente las tertulias en la oficina de su padre lo formaron para que confiara en los demás, imprimieron en su carácter el permanente entusiasmo, le transmitieron la alegría de vivir, y le infundieron el desbordante optimismo.

De niño, estudió en la escuela pública de su pueblo, por ello “no entendía de élites, ni de castas, ni de privilegios”. Sobre esta etapa de su formación escribió:

Allí estábamos unidos en unas largas bancas de un guayacán que, sin pulimento, nos congregaban sin diferenciaciones, tratando de ordenar unas sílabas para más tarde avanzar hacia el misterio de la cultura. Mi colegio de bachillerato fue pobre, sin alardes, con censuras eclesiásticas y políticas. No teníamos bibliotecas, ni contábamos con ayudas técnicas para apoyar nuestro apremio de conocimientos (VÉLEZ, 1996, pág. 140).

La formación escolar se complementaba con los frecuentes viajes que hacía acompañando a su padre para realizar transacciones comerciales:

Nosotros estábamos muy niños y con mis hermanos íbamos en caravanas con él, por caminos estrechos, custodiados por montañas realmente asombrosas por su profundidad... El terror cruzaba por nuestras almas infantiles. Y no sé; pero tengo la sensación de que mi padre presentía cuando la angustia ya iba a aparecer en la lágrima. Era cuando gritaba una frase que me ha servido tanto en la existencia para detener algunos de los desniveles angustiosos que he tenido: “Esto es para hombres”. Y se reimplantaba el deber de ser severos y de no permitirnos ninguna liviandad en el terror que nos producía la vida. Esos viajes fueron pedagógicos, porque me descubrieron parte esencial de cómo es el país, de cómo es de arrugada su geografía, de cómo son sus tipos humanos, de cómo es el denuedo de las gentes en el trabajo, de cómo hay una parte de sueño que gobierna la vida de cada uno: de los poderosos; de aquellos que la vida les ha negado contingencias amables; de quienes no tienen posibilidades de soñar. Estos viajes me pusieron en contacto con el amor a la naturaleza, que he conservado, que se unía con las vacaciones que pasábamos, en una finca de tierra caliente que él poseía. Allí aprendí a amar a los animales; el diálogo con las personas en un mismo plano de respeto humano, sin ningún privilegio para levantar la voz contra nadie (Fundación Universidad Central, 1995, pág. 30).

La Vida cotidiana en Riosucio y Popayán

Durante estos primeros años de su vida en Riosucio estuvo en contacto permanente con los mitos del pueblo y de la región. Lo ayudaron a formar los mitos de los campesinos que se refieren a la tierra, entre éstos se destacan los de la “pata sola” que defiende el bosque, es enemiga de cazadores, mineros y colonos, no le gustan los aserríos, ni las siembras en la montaña. Pero los mitos que más le impresionaban eran los de los mineros porque “tienen un poder más dinámico que el de los campesinos: son más poderosos en su acción”. Sobre este aspecto anotó que “Pasé mucho tiempo cerca de los mineros de Supía y de Marmato. A ellos, escuchaba relatos escalofriantes sobre el amor, en medio de las noches bohemias” (MORALES BENÍTEZ, 1985, pág. 31). Durante su niñez vivió rodeado de mitos y espantos:

La fe nos permitía aceptar muchas de las leyendas que circulaban entre nuestras gentes y las repetían con convicciones. Algunos se habían especializado en contarlas con cierta macabra teatralidad. Entonces, aumentaban nuestras aprensiones. La noche se entenebrecía con el terror; agudizaba la imaginación; despertaba más angustias espirituales.

Los mitos, los cuentos de Sebastián de las Gracias y los que se habían tomado de la literatura universal, circulaban como parte de la pericia de quienes los relataban. Existían algunos que eran verdaderos magos para trasmitir el sentido, agudeza y alcance de aquéllos. Suspenso en las palabras; gritos espectaculares; lanzamientos de sombreros y ruanas al espacio; brincos y desplazamientos sin barreras; la luz que se apagaba. Todo servía para conturbarnos. Y pasábamos atados al miedo, a la gracia y a la espectacular y dinámica manera de contar. Hoy, pensamos que eran expertos en el manejo del relato, con verdadera vocación teatral.

Muchos consideran que la aparición de la luz eléctrica rompió el encanto de los espantos. Estos necesitaban el amparo de la noche; la cautelosa penumbra; la soledad de las vías; el desplazamiento libre (MORALES BENÍTEZ, 1995, pág. 451).

La vida en la aldea y en el poblado contribuyó, desde otros ángulos, a la formación de OMB. Recuerda las hazañas de Jesús Reyes un héroe popular en el manejo de la peinilla “que hace parte de la vida de los pueblos como los caballeros, los gobernantes, los santos y otros varones de tantas calificaciones”:

Lo recordamos en los días de mercado y en las ferias, esgrimiéndola, convocando a todos sus enemigos. Era un espectáculo de lo real maravilloso, para seguir hablando en los términos de nuestra novelística indoamericana. Lo evoco con su sombrero blanco, tirado hacia atrás. La frente descubierta. Los ojos brillantes, con centelleante ira. Sus manos tensas, con el alma levantada como pendón o bandera. Con la ruana en la mano izquierda, enrollada para detener golpes y con ella incitar al contendor. Se sentía que un hálito de furia grandiosa circuía la figura del combatiente. Se paraba con aire de dominador de la escena pública. Se detenía el aire, cubriéndolo una atmósfera de terror que parecía darle un marco de grandeza. Nadie se atrevía a irrumpir esos lados donde el brusco heroísmo ejercía su poder dinámico. Era una figura de leyenda. Necesita un biógrafo humano que lo clasifique dentro de la galería de los invencibles (MORALES BENÍTEZ, 1995, pág. 446).

Otros personajes que lograban atraer la atención del niño Otto, que conseguían conmover su espíritu, eran los voceadores que se movían por las calles y parques: “Iban trasmitiendo a través de una bocina, las noticias de lo que sucedía en la política, en los espectáculos públicos, en el comienzo del día, en el inmediato de la tarde, en la noche. Eran los que comprometían la atención del distraído; devolvían la voluntad de los débiles; amarraban la decisión de los incautos. Ese hombre era un periodista a voces (MORALES BENÍTEZ, 1995, pág. 447).

Cuando OMB recuerda estos personajes que lo inquietaron de niño, destaca la necesidad de reconstruir ese mundo de fantasía y de terror: “El relato oral, salvará del olvido parte de la grandeza –misterios y espantos- de nuestro pueblo, se enriquecerá la literatura con la fantasía. El material permite el goce de los mayores recursos literarios. Será obra que perdurará dentro del fabular nacional” (MORALES BENÍTEZ, 1995, pág. 452).

Otro aspecto de trascendental importancia para moldear la personalidad de OMB fue el Carnaval de Riosucio, la fuerza de la cultura popular riosuceña. El Carnaval tiene un período largo de preparación: durante varios meses se excita la opinión con decretos, en verso, que se leen semanalmente. Después se crea la “República Carnavalesca”, con su propia constitución, leyes y reglas. Finalmente, el Carnaval está presidido por “El Diablo” que hace su entrada al pueblo en medio de espectaculares manifestaciones populares (MORALES BENÍTEZ, 1984(b)). El fenómeno del diablo del Carnaval no es cualquier cosa, es algo profundo, porque es una fuerza mítica metida en el alma de un pueblo. El Carnaval es el canto, el verso y el decreto popular, una cultura colectiva frente a la vida.

No hay riosuceño que no haya sentido su influjo. Su presencia es de un dictatorial valor emocional en la vida de todas las criaturas de esta comarca. Nuestro ‘Diablo del Carnaval’ no es un diablo cualquiera; ni un pequeño duende embrujado en la leyenda... Nuestro ‘Diablo’ no es un ‘diablo’ ideado para que la humanidad sufra, padezca, se contorsione de vergüenza. No es el del remordimiento; ni el que impulsa al ascetismo; ni el que tortura la conciencia. Al contrario, este ‘Diablo del Carnaval’ es gozoso. Está lleno de picardía humana. Despierta y espolea las flaquezas riosuceñas y gozosas de los hombres y de las mujeres. Pero no se inclina por una perversa mirada hacia el mundo (MORALES BENÍTEZ, 1984(b)).

OMB puntualiza sobre el Diablo del Carnaval que

El diablo advierte que no es vindicativo como el católico. Que no pedirá cuentas a nadie. Que no peleará contra las creencias de las gentes que participan en el derroche colectivo. No exigirá fidelidades. Su divisa es que temporalmente cada quien escoja la ruta de su dicha. Después, abandona el pueblo y lo deja sumido en el manejo de las autoridades civiles y del diablo católico. Esas son fuerzas míticas, profundas, que gobiernan mi mundo interior (MORALES BENÍTEZ, 1985, pág. 32).

Otros factores enriquecieron la vida cultural de OMB. Su padre recibía paquetes con periódicos y revistas que llegaban de Medellín, Manizales y Bogotá. La familia se turnaba para la lectura y las crónicas y noticias eran devoradas con velocidad y deleite. Nada escapaba al análisis: ni los editoriales, ni los textos literarios. Pero, además, en Riosucio había periódicos locales. En sus páginas se planteaba el triunfo del socialismo y se escribía “sobre lo divino y lo humano”. “Teníamos semanarios que dirigían escritores de prestigio nacional, abogados eruditos, gentes con la mayor preocupación por estar atentos a la escena cultural” (MORALES BENÍTEZ, 1985, pág. 35). También llegaron a Riosucio los silleteros de los libros:

Llevaban éstos a sus espaldas. Se presentaban en nuestras aldeas el día del mercado. Su producto lo extendían a la vista. Nuestros campesinos, entre familias de la misma vereda, se ponían de acuerdo para alquilar ciertos volúmenes y turnárselos en la semana. Se leía en la cercanía de una vela, o al caer la tarde. En grupos familiares, generalmente al pie del fogón, mientras las mujeres adelantaban los trabajos cotidianos; así se fraguó la gran cantidad de relatos de lances, trasgos, leyendas míticas, y se conservó la pureza del habla en Antioquia y Caldas. Así se conformó, igualmente –al menos en Caldas- la tendencia media de la población por la buena prosa, la oratoria engallada, los símiles literarios, aun cuando éstos no rocen lo cuotidiano, fraguado de angustias y precariedades (MORALES BENÍTEZ, 1985, pág. 38).

OMB conoció muy bien a estos silleteros pues dialogó con ellos durante muchas horas, en torno de las obras que llevaban y de su contenido y al respecto anota que, con el tiempo, se dio cuenta de que no conocían exactamente el alcance de su culta mercadería. “Pero poseían la intuición de qué deseaban las gentes, hacia dónde se inclinaba la predilección de los lectores” (MORALES BENÍTEZ, 1985, pág. 38) ¿Qué tipo de obras integraban las bibliotecas ambulantes? Novelas, historia, ensayos y poesía. Sobresalían Víctor Hugo, Severo Catalina, Lope de Vega, sor Juana Inés de la Cruz y Vargas Vila. Sobre el alcance de esta literatura escribió: “Así nos formamos. Y no existía posibilidad de escoger. Estábamos subordinados al rigor de esas bibliotecas de lance, a las cuales nos seguimos asomando y que contribuyeron a despertarnos esa multiplicidad de conocimientos que nos vedaban las duras censuras de esos días (MORALES BENÍTEZ, 1985, pág. 39).

Inmerso en esa localidad, tan rica culturalmente terminó sus estudios en la Escuela Pública de Varones e ingresó al Colegio Oficial de Varones, en 1933, para iniciar sus estudios de bachillerato. Estimulado por el ejemplo de su padre quien dirigía el partido liberal en Riosucio, organizó el grupo la “Guardia Roja” con sus compañeros liberales del colegio. Con el ímpetu y la fogosidad de sus 14 años recorrieron veredas, caseríos y corregimientos, levantaron el censo político, organizaron los campesinos y explicaron el proceso de la “Revolución en marcha”. Esto en un municipio de mayorías políticas conservadoras. Pero el joven Otto tenía una amplia visión del mundo y las montañas de Riosucio frenaban sus deseos de acercarse más a la educación y a la cultura, a otras bibliotecas y educadores. Los jóvenes de provincia estudiaban en Bogotá, Medellín y Popayán por lo que seleccionó esta última población para continuar sus estudios secundarios.

Arribar a Popayán no fue casual, pues Riosucio había pertenecido al Estado Soberano del Cauca y Popayán seguía siendo el centro político y cultural. Llegar de una población de la civilización de guadua y bahareque a una ciudad donde resplandecía la historia, los edificios coloniales y la gloria literaria de la “ciudad fecunda” del Maestro Valencia, deslumbró al joven Otto Morales.

Tan pronto llegó a Popayán, se dedicó a estudiar la ciudad, sus grupos sociales, la vida cotidiana, los sectores políticos y la situación del partido liberal. A sus 16 años, entendió que la ciudad era religiosa, tradicional, muy conservadora y combinó el estudio en el colegio con la militancia política en el partido liberal.

Organizó cursos de capacitación sindical en la Federación del Trabajo en el Cauca, al lado de Álvaro Orejuela Gómez, Luis Carlos Pérez y Ramón Marín Vargas. Al mismo tiempo, colaboraba en el semanario payanés “Cauca Liberal” y enviaba artículos para El Liberal, de Manizales y para La Unión de Riosucio. Al año siguiente, se vinculó más intensamente con la prensa regional escribiendo sobre el momento político que estaba viviendo. Así, colaboraba permanentemente en el periódico Orientación Liberal que fundó en Popayán Luis Carlos Pérez, y apoyaba a Darío Echandía para la presidencia de Colombia, como representante de las izquierdas del país. A la edad de 17 años, era orador en las manifestaciones políticas de la ciudad.

Escribió un artículo que lo llenó de satisfacción: su primer trabajo sobre crítica literaria acerca de Sacha Yegulev y las revoluciones. Hizo parte de centros literarios, vivió las llamadas tertulias que abundaban por la presencia tan fuerte de la historia y la literatura. La discusión en grupos de estudios le ayudó para incursionar en el campo del ensayo (MORALES BENÍTEZ, 1979, pág. 374).

En el año 1938, el joven Otto Morales siguió madurando como político y como ensayista.  Le invitaron a colaborar en La Patria, de Manizales, y se convirtió en colaborador permanente de El Liberal, de Popayán, donde sus artículos se publicaban como editoriales.  Mientras tanto, en Manizales se organizó una tertulia literaria en torno a la revista Atalaya, que dirigía el escritor Gilberto Agudelo, y el Joven Otto Morales fue invitado a participar en ella (Fundación Universidad Central, 1995, pág. 378).

En 1938 estaba culminando sus estudios de bachillerato y ya tenía serios problemas con algunos de sus profesores debido a su militancia política y a sus ideas. Además, la tradicional ciudad de Popayán tenía unas fronteras culturales que limitaban la fogosidad del joven intelectual, quien ya estaba pensando en iniciar sus estudios universitarios en otra ciudad.

Su formación académica y cultural en Medellín

El joven estudiante quería continuar los estudios en Bogotá pero, finalmente, se inclinó por Medellín; esta decisión la explica del siguiente modo:

Mi propósito estaba dirigido a concluir los estudios en Bogotá. Pero cuando me confundí con las gentes de Medellín, sentí que ese era mi centro vital. Fue como un imperativo de la existencia. No tuve dudas. Recibí el estímulo de Monseñor Manuel José Sierra –fundador y rector de la Universidad Pontificia Bolivariana- Me quedé a la sombra de los abuelos. Antioquia, para la mayoría de los caldenses, es como la gran madre, acunadora de ternuras, de sueños e impulsadora en el afán creador. Así lo sentí en lo más profundo y entrañable de mi ser. No podía vacilar en mi destino (MORALES BENÍTEZ, 1979, pág. 370).

A la edad de 19 años ingresó a la Universidad Pontificia Bolivariana a estudiar Derecho e inmediatamente fue nombrado profesor de literatura colombiana, española y universal. Sobre esta experiencia escribió:

Desde la primera clase, sentí el ímpetu y la vocación de transmitir; de compartir lo que estudiaba y lo que creía, con unos seres que estaban allí, abiertos a la ambición de aprender. Comprendí desde el primer momento, que la honesta transmisión de los conocimientos era el mandato que había recibido y que una permanente alegría intelectual debía sacudir mis palabras. Fue una bellísima experiencia: apenas tenía unos pocos años más que las gentes que asistían a mis clases. Estas, me disciplinaron para el razonamiento; me obligaron a investigar; leí demasiado. Me ayudaron, con auxilios insospechados, a acendrar mi ambición de escribir (VÉLEZ, 1996, pág. 141).

Sus estudios en la universidad y la docencia le dieron la preparación y la osadía para colaborar en los periódicos. Escribió su primer artículo en El Colombiano por invitación del director, Fernando Gómez Martínez, quien era su profesor de Derecho Constitucional. Además, los fines de semana viajaba a Riosucio para presidir, como orador, las manifestaciones políticas.

Hubo un hecho de trascendental importancia que ayudó a orientar su quehacer cultural. El doctor Gómez Martínez le encargó, en compañía de Miguel Arbeláez Sarmiento su condiscípulo en la Facultad de Derecho, la dirección del suplemento Generación, de El Colombiano. OMB aceptó el reto, a sus 19 años, y se lanzó a su primera gran aventura como escritor dirigiendo estas páginas culturales, que aparecieron en junio de 1939 y continuó su existencia hasta abril de 1942.

Generación apareció como un movimiento local de alcance nacional y sus directores estaban sumergidos “entre las duras montañas”. La tarea era difícil porque les tocó actuar “sometidos al poder de tres generaciones que coincidían en su influencia sobre el pensamiento colombiano. De suerte que estábamos requeridos por demasiadas y bien parceladas inquietudes”: la del Centenario que venía de diferentes corrientes, unos eran humanistas clásicos y otros estaban influenciados por Inglaterra y Francia, pero consideraban a Indoamérica como su patria (MORALES BENÍTEZ, 1991(a), pág. 20). Estos intelectuales heredaron parte del modelo del siglo XIX y principios del XX: el peso de los regeneradores, la influencia de la Iglesia, el radicalismo liberal, el pasado español, el nacionalismo, el antiimperialismo y el discurso preburgués.

Los Nuevos “eran el sentido de lo moderno en la literatura y en la relación social. Respiraban hondo el aire de las innovaciones... Lograron en arte, en teatro, en pintura, en crítica, dar una imagen de nuestra cultura. Esa lid era bien arriscada, pues apenas estábamos saliendo del costumbrismo en la literatura y en la vida” (MORALES BENÍTEZ, 1991(a), pág. 20).

La otra generación es la de Piedra y Cielo. Comprende un grupo de poetas que nacieron entre 1908 y 1914 y participaron en la vida pública a partir de 1935. Estaban nutridos de “idénticos o semejantes alimentos tradicionales y renovadores”. Por supuesto que estas tres generaciones de intelectuales pesaban mucho sobre los jóvenes directores de Generación.

Dirigir Generación era un reto difícil, sobre todo en ese momento, cuando el país era más urbano y, por lo tanto, los intelectuales venían asumiendo un papel más protagónico. Sin embargo, los jóvenes directores de la revista, estudiantes de la Facultad de Derecho, asumieron la tremenda responsabilidad. El primer paso en esta dirección fue, sumergirse en la lectura, buscar las fuentes, la información, el conocimiento, las corrientes intelectuales.

Las fuentes eran ricas y variadas, pues durante esos años se vivía “una verdadera orgía editorial” en América y en Europa. Las más abundantes venían de España, Argentina y México. Leían sin reposo sobre diversos campos: sobre economía, sobre política, sobre sociología y sobre antropología. Las ciencias sociales ya irrumpían en el ambiente universitario y la literatura era, posiblemente, la más abundante. Pero ¿En dónde obtenían Otto Morales y Miguel Arbeláez el material para sus lecturas? Dos bibliotecas prestaban el concurso: la de la Universidad Pontificia Bolivariana y la de la Universidad de Antioquia. “Las visitábamos diariamente. Todo lo que implicara novedad, lo tomábamos en préstamo para ponerlo a circular en las páginas de nuestra gaceta. Esta, la repartíamos a multitud de países y escritores. Todos nos alimentaban con inéditas noticias culturales. La influencia cultural era permanente (MORALES BENÍTEZ, 1991(a), pág. 64).

En El Colombiano había un ambiente adecuado y agradable para escribir, diseñar y producir el suplemento. Pues este diario era un periódico próspero de provincia. Su imagen se estaba consolidando frente a la competencia nacional de los diarios de Bogotá. “En Medellín se insistía en entregar al público unos números que reunieran la sabiduría de las novísimas técnicas, sin olvidar que debían tener su vigor regional. Su carácter comarcano, no le impedía un acento universal en los problemas” (MORALES BENÍTEZ, 1991(a), pág. 63).

La formación del escritor y del político

Con la madurez y el rigor obtenidos a través de las lecturas y de las tertulias, el joven Otto Morales escribe, desde 1939, en todos los géneros periodísticos; editorializa cotidianamente en el diario liberal El Heraldo de Antioquia y publica en El Colombiano su columna Vientos contrarios. Durante este año participó en las campañas liberales de Antioquia y tuvo la fortuna de conocer a su prima Livia Benítez Jiménez, quien más tarde sería su esposa (Fundación Universidad Central, 1995, pág. 379).

El año 1940 lo vivió intensamente. Intervino como orador en una gran manifestación en Medellín, en conmemoración del 26º aniversario de la muerte del caudillo liberal Rafael Uribe Uribe. Como representante de la Federación de Estudiantes expuso las tesis universitarias. Participó en un ciclo de conferencias en el famoso Instituto Universitario de Caldas, en Manizales, en compañía de los prestigiosos oradores y políticos: Silvio Villegas, Fernando Londoño, Gilberto Alzate Avendaño, Hernán Jaramillo Ocampo y otros. Escribió varios ensayos acerca de la política descentralista en Caldas, algunos de ellos fueron publicados en el diario El Espectador, continuó con sus estudios en la Facultad de Derecho y con la dirección del suplemento Generación (Fundación Universidad Central, 1995, pág. 379).

A los 20 años, Otto Morales se había destacado en varios géneros literarios: en el ensayo, en el periodismo y en la oratoria. “Pero entre ellos sobresale de manera preponderante, el ensayo, como su instrumento favorito de expresión, debido a la especial conformación mental del autor y, también, por la afortunada amalgama del pensador y el literato que permanentemente en él alientan” (LANDÍNEZ CASTRO, 1996, pág. 34).

Llegar al ensayo, género “más emparentado con las ideas, que la bulliciosa transmisión de sentimiento o abstracciones literarias” le ayudó al joven Otto Morales a separarse de la influencia del grecolatinismo. “En Medellín me encaré a otros problemas bien claros. Se escribía frente a la realidad, sin que ello implicara desdeñar un cierto grado de rendición a lo estético. Pero se imponía el orden, la clareza, la limpieza en la escritura, no perderse en los devaneos artificiales. Sin abandonar el tono lírico si es indispensable, pero con dosificación” (MORALES BENÍTEZ, 1996, pág. 46).

El año 1942, es de toma de decisiones para OMB quien ya había superado la adolescencia. En el mismo año se publicó el último número del suplemento Generación, porque sus directores comenzaron a presentar los preparatorios. Desde otro campo se sumergió con más ímpetu en la carrera política a favor de la campaña de Alfonso López Pumarejo y en esta dirección recorrió numerosos municipios de Antioquia y de Caldas en compañía de los jefes nacionales del partido.

Al año siguiente se sumergió en la elaboración de su tesis de grado y comenzó a editorializar en La Mañana, periódico del liberalismo caldense, editado en Manizales bajo la dirección de Ramón Marín Vargas. Finalmente, el 2 de diciembre de 1944, recibió su grado de abogado con la tesis Comentarios a la Reforma Constitucional. Se refiere al proyecto presentado al Congreso por el ministro Alberto Lleras Camargo y que luego se convirtió en la Reforma Constitucional de 1945 (Fundación Universidad Central, 1995, pág. 1995). No hubo celebración porque acababa de morir una tía, hermana de don Olimpo, pero cenaron en familia en compañía de Livia Benítez. El título de abogado y la formación adquirida a lo largo de su carrera, le habían dado enormes satisfacciones. El Derecho había contribuido a su formación en dos campos: la literatura y la política.

Concluidos sus estudios de Derecho, los caldenses reclamaron la presencia de OMB y éste se trasladó a Manizales, ciudad donde estaban radicados sus padres y hermanos desde 1939. El joven abogado fue bien recibido en Manizales.  Don Olimpo vivía en una casa grande ubicada en la Avenida Santander y allí se instaló. Su padre lo relacionó con personas muy importantes de la vida política, económica, y social y con algunos intelectuales. Sobre esto escribió:

El mantenía relaciones con los más diversos grupos humanos. Igualmente, como don Olimpo, había hecho y seguía haciendo política, me vinculaba a los jefes del gobierno. Por lo tanto, tenía mucha actividad en los días que pasaba en la ciudad, pues viajaba a la ‘Hacienda El Jardín’ a terminar de pasar mis vacaciones. Como yo hacía parte del grupo ‘Atalaya’, que dirigía Gilberto Agudelo, encontraba otro grupo que me acogía y con sus intelectuales compartía parte del diálogo.

Como durante tantos años escribí en ‘El Colombiano’ y dirigí el suplemento ‘Generación’, fui comisionado por ‘El Espectador’, de Bogotá, para hacer en Manizales, una serie de reportajes sobre problemas económicos con los hombres más importantes de la ciudad. Esta circunstancia me vinculó con ellos. Sin ser amigo, era recibido en las mesas de sus tertulias en el café ‘El Polo’. Así extendí más conocidos. Algunos terminaron de amigos. Entre estos personajes entrevistados recuerdo a Alfonso Jaramillo Arango, gobernador de Caldas; Emilio Latorre, exgobernador y gerente del Banco Agrícola; Sinforoso Ocampo, gerente del Banco de Colombia; Gustavo Mejía Jaramillo, médico, autor del libro ‘A través de mi lente’; José Restrepo Restrepo, hombre de negocios, gobernador, senador, director de La Patria; Antonio Álvarez Restrepo, gerente de ‘Luker’, y más tarde ministro y Guillermo Ocampo Avendaño, alcalde de Manizales, creador de industrias, jefe liberal.

Al llegar a Manizales, el Maestro Silvio Villegas le pidió a Rafael Lema Echeverri que quería hablar conmigo, en caso de que visitara el periódico. Así se cumplió. Al día siguiente, apareció, al lado del editorial, una elogiosísima nota consagratoria que me ponía por los cielos. Cuando llegué al café, me arrimé a saludar al Maestro Silvio y darle las gracias. Me hizo sentar con sus amigos. Quedé vinculado al más importante grupo de jefes conservadores y escritores. Me dijo el Maestro Silvio: el periódico está a su servicio y será un placer acompañarlo en sus afanes intelectuales. Era a los dos o tres días de llegar, después de mi grado en la Universidad Pontificia Bolivariana[6].

El joven abogado en Manizales

¿Cómo eran la ciudad de Manizales y el departamento de Caldas en 1945? La ciudad se había modernizado a causa de los incendios de 1925 y 1926. Como consecuencia se levantó una ciudad moderna gracias a los esfuerzos de sus habitantes y al apoyo del gobierno nacional. Manizales y el departamento contaban con los recursos derivados de la economía cafetera y del comercio de importación, por lo tanto los sectores dirigentes se volcaron hacia la magna obra de la reconstrucción. A esta vasta empresa se vincularon muchas firmas nacionales y extranjeras que habían contratado a ingenieros y arquitectos con diferentes estilos y, como consecuencia, se construyó una ciudad peculiar, con un centro urbano del llamado “período republicano tardío”.

Sobre el soporte económico creado por el café y el comercio, se hicieron importantes aportes en los campos de la educación y la cultura para continuar la obra de la primera generación de intelectuales, a principios del siglo XX. En esta etapa surgieron los Juegos florales, la Revista Nueva y Motivos, donde se consagraron escritores como Tomás Calderón, Jesús Arenas, Arturo Suárez, Samuel Velásquez, Aquilino y Alfonso Villegas, Emilio Robledo, Juan Pinzón y muchos otros. A partir de la huella dejada por estos escritores, se abrió paso una nueva generación de hombres de letras conocidos, muchos de ellos, por el interés en incursionar en la política. En esta dirección crearon periódicos y revistas con el fin de influir en el departamento y en el país. Se puede afirmar que esta nueva generación de intelectuales se formó alrededor de los diarios, de las revistas especializadas y de las abundantes tertulias y veladas literarias que actuaban en Manizales, Salamina, Riosucio, Manzanares, Pereira y Armenia.

Ese gran movimiento cultural, conformado por grecolatinos y escritores de las capas media y del pueblo, que empezó a ser vigoroso en 1930 y alcanzó un punto alto en 1945, fue conocido como “Meridiano Cultural”. Este era el ambiente intelectual que le correspondió vivir a Otto Morales cuando se radicó en la ciudad y en él se sumergió como político, como ensayista y como orador. Sobre Manizales y la región caldense de ese momento escribió lo siguiente:

Manizales y el Gran Caldas gozaban de un gran prestigio en la vida colombiana. Tenían unas tradiciones y un ímpetu que he tratado de recoger en varios de mis libros. Irradiaban un fulgor especial en la nación. Exploremos algunos pocos de sus aspectos. Se sostenía que por allí pasaba el ‘meridiano cultural de Colombia’. El hecho intelectual es que existían grupos de derecha y de izquierda, que ejercían una acción mental muy dinámica. Algunos de sus oradores tenían un prestigio que mantenía atenta la imaginación de los colombianos. Se escribía una prosa de excepcional brillo, y con caracteres muy peculiares. La riqueza del café –éramos los primeros productores en el país, antes de la división que nunca me ha convencido de sus bondades- nos daba un sitio excepcional. La injerencia en la economía era de signos muy calificados. Y brillaban grupos, liberales y conservadores, de jefes muy destacados; políticos, hombres de gobierno, empresarios, pensadores, gentes de acción (MORALES BENÍTEZ, 2000(a), págs. 62-63).

Cuando los liberales de Manizales advirtieron que el joven político e intelectual había culminado sus estudios, inmediatamente lo invitaron a participar en la administración municipal. En efecto, el 15 de enero de 1945, cuando se encontraba de paseo en Riosucio, recibió el nombramiento de Secretario de Gobierno de Manizales. Al respecto el diario liberal La Mañana, publicó la siguiente nota:

Morales Benítez nuevo Secretario de Gobierno.

Fue nombrado ayer por el nuevo alcalde Doctor Temístocles Vargas. El Doctor Morales Benítez es una distinguida unidad de las juventudes intelectuales de Caldas y recientemente adquirió su título en Ciencias Políticas y Sociales, en la Universidad Bolivariana, donde dejó amplio prestigio. El Doctor Otto Morales Benítez se encuentra actualmente fuera de la ciudad, pero llegará a Manizales en el curso de la presente semana con el fin de conferenciar con el alcalde y decidir sobre la fecha en que tomará posesión del cargo. En todos los círculos políticos el nombramiento ha sido recibido con satisfacción[7].

Pero OMB no aceptó el nombramiento y envió al alcalde una extensa carta en la cual dejó planteado lo que iba a ser su futuro político en el departamento de Caldas. Aunque en la carta OMB expuso con vehemencia y claridad las razones que le impedían aceptar el cargo, hubo un punto que no planteó. Su padre, don Olimpo, le había dicho: “No se le olvide que al hombre no le dan sino tres enfermedades mortales: el juego, la minería y la empleomanía”. Satisfecho se fue a descansar a la finca familiar El Jardín, en el municipio de Filadelfia, Caldas. Allí rodeado de potreros, caballos, libros, riachuelos y del poderoso río Cauca, empezó a analizar la difícil situación del país.

Ingreso a la vida política

En esta época el Partido Liberal venía padeciendo una tremenda crisis, en la segunda administración del presidente Alfonso López Pumarejo; el partido se fue resquebrajando y los coletazos se sintieron en el departamento de Caldas. Aquí querían renovar y oxigenar el partido pues se estaba disolviendo en las manos de los dirigentes tradicionales. En varios municipios del occidente caldense empezaron a mirar al joven abogado OMB, quien no tenía compromisos con nadie, como la persona capaz de orientar el deteriorado partido liberal. Mientras se encontraba descansando en la finca de la familia, lo sorprendió el siguiente telegrama de la Dirección Liberal de Riosucio (enero 25 de 1945):

Acaba sellarse unión liberal, proclamando joven prestigioso caudillo liberal Doctor Otto Morales Benítez. Lanzamos manifiesto, despertando general beneplácito. Liberalismo encuéntrase dispuesto librar batalla imponer candidato representa liberalismo, honestidad, restauración política[8].

Las simpatías por el joven liberal siguieron aumentando y el 30 de enero el Directorio Liberal del Departamento lo nombró Jefe Departamental del Debate. Este hecho tenía una gran importancia: se trataba de dirigir la política en 42 municipios y Otto Morales sólo tenía 24 años. ¿Cuál era la causa de estos honores?  La Dirección Liberal y los liberales caldenses habían saludado su gesto de no aceptar el cargo burocrático de Secretario de Gobierno del municipio. Frente a este nuevo reto OMB consultó con su padre, don Olimpo, hombre curtido en muchas batallas políticas, quien le dijo:

Es una gran exaltación, además le dan a usted la oportunidad de entrar a la Jefatura y va a recorrer el departamento y lo conocerán en todas partes. Mejor dicho le van a hacer un nombramiento para promoverlo. No he visto un tipo más de buenas en la vida que usted, piénselo porque además hay dos divisiones liberales muy profundas[9].

Por supuesto el nombramiento lo entusiasmaba porque entraba de lleno al quehacer político, por la puerta grande. Pero le preocupaban las dos divisiones liberales que existían en el departamento. Además, no lo conocían ni los dirigentes municipales, ni el pueblo liberal. La disidencia liberal estaba dirigida en Manizales por Federico Mejía Trujillo, acatado y respetado, agradable conversador y con mucho prestigio en la región y entre los dirigentes nacionales del partido. El otro grupo disidente lo había conformado el coronel Carlos Barrera Uribe, viejo dirigente liberal quien había participado en la Guerra de los Mil Días con el grado de Coronel. Llegó a la república liberal de 1930 controlando las mayorías liberales del Quindío predicaba que “el liberalismo, para llegar definitivamente al poder, necesita someter al conservatismo y sentar sobre su organización las bases de la fortaleza liberal. Se conquista el poder por medio de resoluciones firmes y francas” (CHRISTIE, 1986).

Otto Morales era consciente de la seriedad de estas disidencias políticas, pero también entendía que era un “recién aparecido” y que no lo conocían “ni los liberales de Riosucio”, de suerte que la situación era bastante compleja. Sin embargo, aceptó el cargo con una condición: que el Directorio expidiera una resolución otorgándole facultades para cambiar personas del Directorio en cualquier municipio del departamento. Cuando don Olimpo escuchó las pretensiones de su hijo soltó una carcajada y le dijo: “usted lo que quiere es que lo nombren jefe único del liberalismo, la persona con más poder en el departamento”.  Pero esto era lo que deseaba OMB y logró dicha resolución apoyado por el presidente del Directorio Camilo Mejía Duque. Por lo tanto, aceptó el cargo.

Cuando se apersonó de sus nuevas responsabilidades en el departamento descubrió, con horror, que, en el directorio no había dinero ni para enviar telegramas a los jefes locales. Además, necesitaba recorrer el departamento para conocer la región y los dirigentes municipales. Pero recibió el apoyo de don Olimpo quien le dijo: “vaya donde don Ernesto Salazar, un ganadero, y dígale que le preste la plata que necesita y usted se la paga cuando organice el fondo de tesorería, pues su obligación es conseguir el dinero para el debate”. Esta etapa la recuerda OMB:

Así conseguí el dinero para los telegramas, contraté un carro y dije al conductor que llevara ropa para varios días sin pensar en el regreso. Yo dormía en el carro, de noche, y el conductor, de día, en los hoteles. Llegaba a cada pueblo y allí me presentaba como el jefe liberal, reunía el directorio, me hacía conocer y conocía el partido por dentro, averiguaba lo que pasaba con el coronel Barrera Uribe, también charlaba con sus enemigos. Yo me movía por todos los pueblos con una gran velocidad, porque estaba muy muchacho. El chofer dormía de día y a las siete de la noche lo despertaba para que cogiera el carro mientras yo dormía hasta el otro pueblo. Este tipo de trabajo me dio mucho prestigio. La gente decía: ‘¡qué muchacho, qué movilidad, qué energía, qué simpatía! Aquí estuvo a las tres de la mañana y en el otro pueblo a las seis, sin dormir, ¡¡ese si es un jefe!! De este modo me quedé con el mapa del departamento en la cabeza, con el nombre de los jefes y con sus direcciones. Así empecé a dirigir el partido[10].

Durante estos días, recorriendo el departamento y asistiendo a reuniones con el pueblo liberal, aprendió varias lecciones que contribuyeron a su formación personal:

Los jefes municipales tenían una fuerza innata que los impulsaba. En esos días, no me pidieron nada: ni regalos, ni prebendas, ni intrigas. Pero ¡cómo eran de claros en su orgullo de ser liberales! Era como una condecoración moral que los habilitaba para caminar seguros en el mundo. Preguntaban, inquietos, por el futuro de la patria. Querían explicaciones sobre iniciativas de los gobiernos nacional y departamental. Recitaban pedazos de los últimos discursos de los grandes tribunos del liberalismo o de sus gobernantes. Cada cual entendía las consignas que se les repartía. Celebraban mi juventud y mi afán de triunfar. Mi decisión crecía contagiada de esa fuerza platónica que a esos seres anónimos, allí perdidos en la provincia remota, los proyectaba. Obedecían a un supremo mandato del alma. Eran prototipos de la falta de ambición personal. Crecían como ejemplos de hombres que confiaban en la democracia.

...No escuché reclamos acerca de minucias o de ambiciones torcidas ¡Nada! Los sentía felices de tener una lucha que los desafiaba a triunfar...

Los concejos municipales los integraban los mejores varones. Su función era eminentemente cívica: mejorar la vida local. Entonces, elegían a quienes eran símbolos de devoción colectiva a lo que era la tradición de ese espacio entrañable... (MORALES BENÍTEZ, 2000(a), págs. 67-69).

 

Por el contacto directo con los jefes del partido en los municipios se ganó el respeto de todos, preparó las elecciones para diputados y representantes que debían realizarse el 18 de marzo de 1945. El duro trabajo se coronó con el éxito. La lista oficial obtuvo 10 renglones para la Asamblea, los disidentes dos por residuo y el partido conservador 10. Para la Cámara alcanzaron cinco curules y la disidencia una, mientras que los conservadores conquistaron cinco. De este modo OMB llegó a la política, por la puerta grande, pero trabajando en forma intensa y con mucha inteligencia y valor.  En esta dirección, la prensa regional publicó numerosos artículos de reconocimiento a su inmensa labor política e ideológica, entre los cuales se destaca el siguiente publicado en El Día y La Mañana:

Desde una posición de combate Otto Morales Benítez ha venido a rebatir la vieja teoría de que el intelectual es apenas un arquitecto de paisajes, un fabricante de espumas y alas de mariposas y un inofensivo soñador de cafetín.

Ahora tenemos enfrentado a la lucha política uno de los más positivos valores de la inteligencia caldense, un escritor con todos los arreos para llegar hasta el laurel. Al verlo redactar manifiestos, cartas y telegramas hemos pensado en lo útil que sería ese caudal de fuerza puesto a la cabeza de una vasta empresa desde luego más difícil y fecunda que la política... En estos eventos electorales donde el pasado de la gente es la mejor plataforma de lucha, donde la vida íntima de las personas pasa a convertirse en manifiesto político, tenemos que convenir que contra Otto Morales Benítez ninguna voz se ha alzado porque la escasez de sus años y la limpia verticalidad de su existencia no ofrece líneas de menor resistencia, por donde puedan avanzar los reclutas de la difamación[11].

Entre los muchos proyectos que presentó se recuerda el fortalecimiento de la Universidad Popular, futura Universidad de Caldas; la institución se creó por medio de la Ordenanza 006 del 24 de mayo de 1943, y empezó a funcionar en el edificio del Instituto Universitario. En mayo de 1946 los diputados Ramón Marín Vargas y Otto Morales Benítez presentaron un proyecto de ordenanza para convertir la Universidad Popular en un establecimiento público con personería jurídica (Ordenanza No. 19 de julio de 1946, orgánica de la Universidad Popular). La gran importancia de esta ordenanza radica en que la convierte en una institución autónoma con patrimonio independiente y un presupuesto permanente del 5% de la renta departamental del tabaco. Para garantizar el funcionamiento de la Universidad Popular el gobierno expropió la finca Santana y un lote situado en la esquina oriental del cruce de la Avenida Paralela con la calle tercera, en la urbanización de Belén, en el sitio de Palogrande, propiedad de los señores Daniel, Eduardo, Alberto y José Gómez Arrubla. La administración departamental aprobó levantar los edificios en este lote y se comprometió con los gastos de construcción y compra de equipos para adecuar los edificios[12].

La Violencia

Cuando se derrumbaba el gobierno de Alfonso López Pumarejo (1945), se fortalecieron las diferentes fracciones del liberalismo y aparecieron las candidaturas presidenciales de Jorge Eliécer Gaitán, Gabriel Turbay y Darío Echandía. La crisis política era insostenible, pues la división liberal y la radicalización conservadora creaban el campo propicio para la perturbación del orden público y la agudización de los grandes problemas nacionales. La radiografía de la situación la presentó López en la carta al Congreso, el 19 de julio de 1945:

...He venido llamando vuestra atención al contraste que ofrece una situación nacional satisfactoria en lo económico, en lo fiscal, en lo social, en lo militar, y una situación política cada día más confusa, mantenida por un permanente clima de conspiraciones contra el orden público, que no produce ni la debida alarma ni la necesaria reacción entre un pueblo de trabajadores, al cual sólo desconcierto y miseria pueden traerle esas torpes maquinaciones.

Entiendo que estáis de acuerdo conmigo en que es urgente conjurar y liquidar todo motivo de perturbación de la normalidad republicana. Sabéis que existe un sistemático propósito de fomentar malestar y zozobra. Esperáis que el gobierno presente iniciativas legales al Congreso para poner remedio a esta deformación del ánimo político. Esto sólo debería bastarme, si yo estuviera buscando, como se ha dicho, forzar la adhesión vuestra a mis opiniones para obtener leyes drásticas de represión y prevención que me permitieran, como también se ha llegado a sugerir, gobernar dictatorialmente contra la voluntad popular. No. Yo no empleo estos métodos políticos (Noguera Mendoza, 1986, pág. 386).

Este mensaje tenía el carácter de dimisión, López formalizó su renuncia el 31 de julio y le fue aceptada. Además, el congreso también aceptó la de los designados y eligió a Alberto Lleras Camargo como primer designado, quien ocupó la presidencia durante el año restante del período.

Mientras tanto, la división liberal era un hecho. Gaitán había lanzado su candidatura en 1944, después de la primera renuncia de López, y ahora volvió a agitarla en un ambiente caldeado por la crisis del poder y la violencia política.  Gaitán tenía en su contra a los dirigentes tradicionales del partido, santistas y lopistas. La Convención del partido liberal no apoyó su nombre y optó por el de Gabriel Turbay pero, en cambio, fue aclamado por las multitudes, en septiembre de 1945, en la Plaza Santamaría de Bogotá. Allí Gaitán lanzó los puntos claves de su programa: por una “restauración moral” de la república; por el “país nacional” contra el “país político”, por el pueblo contra la oligarquía (PECAUT, 1973, pág. 189). También tenía en su contra a los dirigentes del partido comunista que apoyaron a Gabriel Turbay pues Gaitán había intentado quebrar la unidad de la CTC (Confederación de Trabajadores de Colombia) al tratar de crear un nuevo frente sindical. Además, no le perdonaban a Gaitán su aparente identificación con los laureanistas ni los ataques al gobierno de López. Sin embargo, contaba con apoyo entre los comunistas de base y en el movimiento sindical.

Como era de esperarse, el 5 de mayo de 1946 Mariano Ospina Pérez ganó las elecciones por 564.661 votos, contra 438.255 de Gabriel Turbay y 356.995 de Jorge Eliécer Gaitán. El partido liberal había quedado anonadado. El nuevo presidente se posesionó el 7 de agosto en un clima de zozobra y el ejército tuvo que despejar la plaza de Bolívar, pues los manifestantes gaitanistas se habían tomado las calles con aire provocador (REYES, 1989, pág. 9).

¿Cómo analiza OMB la caída del partido liberal? ¿Cuál era el ambiente político?

Había una situación de mucha confusión. El partido entró en la perplejidad, pues nadie podía explicarse cómo un partido con una obra de modernización del Estado, de cambio en los aspectos sociales, de enriquecimiento de la vida fiscal, a través de una política tributaria y con medidas de tipo económico internacional, pudiera perder el poder. El partido estaba perplejo. Este fue otro factor que aprovecharon los que desataron la violencia. Era un partido vencido, confuso, casi sin dirección porque en ese momento había un debate interno en el liberalismo: ¿Quién tenía la responsabilidad del fracaso? ¿Las fuerzas de Gaitán? ¿Las fuerzas de Turbay? ¿La indiferencia de algunos jefes que no se vincularon? ¿El hecho de haber sido pasivos en determinadas circunstancias?

Este era un momento en el cual el partido no tenía fuerza, a pesar de su mayoría en el congreso. Los debates eran lánguidos, sin mucha profundidad, ni agresividad. Era tal la confusión que nadie podía señalar la orientación. La dirección política estaba en las mismas manos, pero sin la decisión, sin el coraje, sin la ardentía que había manejado el liberalismo para comprometer a las masas, a los grupos humanos tanto de las ciudades como de los pueblos. Ese hecho lo aprovechó el conservatismo porque no había quien le presentara un frente de lucha. El interés inmediato parecía ser destruir la mayoría liberal y la reacción liberal se demoró mucho tiempo, pasaron varios años de atropellos constantes[13].

El Benjamín de la Cámara

Mientras tanto OMB desplegó una intensa actividad política, en todo el departamento. Desde la jefatura liberal mantenía diálogo permanente con la colectividad y logró que el partido ganara las elecciones del 16 de marzo de 1947. Como fruto de su trabajo fue elegido Representante a la Cámara. Su prestigio y reconocimiento creció en el departamento, pero, además, se elevó en el plano nacional pues gozaba del aprecio de los dirigentes del partido quienes reconocían sus méritos como escritor y como político. Su llegada a la Cámara llamó la atención por ser el más joven de los representantes, con apenas 26 años, y fue bautizado con el nombre de “el Benjamín de la Cámara”, por el escritor Natanael Díaz, y señalado como una persona con mucho porvenir político.  Su labor en la Cámara fue dinámica. Entre los proyectos para el departamento de Caldas, incluyó la electrificación, el impulso de la fábrica de cementos, la campaña a favor de la Universidad Popular (después Universidad de Caldas), la irrigación del Valle del Risaralda, la explotación de las minas de Marmato con tecnología moderna, la presentación de un proyecto sobre resguardos indígenas en Quinchía y en otras regiones del departamento, tendiente a mantener condiciones de usufructo colectivo de la riqueza.

Pero casi todo el territorio nacional fue cobijado por la zozobra política. En este ambiente la violencia se desató contra el liberalismo desde 1946, y se aceleró a partir de las elecciones de marzo de 1947. Se intensificó por el triunfo del liberalismo, y por una circunstancia especialísima: en muchos pueblos de mayoría conservadora, partidarios de la derecha, votaron por Gaitán. Este hecho y la “Manifestación del Silencio” en Bogotá, indicaban que él tenía un dominio total sobre las muchedumbres y no había poder político que detuviera su ascenso. Desde que ocurrieron estos dos hechos, se comenzó a fraguar su muerte.

No sólo las autoridades civiles y policiales promovieron la violencia, la Iglesia también apoyó la persecución contra los liberales. “Varias iglesias rurales fueron decoradas con el retrato de Laureano Gómez”[14]. Pero la violencia llegó también a la capital:

En principio era en el campo, cuando cogió más fuerza en el campo comenzó aquí, en los cafés, en pleno centro.

Vino de la periferia al centro y cogió fuerza en los cafés. Esto empezó cuando lo nombraron jefe del Partido Liberal. En esa época entraba uno al café con una corbata roja y ¡zas! se la cortaban. No podía uno entrar a un café con nada rojo, era peligroso para la vida.

Como al mes de asumir Gaitán el mando, fue cuando en La Catedral al pasar una muchacha con un vestido rojo, la cogieron y con una brocha le pintaron una equis azul en la espalda. ¡En plena Catedral!

Comenzó lo de los cafés. Si entraba uno a un café con corbata roja, lo ponían a comérsela, lo hacían arrodillarse a gritar vivas a Laureano...

Ahí si fue en verdad difícil volvernos a reunir. En ese momento arrancó el miedo (ALAPE, 1992, págs. 101-102).

Con el fin de frenar la violencia convinieron entre Gaitán, la Junta Asesora del Liberalismo, la Dirección Liberal, los presidentes del Congreso y los directores de los principales periódicos liberales, suscribir un memorial de agravios que presentaron al presidente Ospina. En dicho documento se denunciaban los asesinatos y crímenes contra los liberales, se rechazaba la afirmación laureanista del fraude electoral y se vetaba a los ministros de Gobierno, José Antonio Montalvo y de Educación Joaquín Estrada Monsalve, por su sectarismo. Ospina se demoró varias semanas para contestar, y al final, les recordó a los liberales cómo durante el gobierno de Olaya Herrera, también se habían presentado hechos de violencia e hizo un llamado a la prensa para que manejara con prudencia la información. Finalmente, se comprometió a adelantar las investigaciones correspondientes en los casos de violencia en los que se hubieran visto comprometidos los organismos del Estado (REYES, 1989, pág. 20).

Pero el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado el 9 de abril de 1948 y se agudizó el odio entre liberales y conservadores, lo que desencadenó la guerra civil que se metió en casi todas las aldeas, pueblos y ciudades de la geografía nacional. El Partido Liberal quedó desorientado y sin norte. Le correspondió a OMB recorrer los municipios para darle confianza a la gente. Corría graves riesgos, pero creía que era su obligación porque no podía manejar la política desde Manizales. Después de cada gira regresaba a su casa atormentado interiormente porque veía la crueldad con que estaban realizando el proceso de la violencia. Superadas las dificultades del 9 de abril se dedicó a buscar la cohesión del liberalismo en el departamento. La gente temía que fuera asesinado. Por fortuna nunca pasó nada. En algunos municipios tuvo que refugiarse como pidiendo asilo. Allí encontraba gestos amenazantes, la posibilidad de un atentado contra su persona.

Sobre la planificación de La Violencia, anotó:

Tengo la convicción de que La Violencia es lo único que se ha planificado en el país. No se descuidó un detalle. Primero en las veredas y corregimientos, para cuando llegara a los pueblos, éstos tuvieran ya desprotegidas las retaguardias. No había quien resistiera. Luego, intimidación en los campos: lo primero, quitar las cédulas a los campesinos; segundo, ponerlos de delatores contra sus amigos de la región para perseguir a quienes identificaran como liberales; tercero: abuso sexual de las mujeres de las casas que se visitaban; cuarto: incendio donde hubiera la menor resistencia. Desde esa época, se desvió y pervirtió la mentalidad campesina, que era una fuerza de estabilidad en la república.

Hay otro hecho que aparece claro en la planificación de la violencia: nunca entraron a las ciudades (con poquísimas excepciones, como el asalto a la Casa Liberal en Cali. Esta fue una agresión a un acto político). A las ciudades no podrían llegar porque eran muy liberales. La identificación entre las gentes era muy clara. Lo evitaron siempre (REYES, 1989, pág. 20).

En Manizales se dedicó a un trabajo intenso de recorrer los barrios para asistir a reuniones muy angustiosas. Aquí no hubo violencia como en los pueblos, pero la gente se sentía muy desprotegida, llena de temor. Fue una etapa dramática de permanente tensión (REYES, 1989, pág. 20). La actividad política la alternaba con sus labores en el Congreso y con la profesión de abogado. Tuvo tiempo para publicar su primer libro de ensayos literarios Estudios críticos, donde se asoma a las líneas generales que movieron su vida intelectual. Allí hay crítica literaria, análisis de problemas sociales, se mira a algunos escritores indoamericanos y se introduce en la cultura universal.

Cuando declinaba el año 1949 tomó la decisión personal de fijar su residencia en Bogotá. Varias razones lo impulsaron a tomar esta determinación: el trabajo en la Cámara, su vinculación como profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad Externado, las exigencias de su profesión de abogado, la campaña nacional contra la violencia en el departamento de Caldas, la vinculación a la política del partido y la publicación de ensayos en la prensa nacional. Los últimos meses los vivió intensamente. Presentó algunos proyectos sobre electrificación de varios municipios del occidente de Caldas; sobre propiedad minera y explotación del oro en Marmato y planteó reformas al Código Civil. Con el doctor Carlos Lleras Restrepo, como jefe del liberalismo, y con un grupo de dirigentes regionales, recorrió todos los departamentos de la costa Atlántica, interviniendo como orador para explicar no sólo la política del partido, sino también la situación de violencia que vivía el país (Fundación Universidad Central, 1995, pág. 381). En sus escasos ratos libres se dedicó a investigar en la Biblioteca Nacional, sobre el proceso de colonización en Manizales y Caldas. Después de muchas lecturas y de varios días le dijo a su esposa Livia:

He encontrado que la colonización no es la anécdota, ni el elogio al hacha, ni al campesino. Creía que era como el óleo ‘Horizontes’ de Francisco Antonio Cano. Una mano señalando el horizonte, la esposa, el niño y el perro. Pero me encontré con una cosa profunda, con un problema económico y social, relacionado con la tierra y con el concepto de propiedad. Es parte integral de la Revolución Económica de 1850, impulsada por el Radicalismo. Es una revolución social; la primera que se cumple en Colombia después de la independencia. Considero que la colonización está unida al proceso cultural y a la forma como nos hemos desarrollado socialmente. El problema tenía muchas implicaciones jurídicas porque se relacionaba con las mercedes españolas y con el manejo de la tierra durante la república, con aspectos extraños como el otorgamiento de baldíos durante el gobierno de Obando y luego desconocido por el mismo gobierno. No se sabe obedeciendo a qué tipo de presiones. El tema me ha apasionado y me dedicaré a estudiarlo. De allí salió mi libro Testimonio de un Pueblo (Interpretación económica y social de la colonización de Antioquia en Caldas. La Fundación de Manizales) [15], que en ese momento era una novedad[16].

El libro fue editado como homenaje a la ciudad de Manizales en el centenario de su fundación. Es una “vigorosa interpretación de los valores esenciales de la vida de un pueblo”. Refiriéndose a la importancia del libro en la coyuntura del centenario de la ciudad se preguntaba Luis Eduardo Nieto Caballero: “Cómo es posible que, una vez aparecido el libro Testimonio de un pueblo (Interpretación económica y social de la colonización de Antioquia en Caldas. La Fundación de Manizales), lo más importante que quedará en las letras del centenario de Manizales, no lo hubiera invitado la junta de la celebración como a uno de los huéspedes más gratos para que fuera no solamente a participar en los festejos sino a recibir el homenaje a que se ha hecho acreedor por esa evocación soberbia de los fundadores y ese análisis de la vida agrícola, comercial, industrial e intelectual de Manizales, hechos con un criterio tan lúcido y tan fervoroso” Y añade: “yo tenía para mí que esa edición de ‘Testimonio de un pueblo’ ha podido ser adquirida íntegramente por la ciudad para ser repartida entre los visitantes como el mejor recuerdo y el más útil, mejor que una medalla, de estos días jubilosos y conmemorativos” (NIETO CABALLERO, 1951).

En el año 1962 hubo una segunda edición de esta obra a raíz del terremoto del 30 de julio de dicho año, que afectó numerosos pueblos de Caldas y la Catedral de Manizales resultó visiblemente averiada. Con el fin de recaudar fondos para su reconstrucción, el párroco de la Catedral, padre Adolfo Hoyos Ocampo, elevó solicitud a la gerencia del Banco de La República y al doctor Otto Morales Benítez, buscando una nueva edición.

La dictadura militar

El país seguía sumido en el caos de la violencia. Los partidos políticos también estaban destrozados: los conservadores divididos entre laureanistas, ospinistas y alzatistas y los liberales con sus jefes desterrados y vacilando entre la legalidad o el apoyo al campesinado liberal levantado en armas. En estas condiciones diferentes sectores políticos soñaban con un golpe militar. Ospina Pérez lo promovía porque un gobierno militar crearía el ambiente para su nueva llegada al poder. Gilberto Alzate Avendaño tenía las mismas intenciones, y los jefes liberales, con su partido mayoritario, “esperaban que una intervención militar sería transitoria y contaban con que al retornar la normalidad institucional volverían al poder” (TIRADO MEJIA, 1989, pág. 105).

El ejército venía en un proceso avanzado de politización y estaba unificado alrededor del General Gustavo Rojas Pinilla, cuya imagen crecía en medio del desgobierno y del autoritarismo del presidente. Laureano Gómez trató de deshacerse del prestigioso militar pero el ambiente y las condiciones crearon el clima adecuado para el golpe. Citó a la Asamblea Nacional constituyente (ANAC) pero con excepción de un pequeño grupo, llamado por la opinión “El batallón suicida”, los demás se “voltearon” para apoyar a Rojas. El golpe se efectuó el 13 de junio de 1953. La ANAC estableció que había quedado vacante la presidencia y legalizó el título presidencial de Rojas Pinilla, hasta agosto de 1954. El acto legislativo no tenía ninguna base jurídica pero el cambio de gobierno significó un alivio para los liberales, después de siete años de persecución. El hecho político se aceptó sin darle el nombre de “golpe de cuartel” sino “golpe de opinión” (TIRADO MEJIA, 1989, págs. 108-109).

Casi todo el mundo participó en la euforia: Ospina Pérez y la opinión conservadora, los gremios empresariales, los liberales y la Iglesia. “Había razones para el alborozo, en particular de los liberales. Los políticos y guerrilleros en armas, la restauración de la libertad de prensa con base en un acuerdo con los directores de periódicos que aceptaron fijar ellos mismos los límites entre ‘libertad’ y ‘responsabilidad’ y, lo que parecía imposible, la prédica de la reconciliación entre los partidos” (PALACIOS, 1995, pág. 211).

Pero no todos los liberales estaban eufóricos, OMB recelaba del golpe y no compartía la alegría colectiva. Sabía que los golpes de estado terminaban en dictaduras fuertes. “Además, lo ocurrido había sido totalmente impulsado por conservadores. Su partido, en nada había participado. Tampoco se le tuvo en cuenta para la formación del gabinete” (ADAMES, 1999, pág. 213). Fue invitado a celebrar el hecho político y explicó a los amigos sus dudas y temores, pero nadie escuchaba.

Pasó el tiempo y los principales jefes fueron asesinados, entre ellos Guadalupe Salcedo, ultimado a quemarropa por un grupo de policías, el 6 de junio de 1957, en Bogotá. Luego la clase dirigente hizo una jugada maestra porque organizó el Frente Nacional (1958-1974), para repartirse el poder y poner fin a la violencia bipartidista, pero dejó por fuera a muchos líderes sociales y políticos de oposición y de este modo frenaba la creación de terceros partidos.

Desde el año 1953 OMB se dedicó a la profesión y a la cátedra en la Universidad Externado. Siguiendo la línea académica fue elegido Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de Historia y se posesionó el 15 de noviembre de 1954. Su discurso de recepción se convertiría más tarde en el libro Revolución y Caudillos (Aparición del mestizo y del barroco en América. La Revolución económica de 1850).

Morales Benítez, una figura nacional

En 1957 era ampliamente conocido como dirigente político y como escritor, pero la lucha por la paz lo situó en un nuevo contexto. Su actividad en este campo se inició durante el gobierno de la Junta Militar, cuando en algunas regiones brotaron conatos de violencia, para poner talanqueras al desarrollo del Frente Nacional. Con el fin de hallar las causas del problema y para buscar un clima de paz se organizaron visitas a los Llanos Orientales con participación de las siguientes personalidades:  Alfonso López Pumarejo, expresidente de la República; José María Villarreal, ministro de Gobierno, a quien acompañaron los ministros de Agricultura y de Fomento; Eduardo Zuleta Ángel, en representación del Directorio Nacional Conservador; Germán Zea Hernández y Otto Morales Benítez, comisionados por la Dirección Nacional Liberal, y el jefe civil y militar de ese territorio, teniente coronel Alfonso Villamizar.

Cuando terminó su labor en la Comisión Investigadora de las Causas de la Violencia, Lleras Camargo le ofreció el Ministerio de Trabajo. Tenía 39 años y continuaba su vertiginosa carrera. El 8 de abril de 1959 se posesionó, en un ambiente laboral complicado por el surgimiento de sindicatos de clase media, por el desinterés de la clase política en los sindicatos y por una tendencia huelguística alimentada por la inflación. Le tocó enfrentar las consecuencias –en salarios y en la capacidad adquisitiva del dinero- de dos inflaciones: una, del final de la dictadura de Rojas, después de que se despilfarró la bonanza cafetera y, otra, de la Junta Militar.

Al año siguiente, el 9 de noviembre de 1960, el Presidente Lleras lo nombró Ministro de Agricultura con la misión de impulsar la reforma agraria. Aceptó el cargo y en su posesión pronunció las siguientes palabras: “Tendremos Reforma Agraria, que es una aspiración doctrinaria del liberalismo expresada desde el primer programa del partido. Y, ahora, es un compromiso del Frente Nacional. Este no se ha concebido sólo como una tregua política, sino como una obligación de hacer justicia social (Fundación Universidad Central, 1995, pág. 384).

Para cumplir con la misión que le asignó el presidente asistió a todas las sesiones del Congreso, para discutir el proyecto de ley de la Reforma Agraria. Además, recorrió el país y promovió foros en universidades, sociedades de agricultores y ganaderos, gremios económicos y sindicatos, para explicar el proyecto de Reforma Agraria, “explicando su trascendencia, rectificando prejuicios y malas interpretaciones, despertando la solidaridad social del pueblo colombiano”. Como consecuencia de su paso por el Ministerio de Agricultura publicó el libro Reforma Agraria: Colombia campesina[17], en el que se recogen muchos de los discursos escritos e improvisados, y todos los discursos pronunciados en el Senado. Para dar una idea de la trascendencia de esta obra se puede señalar que se convirtió en texto de consulta en varios países del continente. Además, fue de gran ayuda al profesor Pedro Moral López, Secretario Jurídico de la FAO en Roma, para las discusiones de la reforma agraria en Chile (MORALES BENÍTEZ, 1962, pág. 27).

El buen humor lo caracterizaba. Le cambiaron de puesto a una secretaria quien acudió al ministro para quejarse: “yo estaba muy a gusto en el departamento de suelos y me trasladaron a inseminación artificial... ¡Y a mí no me gusta eso!” El ministro le respondió: “¡Y a mí tampoco!” (ADAMES, 1999, pág. 243).

Su carrera política seguía en ascenso y se vio obligado a retirarse del ministerio, para no inhabilitarse en sus aspiraciones para el Senado. El pueblo liberal incluyó su nombre en las listas para el Congreso y orientó su campaña política en defensa del Frente Nacional. Así, el 12 de marzo de 1962 fue elegido Senador en compañía de sus amigos, los caldenses, Camilo Mejía Duque y Alberto Mendoza Hoyos.

Viajó a Chile para participar en un encuentro de parlamentarios y conferenció con Salvador Allende y con Radomiro Tomic -el primero más tarde presidente de Chile y el segundo candidato a la misma dignidad-  sobre los problemas de la democracia en Indoamérica. Visitó el Perú, Argentina y Brasil y se entrevistó con presidentes, jefes políticos, con escritores y artistas. A su regreso hizo parte del Directorio Liberal de Caldas y recorrió el departamento explicando la política del partido. Por delegación del doctor Carlos Lleras Restrepo se vinculó a la campaña presidencial de Guillermo León Valencia y recorrió el país en su compañía (Fundación Universidad Central, 1995, pág. 386).

El compromiso con la paz

Belisario Betancur ganó las elecciones, en 1982, dirigiendo el Movimiento Nacional; una vez posesionado empezó a desarrollar su política de paz. Para ello conformó la Comisión de Paz, por decreto del 19 de septiembre de 1982. Como presidente de la Comisión doctor Carlos Lleras Restrepo quien en la sesión inaugural, el 23 de septiembre de 1982, en el Palacio de Nariño, señaló la necesidad de crear subcomisiones, “que no sean muy numerosas y puedan trabajar con agilidad para entenderse con los grupos que se acojan a la amnistía”. De este modo el doctor Lleras estuvo rodeado de un grupo asesor de 39 personas. A los pocos días se retiró por motivos de salud y en su reemplazo fue nombrado el doctor Otto Morales Benítez. Sobre su nombramiento dijo que “El país tiene interés en la paz. Es la mayor aspiración de las gentes. Creo que es realmente un propósito del Gobierno y todos estamos en la obligación de contribuir a ella. Alcanzarla es muy difícil porque hay muchos escollos, dificultades, incomprensiones, pero vamos a insistir y no habrá desaliento para nuestra acción”. La opinión pública recibió complacida este nombramiento por su talla intelectual y política.

En un claro gesto de buena voluntad, dirigido a los grupos guerrilleros, el presidente Bentancur orientó la política de paz hacia la amnistía, según proyecto del senador Gerardo Molina. En sus sesiones ordinarias el Congreso aprobó la ley de amnistía, del 19 de noviembre de 1982, que otorgó esta gracia “a los autores, cómplices o encubridores de hechos constitutivos de delitos políticos, cometidos antes de la vigencia de la presente ley”. El país acogió con entusiasmo la amnistía. Salieron de las cárceles, 535 presos políticos (417 del M-19, 23 del ELN, 60 de las FARC, 31 del PLA y 4 del ADO ). Lo anterior generó desconfianza en un sector de la sociedad, porque su “captura y juicio habían representado para las Fuerzas Armadas un gran esfuerzo institucional y un desgaste de imagen pública”. Este punto lo aclaró OMB como presidente de la Comisión de Paz:

Algunos espíritus desconfiados, consideran que la paz sólo va a favorecer al grupo de quienes se han rebelado contra las normas del Estado. No es así. La lucha es para que no haya una sola pulgada de tierra colombiana en la cual no puedan desplazarse con confianza y sin temores todos nuestros compatriotas. Es para el ganadero o el agricultor que demanda el goce de su tierra sin zozobras y sin tener que estar sometido a otras reglas diferentes a las impuestas por el estado colombiano. Es para el industrial o para el líder sindical que no recibirán amenazas por sus actividades. Es para el hombre que ha acumulado un capital y no debe sentir temores de ser secuestrado ni extorsionado. Es para el comerciante que demanda seguridad para su actividad. Es para los funcionarios públicos; para los soldados; para los campesinos que no anden atados a las guerrillas; para las gentes humildísimas de todos los sectores y estratos de la comunidad colombiana. Lo que se busca es que cada colombiano disfrute de la paz, sin necesidad de tener otras reglas para obedecer que las leyes colombianas. Por ello el alcanzarla, es una obligación, también de quienes presumen de estar en paz.

Si todos colaboramos, en poco tiempo tendremos localizados los grupos de delincuentes comunes, que no obedecen a un mandato político, como sí sucede con quienes combaten abiertamente. Hoy se amparan en éstos, gentes que apenas buscan un provecho ilícito, invocando siglas revolucionarias. De suerte que se despeja así el panorama nacional de confusiones e incertidumbres.

Los contactos con las FARC

Por estos días todo el mundo hablaba de OMB y de las relaciones con las FARC. Al respecto el periodista Germán Santamaría publicó en El Tiempo (febrero 13 de 1983) la siguiente nota:

Otto Morales Benítez no tiene guardaespaldas. Tampoco automóvil. Todos los días debe tomar entre cinco y diez taxis, inclusive para ir una o dos veces por semana hasta la Casa de Nariño para conversar sobre el desarrollo de la paz con el Presidente Betancur.

El llevar muchos años montando en taxi en Bogotá le permite conocer el pensamiento de las gentes. Dice que son los taxistas quienes lo mantienen informado de la actualidad nacional, y sobre todo el pensamiento del pueblo, acerca de todos los aspectos de la actualidad colombiana. También se hace embolar en la calle, compra cigarrillos en los puestos y es un transeúnte diario que se mueve por la ciudad ‘con los ojos abiertos y los oídos despiertos’.

En la mañana de este miércoles estaba parado ahí en la carrera séptima y Bogotá trepidaba en un océano humano. ‘Entre toda esa multitud que usted ve ahí, hay una gran cantidad de gente, quizás la mayoría, que no son ni liberales ni conservadores, sino que representan otras ideologías, otros matices, otras fuerzas políticas con las cuales tendremos que aprender a convivir y a forjar con ellos el destino común de la nación’...

Avanza hacia el Hotel Tequendama. La gente lo saluda. Los choferes. Los vendedores ambulantes. Los burgueses que esperan sus coches en la puerta del hotel. Entonces Otto Morales, quien lleva bajo el brazo los manuscritos de su libro número 27 y que se titulará ‘Liberalismo, destino de la Patria’, recuerda lo que pasó allá en el sur del Tolima hace 23 años, cuando fue a hablar con los jefes de la resistencia liberal en la Herrera y Villarrica...

Entonces Morales Benítez mira hacia el pasado y compara a los guerrilleros de antes con los de ahora. Aclara que aquellos simplemente eran guerrillas de autodefensa, que luchaban por lo que consideraban ideales de su partido y fundamentalmente por defender a su familia, sus campos, sus casas. Los de ahora van más allá, buscan un cambio profundo o total de la sociedad. Y para ello la mayoría pretende llegar al poder.

Después de largos contactos fugaces y de numerosas cartas dirigidas al presidente de la Comisión de Paz, se produjo la invitación formal del Estado Mayor de las FARC. Los miembros de la Comisión aceptaron la invitación después de la aprobación del Presidente Betancur. “Viajaron hasta Colombia, un pueblito perdido del Huila. De allí, a lomo de mula durante tres horas, hasta que llegaron a una vereda, en la que estaba una casita –propiedad de un colono- en la que se encontraron con los miembros de Estado Mayor de las FARC. Estaban los jóvenes y los mayores. Los primeros vigilaban; los segundos daban su versión sobre la paz y preguntaban, ávidos de conocer los planes del gobierno para llegar a ella”[18].

Hubo varias reuniones de este tipo, entrevistas y diálogos, así como el cruce de correspondencia, entre la Comisión y las FARC. Esto creaba un nuevo ambiente en la vida cotidiana de OMB quien lo recuerda con mucho humor:

Como es apenas lógico, en mi casa se comentaban los viajes. ¿Con cuáles guerrilleros se verá?, en qué lugar? Se prolongaban las cábalas. Y había inquietud, pues jamás se conocían detalles y, naturalmente, no los revelaba. Los encuentros eran imprevistos y nunca se sabía el lugar donde se cumplirían. Ello creaba más expectativas. Los pequeños escuchaban las apreciaciones.

Un día, la nieta menor, María Adelaida, pregunta a Pedro Alejandro:

- Quienes son los guerrilleros?

Esta contesta desde sus ocho años:

- Unos amigos que tiene el abuelito para conversar”.

Enemigos agazapados

Pero el proceso de paz tenía muchos enemigos. Desde 1981 había hecho aparición pública el grupo MAS (Muerte A Secuestradores). La información recogida sobre este grupo permitía concluir que se estaban aplicando en Colombia los métodos de la guerra sucia. Sobre el surgimiento de este grupo paramilitar escribió el doctor Betancur con mucha preocupación:

Esa organización clandestina se hizo presente en forma muy extraña, por demás aterradora tras su ropaje falsamente justiciero: las noticias que aparecieron el año pasado en cuanto a su origen, conducen a la perplejidad, al espíritu más indiferente, pues reunían condiciones tan peculiarmente irregulares, que el sentido moral y de orden, que acompaña a los seres que obran con responsabilidad en su vida de relación, se sintió conturbado...

El informe del Procurador General de la Nación, Carlos Jiménez Gómez, sobre el MAS, fue publicado en la prensa nacional, el 20 de febrero de 1983. El comunicado especificaba que “en los sumarios en cuestión existen cargos suficientes para vincular procesalmente a un número total de 163 personas; de ellas 59 son miembros en servicio activo de las fuerzas armadas” (VÁSQUEZ CARRIZOSA, 1986, pág. 121). Sobre el mismo asunto Amnistía Internacional hizo público el informe de 1983, para Colombia, y en él detalló lo relacionado con la conformación de “escuadrones de la muerte”, en varios lugares del país. Los actos de represión aumentaban y no existían mecanismos legales para desactivar los grupos paramilitares.

Pero había otros enemigos de la paz, según OMB. La paz dañaba el negocio a los mafiosos porque necesitaban la protección del desorden. “Y para impedir esa paz son capaces inclusive de pervertir tanto a guerrilleros como a soldados”. Se cultiva coca en las zonas de violencia porque a estos sitios difícilmente llegan las autoridades. Organizan ejércitos privados para proteger los cultivos y cuando la violencia disminuye “producen muertes colectivas para que reviva”.

También el desespero atentaba contra la paz. Al respecto anotó OMB que “entiendo los desasosiegos de mis compatriotas y pretendo que lleguen mis palabras a cada uno de ellos, para tratar de que no pierdan la fe y la confianza en el espíritu de pacificación del gobierno del Presidente Betancur” y anotó:

Hay escritos que se orientan hacia tantos frentes, que parecen un disparo hecho con ‘escopeta de regadera’. Se indica que no sirvo para la paz, porque mientras el subversivo trabaja, de día y de noche, yo vivo en Bogotá recibiendo noticias, con la mayor placidez. Y, además, dedicado a hacerle propaganda a guerrilleros que ambicionan nombradía. Pues bien: hay testimonios en mi vida, y muchos por cierto, que hacen evidentes mis preocupaciones por todos los desesperados y por la solución de sus apremios sociales.

Conocemos la tragedia de los campesinos que abandonan sus tierras por extorsión, por exigencias injustas, por el temor al secuestro. Esto lo condenamos por ser delitos que no tienen calificación. Estos desvíos nos llevan a predicar la paz. La queremos para que esas infamias no sigan sucediendo. La paz es la primera urgencia del campo. Y no la deseamos sólo para combatientes. La estamos tratando de imponer, por medio del diálogo, para que los campesinos no tengan que vivir al amparo del temor y del terror. Así lo dije en el Congreso Ganadero de Medellín. Los asesinatos de las personas de la ruralía, nos duelen inmensamente.

Al hacer estos esfuerzos, lo que nos impulsa es el deseo de que no crezca en número de víctimas inocentes de colombianos.

Don Guillermo Cano, en su calidad de director del Espectador y preocupado por tantos “torpedos de guerra contra la paz”, escribió en su columna Libreta de apuntes, estas sabias palabras (20 de marzo):

Los guerrilleros divididos continúan  sus acciones violentas a pesar de que se les ha tendido la mano y en ella el olvido, la delincuencia se adueña del río revuelto para lograr abundante pesca en su infame profesión depravadora; sectores amplios de la sociedad organizada y trabajadora deciden echar por el camino de en medio justificando y justificándose en sí mismos el ejercicio de la justicia personal, no importa la crueldad con que se aplique, regresando a las épocas aterradoras de las matanzas sumarias, sin procesos, ni leyes, ni jueces. Y es entonces cuando intuimos, alarmados y aterrados, que estamos acercándonos acelerada, inconsciente, irresponsablemente a la ominosa coincidencia de que lo que todos quieren, los buenos, los menos buenos, los menos malos y los malos, lo que quieren es la guerra a muerte, total de tierras arrasadas, de ciudades devastadas y de seres humanos sin vida, sin honra y sin hacienda.

Lo que no se quiere es la paz. Lo que quieren es la guerra. Ante tan grande torpeza histórica, nos negamos a formar filas en los ejércitos apocalípticos de la subversión, de la violencia delictiva o de los vengadores crueles e implacables que agitan la bandera de la pena de muerte, de la ‘ley de fuga’, de la justicia por propia mano, de la Muerte a Secuestradores, del ‘ojo por ojo, diente por diente’. Hemos siempre formado parte del débil e inerme ejército de la paz, porque tiene que existir alguna diferencia que distinga, en la sociedad humana, entre quienes le rinden culto a la fuerza y quienes le rinden culto a la inteligencia y al espíritu del hombre que es, al fin de cuentas, lo que lo separa de los seres irracionales e inferiores.

Moralejas

Un legendario vaquero norteamericano, de la épica, sangrienta y cruel conquista del Oeste, donde se cometieron en todas partes, por todas las partes, toda clase de crímenes atroces citado por James Mitchener en su grandiosa ‘Zaga del Colorado’, decía:

‘Recomiendo a todos mis descendientes que se mantengan apartados de las armas de fuego, porque me he dado cuenta de que causan más daño a los hombres buenos que a los malos´’.

¿Por qué no ensayamos a dejar trabajar en paz a la Comisión de Paz?”

Pero los enemigos agazapados lograron poner muchas talanqueras y OMB presentó la renuncia como presidente de la Comisión de Paz, el 25 de mayo de 1983. El siguiente es el texto de la renuncia dirigida al doctor Belisario Betancur:

Por medio de la presente me permito presentarle renuncia irrevocable de la Presidencia de la Comisión de Paz. Para mí ha sido grato trabajar con Usted; con los integrantes de ese organismo y con mis compatriotas, combatientes o no.

He escuchado sus últimas y reiteradas declaraciones de que la amnistía no ha fracasado. Comparto esa afirmación y con Ud. hemos analizado los factores favorables de la pacificación, que conducen al optimismo y que, cada día, serán más evidentes.

La misión ad-honorem que cumplimos todos los miembros de la Comisión de Paz, se ha orientado a los tres objetivos básicos que Usted le señaló: 1º. Buscar contacto y entendimiento con los combatientes. Usted sabe que se tuvieron conversaciones con los representantes de todos los grupos; 2º. Hacer recomendaciones reservadas en torno de las más disímiles materias; 3º. Ayudar a formular un Plan de Rehabilitación en servicio de las zonas que han padecido la violencia, y de sus moradores, sin discriminaciones. En éste han trabajado diferentes personas, con ejemplar desvelo por el país. Quedan, pues, instrumentos para continuar la lucha.

Sé que aún le falta a su gobierno una tarea muy exigente. La más apremiante, es rechazar el escepticismo, y a veces el pesimismo beligerante, que se apodera de todos. Y combatir contra los enemigos de la paz y de la rehabilitación, que están agazapados por fuera y por dentro del gobierno. Esas fuerzas reaccionarias en otras épocas lucharon, como hoy, con sutilezas contra la paz, y lograron torpedearla. Por ello nunca hemos salido de ese ambiente de zozobra colectiva.

Va mi agradecimiento, Señor Presidente, por haberme dado la oportunidad de colaborar en la empresa más importante del país y en la cual su ejemplo es muy singular. Y gracias, especialmente, por permitirme demostrar, una vez más, mi fe y confianza en mis compatriotas.

Va un saludo muy respetuoso de

OTTO MORALES BENÍTEZ”.

La respuesta del doctor Betancur se produjo en los siguientes términos:

Apreciado doctor Morales Benítez:

Su carta de mayo 25 recibida por mí hoy, y en la cual presenta renuncia irrevocable, que yo lamento, de la Presidencia de la Comisión de Paz, me permite reiterar ante Usted y ante los colombianos, algunas reflexiones sobre el profundo significado del empeño de paz en que estamos todos, tarea de la cual fue y sigue siendo sólo un comienzo, la Ley de Amnistía aprobada por el Congreso y concretada por el gobierno en medio del beneplácito general.

Desde el primer momento dijimos que se iniciaba el recorrido de un largo camino...La subversión de estos últimos años, sin duda se basa en gran parte en una insatisfacción social por carencias identificadas, pero no sólo no pone en peligro la estabilidad de nuestras instituciones, sino que no ha encontrado ni encuentra eco en la gran mayoría del pueblo colombiano, para su propuesta de cambiar el sistema político que nos rige...

Lo importante, doctor Morales Benítez, es que no cejamos en nuestro empeño; que con firmeza, con realismo, con sereno optimismo, estamos decididos a luchar hasta el último momento por una paz que no es sólo la paz del estado, ya que ésta se halla garantizada por el respaldo popular que tiene el gobierno, sino por la paz política y social de los ciudadanos comunes y corrientes, ya que ellos no pueden vivir amparados únicamente por su buena voluntad.

La Ley que ordenó perdón y olvido para quienes delinquieron en las circunstancias previstas por dicho estatuto y hasta el 20 de noviembre de 1982, continúa vigente. No ha fracasado: de eso no puede caber duda. Seguimos con los brazos abiertos para los colombianos que estén en esa situación. Podemos continuar en ese gesto porque, lo repito, somos fuertes gracias al apoyo del pueblo colombiano, y porque no estamos discutiendo sobre sistemas políticos, sino trabajando sin descanso por dar a ese pueblo la vivienda, el empleo, la educación que necesita y solicita, vale decir, para tener todos una vida mejor. Hacia allá van decisiones como la de la amnistía, y allá llegaremos, con la cooperación y la decisión generosas y patrióticas de todos los miembros de la Comisión de Paz

Porque lo conozco y sé de su gran patriotismo, tengo la seguridad de que Usted, doctor Morales Benítez, desde su campo de acción, continuará acompañándonos en la búsqueda de la paz, en vista de su fe y su confianza en los colombianos, tal como hermosamente lo dice en el mensaje que con éste le he respondido.

Reciba un abrazo de agradecimiento al amigo, al patriota y al gran colombiano,

BELISARIO BETANCUR.

La opinión pública recibió con mucha tristeza y frustración la renuncia de OMB. El Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, sintetizó el sentimiento nacional y pronunció estas breves palabras: “Es una lástima para el país”. Y la prensa nacional manifestaba su preocupación. La periodista María Jimena Duzán escribió en El Espectador (3 de junio de 1983) un artículo titulado Los fantasmas de la Amnistía:

De hecho, no hay que olvidar que a los pocos meses de decretada dicha amnistía, y antes de que se pronunciaran los grupos guerrilleros, nuestro insigne poeta y ministro de Defensa, general Fernando Landazábal Reyes, tuvo a bien clarificarle al país en un punzante editorial, su total desacuerdo con la política que a ese respecto había emprendido el Gobierno de Betancur, del cual él sigue formando parte.

Resulta, pues, un hecho muy diciente el que los militares no hayan desperdiciado un instante para afirmar ante la opinión nacional que la amnistía ha sido un fracaso desde el comienzo y que ésta sólo ha servido para liberar y legalizar a una partida de bandoleros.

Más claro no canta un gallo: mientras Belisario estaba tratando de abrir una puerta importante hacia la rehabilitación del país, el primer torpedo lo estaban echando los militares, haciendo pública su desaprobación, al tiempo que seguían manteniendo militarizadas las zonas rojas, y el fragor de los enfrentamientos entre la guerrilla y el Ejército se escondía como un fantasma detrás de las buenas intenciones de Belisario Betancur...

Tiene bastante razón Otto Morales Benítez al decir que hay enemigos de la paz y de la rehabilitación que están agazapados por fuera y por dentro del Gobierno. Pero, tal como están las cosas, los que más inquietan son los que están por dentro. Y no sé por qué se nos antoja que en esto algo tienen que ver los militares, a quienes les ha tocado aceptar a regañadientes una política internacional y la vinculación de Colombia a los No Alineados, así como la mano firme que el Presidente Betancur le está poniendo a los grupos económicos, que son los únicos que les ofrecen banquetes en su honor.

Y sobre el mismo asunto Enrique Santos Calderón escribió, en El Tiempo (5 de junio), un artículo con el título La contra-Amnistía asoma la cara:

¿Qué hay detrás de la sorpresiva e irrevocable renuncia de Otto Morales Benítez a la presidencia de la Comisión de Paz? Al buen entendedor, pocas palabras. Su carta y su posterior aclaración al Presidente Betancur son suficientemente explícitas. No se trata, pues, de motivos personales del doctor Morales ni de trabas burocráticas que han empantanado los proyectos de rehabilitación –como adujera Belisario- sino de la acción de los ‘enemigos de la paz agazapados dentro y fuera del Gobierno’ y de ‘esas fuerzas reaccionarias que luchan con sutilezas contra la paz (...) y lograron torpedearla’.

Se desconocía la posición asumida por los enemigos de la paz fuera del gobierno. La intransigente respuesta de la guerrilla a la propuesta de amnistía ha sido considerada con razón como un duro golpe a la campaña pacificadora del gobierno. También se sabía que –dentro del gobierno- los altos mandos de las Fuerza Armadas no eran los más entusiastas abanderados de la amnistía. La acataron de labios para afuera, pero se sospechaba que en la práctica buscaban más bien torpedearla. Faltaba que alguien –sobre todo alguien con la autoridad de Morales Benítez- concretara hasta dónde llegaba la oposición. El expresidente de la Comisión de Paz evita por razones obvias nombrar a estos ‘enemigos agazapados’ pero no se requiere mayor imaginación para identificarlos. Basta repasar los últimos editoriales y discursos del ministro de Defensa, o releer las declaraciones de los generales Lema y Matamoros, o recordar la célebre reunión que, cuando se comenzó a debatir el proyecto de Amnistía, convocaron los altos mandos con directores de medios informativos para expresar su profunda inconformidad y escepticismo frente a dicha ley”.

En julio del año 2000 OMB arrojó nueva luz sobre el tema al enfatizar que el proceso de negociación de la paz, en el gobierno del doctor Betancur, “se hizo sobre las bases de que tenía que ser una negociación política y no una confrontación bélica. La sociedad civil reaccionó bruscamente, al no aceptar que no hubiera una acción militar fuerte. No entendían que la paz se pudiera alcanzar de otra manera”[19]. Otto Morales se retiró con la satisfacción del deber cumplido. Por ello enfatizó: “La tarea la cumplí con fervor, con denuedo y equilibrio; con amor por Colombia y sus gentes y lealtad extrema al señor Presidente. El doctor Betancur lo sabe, como lo conoce el país”.

Finalmente, la Comisión de Paz continuó su tarea bajo la dirección del doctor John Agudelo Ríos. Lo más importante es que ya se había dejado una huella y recorrido un trecho hacia la paz. Así, el 28 de marzo de 1984 se firmó, en La Uribe, el acuerdo de cese al fuego entre la Comisión de Paz y el Estado Mayor de las FARC.

La dimensión continental

Desde el año 1959 recorrió el continente americano en muchas ocasiones, para entender su dimensión y proyección. Las razones de sus viajes fueron numerosas: compromisos con universidades, centros culturales, academias, y por invitación de amigos y de intelectuales. Los viajes los aprovechó al máximo buscando estudiar las ideas que inquietan a Indoamérica. Estos aspectos fueron analizados en la obra Señales de Indoamérica (Viajes por Perú, Chile, Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, México, Puerto Rico), una publicación del Instituto Caro y Cuervo (2000(b)), de 1070 páginas.

¿Por qué OMB adquirió dimensión latinoamericana y se convirtió en un personaje que piensa los problemas del continente? Afirma que, para tener conciencia de lo indoamericano, se debe luchar contra el sentimiento de inferioridad que nos infundió España y recobrar el derecho a manejar nuestra identidad y nuestros propios problemas. Ese complejo de inferioridad es subyacente, aparece cuando uno menos lo imagina, en los momentos menos oportunos, cuando se está trabajando, cuando se está pensando, cuando se está proyectando alguna nueva iniciativa. Así desarrolla su tesis:

Durante muchos años de vida republicana hemos padecido una gran idolatría por el occidente. Pero, además, en los últimos años, debido a la facilidad de las comunicaciones se ha ido creando también una idolatría por la cultura de Estados Unidos. Hay que reconocer el esfuerzo de este país por estar en contacto con todos los grandes problemas científicos, tienen demasiados premios nobeles, pero el enfoque de los norteamericanos no corresponde a lo nuestro, a nuestras realidades. Mientras ellos son un país imperial, nosotros estamos en desarrollo y la aplicación de sus teorías y tesis nos dañan, convierten a nuestro mundo espiritual y a nuestro mundo político, en un galimatías sumamente grave. De suerte que no es una lucha ni contra occidente, ni contra España, ni contra Estados Unidos desde el punto de vista político, sino que se trata de tener conciencia de lo que nos corresponde defender. Yo he dicho que eso podría llamarse como una especie de nacionalismo americano, sin carácter racial y sin carácter político. Es un nacionalismo cultural[20].

El tema de la identidad ha sido ha sido otra de las preocupaciones culturales de Morales Benítez.  Lo ha trabajado continuamente. Hay demasiados ensayos suyos en los cuales se refiere a materia tan esencial para saber qué es Indoamérica.

Él comienza –para acentuar la identidad- destacando los estudios que se han adelantado acerca de la filosofía Inka y Nahuatl, hasta desembocar en lo que está integrando y caracterizando una filosofía indoamericana precolombina, que nos va dando los perfiles de la identidad cultural.  “La existencia de las ciencias sociales y humanas en la región, tienen apenas cincuenta años. Entonces, tenemos ya más instrumentos científicos para diseñar más apropiadamente los elementos característicos de la identidad y presentarlos con orgullo. Es destacar los perfiles de lo que nos afianza la personalidad continental” y en este aspecto OMB ha sido constante en su prédica de precursor.

En esta visión de largo alcance tuvo que apoyarse en muchos autores que venían planteando los mismos problemas. Reconoce la influencia de pensadores tan valiosos como José Carlos Mariátegui, José Martí, Barba Jacob, Víctor Raúl Haya de la Torre, Pablo Neruda, José Vasconcelos, Rubén Darío, Paul Rivet, César Vallejo, Romain Rolland, Juan Montalvo, Pedro Henríquez Ureña, William Faulkner, Jorge Amado, Baldomero Sanín Cano, Leopoldo Zea, Germán Arciniegas y otros muchos. No sigue a Mariátegui en la concepción marxista y en su aplicación en el continente. “Mas bien se inclina por la orientación democrática-nacionalista de Haya de la Torre. Porque es a partir de esta ideología americana del combatiente del aprismo peruano que Morales Benítez hereda estas enseñanzas: la política sustentada en una severa doctrina ideológica, rechazo del colonialismo mental y análisis propio de nuestros problemas inmediatos (CARBONEL PARRA, 1997, pág. 154).

El ideólogo de la autenticidad mestiza

Otto Morales Benítez fue el abanderado de la idea del mestizaje como filosofía del pueblo americano. Gran parte de su obra se refiere al escenario indoamericano y propone su teoría como denominador común para integrar los pueblos latinoamericanos. Porque lo mestizo identifica y compromete, haciendo posible enfrentar las tesis hispanistas y eurocentristas. Para explicar su tesis plantea una pregunta: ¿cuándo irrumpió el mestizo? Y responde:

No tengo dudas de que ese instante histórico se confunde con el momento en el cual, gentes nacidas aquí después del descubrimiento, tuvieron conciencia de que esta tierra les pertenecía. Que era su patrimonio. Que merecía, por lo tanto, su demanda y su amparo. Entonces, quisieron manejarla, cargarla de dones ineludibles, refugiarse en ella para no continuar siendo explotados. Poseer, da la seguridad de que algo nos protege. Ese siempre ha sido el signo de la pertenencia. Y el mestizo lo tuvo en dimensión abierta.

Aún más, juzgó que para gozar del dominio de lo suyo –su tierra, su vida, su destino político- necesitaba gobernarse a sí mismo, en dos direcciones: en las virtudes del gobierno y en las espirituales de la iglesia. De allí que comenzaran a levantar un murmullo de voces para solicitar que los funcionarios no vinieran de España y que los sacerdotes se designaran, con poderes áticos, entre quienes habían nacido aquí y se habían preocupado de aprender su misión evangélica.

Es decir, el mestizo comenzó a confiar en sus propios valores (MORALES BENÍTEZ, 1984(b), págs. 32-33).

Así OMB le dio al mestizaje un nuevo contenido porque el problema del mestizo es el desprecio a su tradición y porque nuestra riqueza cultural fue ocultada, suplantada y destruida. “Ello nos perdió y nos hizo confusos. Las perplejidades nacen de no haber podido defender la identidad cultural (MORALES BENÍTEZ, 1984(b), pág. 50).

 

Pero hay algo trascendental que advierte OMB. Se trata de la primera gran protesta del mestizo, cuando nuestros talladores plasmaron en sus obras la condena a lo extranjero y comenzaron a dejar su propia expresión en el barroco:

El modelo se recibía y se abandonaba en multitud de detalles. La concepción general se respetaba. Pero iban siendo diferentes los modelos humanos. Las frutas nuestras, las flores del trópico, se iban tallando lentamente. Y los dioses, sus dioses, adquirían un sitio en medio del abigarrado barroquismo. Se evidenciaba la manera sabia de dejar allí, a la vista, en presencia de todos, los ideales que gobernaban la sensibilidad, que cubrían los goces de los ojos, que le daban firmeza al ser para peregrinar. Todo quedó allí. No eludieron nada: ni las imponentes nociones religiosas, ni las figuras humanas, ni los humildes animales que les hacían compañía, ni las flores que daban alegría al paisaje, ni las turbadoras especies vegetales que llenaban de asombro y perplejidad a los conquistadores (MORALES BENÍTEZ, 1984(b), pág. 35).

De este modo el barroco americano es la primera expresión de la independencia del mestizo. “Fue la gran rebelión espiritual, la más profunda. Venía del subconsciente, pero se volvía conciencia, oposición. Así subía la sublevación a las almas. Sin alboroto, sin bronca, sin escándalo, sin grita descomunal, se hizo presente la inconformidad. En ningún momento ha sido tan elocuente el descontento. Allí quedaba en los templos, en los portones de las audiencias, en los recintos donde se gobernada. Fue el rechazo universal a un sistema. Difícilmente ha sido más sutil la inteligencia para decir sus exclusiones” (MORALES BENÍTEZ, 1984(b), pág. 35).

Para hacer énfasis en la calidad del mensaje de nuestros artistas anónimos del período colonial y para confirmar la tesis de OMB, sobre el barroco americano, puede ilustrar la siguiente anécdota:

Cuenta Arciniegas que cuando llegó a Colombia el escritor don Luis de Zulueta, profesor español de fina sensibilidad artística, lo llevó a la capillita de Santo Domingo, en el Templo de San Francisco, en Tunja. El la considera una obra de singular valor pues ese retablo parece ser de “una vieja catedral española”. Para revivirle a De Zulueta la emoción de su patria, lo condujo allí. Este observó, contempló, se extasió. De pronto regresa y sentencia:

-          ‘Es extraordinario. ¡Todo esto es americano!!!” (MORALES BENÍTEZ, 1984(b), págs. 91-92).

Epílogo

Muchos piensan que su brillante carrera en el servicio público y en la actividad política debido culminar en la presidencia de la república. Pero a pesar de ser un clamor nacional tuvo que declinar debido a las inaceptables exigencias que reinaban para ser candidato presidencial. Veamos esta etapa de su vida.

Desde 1974 se venía agitando el nombre de Otto Morales Benítez como precandidato a la presidencia de la República. Jefes políticos, parlamentarios, escritores y sindicalistas, veían con simpatía la figura que se empezaba a perfilar en el caos político. Varios ensayos aparecieron en la prensa regional y nacional, sustentando la propuesta como favorable para el país. En 1977 algunos parlamentarios insistieron en su nombre para la presidencia de la República. La propuesta estuvo ambientada por varios artículos de escritores colombianos. Dos años después Carlos Lleras Restrepo lanzó los nombres de los posibles candidatos y destacó el de Otto Morales Benítez. La propuesta fue acogida por algunos directorios liberales municipales. En 1980, Alberto Lleras Camargo, en un discurso en la ciudad de Medellín, presentó un abanico y entre ellos estaba OMB. Inmediatamente después comandos liberales de Manizales y de Caldas proclamaron su nombre. En este ambiente Carlos Lleras Restrepo presentó un listado de siete candidatos incluyendo a OMB. Se sumaron a la candidatura El Universal, de Cartagena y La Patria, de Manizales.

En el clima político creado, los doctores Hernán Jaramillo Ocampo, conservador, y los liberales Juan B. Fernández, Fabio Lozano Simonelli e Iván Marulanda, le ofrecieron un homenaje popular en la ciudad de Pereira. Los participantes repartieron volantes en los que se leía “Otto Morales Benítez, candidato, el rostro alegre de Colombia”. Se recibieron millares de mensajes, entre ellos de los doctores Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo y Darío Echandía[21]. Pero OMB conoció las intimidades, los obstáculos y los valores perdidos para llegar a la candidatura. Las inaceptables condiciones para ser candidato presidencial. Y escribió un mensaje en el cual criticó “los sistemas desviados que se exigían a un conductor para acceder a tan alta dignidad” y se retiró de la contienda.

Cuando agonizaba el año 1983 empezaron a barajar nombres para suceder al presidente Betancur. En este ambiente se organizaron grupos de apoyo para su candidatura presidencial, con el nombre de “Amigos de Otto”. Sobre estos grupos anotó que “tengo que admitir que he recibido adhesiones de gentes conservadoras y aún de ciudadanos que no tienen partido. De tal suerte que, aunque nadie se ha tomado el atrevimiento de consultar mi consentimiento, lo que en varias ciudades del país han dado en llamar los “Amigos de Otto’, se ha robustecido y ha crecido”[22].

La convención liberal oficialista de Caldas proclamó su nombre como candidato a la Presidencia de la República, el 3 de febrero de 1984, y el diario La Patria, en un editorial, lo presentó como excelente sucesor del presidente Belisario Betancur:

Otto Morales,

Candidato Presidencial

La convención del sector liberal oficialista de Caldas reunida el jueves pasado en la ciudad, ha proclamado el nombre del doctor Otto Morales Benítez como candidato a la Presidencia de la República para el próximo cuatrienio.

No es la primera vez que el ilustre hombre público está en el abanico de los aspirantes a ocupar la primera magistratura de la nación. Ya en anteriores ocasiones el doctor Carlos Lleras Restrepo lo había señalado como una de las personas más idóneas para regir los destinos del país, dadas las condiciones excepcionales de su inteligencia, de su amplia hoja de servicios a su partido, su conocimiento de la realidad colombiana y su ponderado temperamento político.

A principios de 1984 los “Amigos de Otto” se organizaron en Nariño, Quindío, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas. OMB veía crecer el movimiento y cuando lo interrogaban al respecto decía “No me han consultado para crearlas, ni las he impulsado. Son agrupaciones totalmente espontáneas, que se han ido multiplicando”. Se debe aclarar que el clima político y social era bastante complicado. El ambiente estaba enrarecido. Algunos sectores del narcotráfico irrumpieron en la actividad política buscando su aceptación social. Pablo Escobar fundó Civismo en Marcha, movimiento liberal que lo llevó a ocupar una curul de suplente en la Cámara de Representantes. Carlos Lehder organizó, en el Quindío, el Movimiento Latino Nacional, con algún éxito electoral. Frente a los hechos, algunos dirigentes políticos se limitaron a señalar la competencia desleal de la “narcopolítica”, pero otros, como Luis Carlos Galán, el director del Nuevo Liberalismo, repudiaron enérgicamente la incursión política de los narcos. En 1984 Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Justicia y dirigente del Nuevo Liberalismo, enfrentó el problema del narcotráfico y luchó por la figura de la extradición, pero a los pocos días fue asesinado en Bogotá. Como respuesta el gobierno aplicó la extradición.

Finalmente Otto Morales retiró su candidatura con un mensaje que decía: “Me duele comprobar que todos los liberales estamos precipitando el partido a caminar hacia el abismo con los ojos abiertos”. Y, en la Convención Liberal del 10 de agosto de 1985, el ingeniero Virgilio Barco fue escogido como candidato presidencial para el período 1986-1990. En la contienda electoral entró a competir con Álvaro Gómez Hurtado, del partido conservador y con Jaime Pardo Leal, del movimiento Unión Patriótica.

¿Por qué OMB no fue elegido candidato presidencial por los líderes de  partido? Quizás por su afán de querer eliminar la corrupción para que el partido liberal se convirtiera en fuerza guiadora. Sobre este aspecto escribió que “Hubo complacencia  en muchos dirigentes nacionales que han debido ser claros en la condena. Con tal de no perder audiencia, convivían, en silencio con esos dañinos procedimientos. A quienes se opusieron, como Carlos Lleras Restrepo, que los denunció y los combatió, le cerraron el paso en su destino político. Era hombre con mucha claridad, que perturbaba ese goce irregular. En su semanario Nueva Frontera se encuentran demasiadas páginas en las cuales se hace el análisis espectral de estas horas sombrías de la patria”.

Sobre esta etapa de su vida anotó el escritor Jaime Carbonell Parra que “Morales Benítez ha preferido la versatilidad del género ensayista antes que gobernar un país. Tal vez piense que la inmortalidad difícil que brinda la obra literaria es más excitante que los afanes por conducir nuestro pueblo indómito”. Pero Otto Morales Benítez no reclama más honores:

He recibido muchas consagraciones en lo público y en lo académico. Me llegaron siempre, y lo declaro con apaciguado orgullo, sin pedir un voto para mis exaltaciones He trabajado humilde y pacientemente, siempre con un signo de júbilo, y he sido recompensado con largueza sin límites. Me he comportado con libérrimo ademán y ello explica mi euforia rampante. Escribo, hablo, pienso, sin obedecer a presiones económicas, sociales o políticas. En mis diferentes tipos de obras, que tienen acentos peculiarísimos de acuerdo con el mundo al cual corresponden –la crítica literaria, la historia, la sociología, el derecho, los estudios político-doctrinarios y el periodismo que ha sido y es mi signo- obedezco a los mandatos de un pensamiento desinteresado: libre de afanes secundarios. No dudo en apreciar y exaltar las calidades de mis enemigos ideológicos en diferentes campos. No he excluido a nadie en mi tránsito humano. Lo único que he procurado es dejar, sin timideces ni silencios cobardes, afincadas mis verdades.

Pero, como una gran conclusión a la vida y obra del doctor Otto Morales, quiero cerrar este capítulo haciendo una breve reseña sobre la creación del Centro para el Estudio de la Obra de Otto Morales Benítez. Esta institución, fundada por Olympo y Adela Morales Benítez, se inauguró el 7 de marzo del año 2001; en este acto los gestores anotaron lo siguiente:

Mi hermano Olympo y yo hemos decidido establecer este centro, con el afán de interpretar lo que muchas personas han venido manifestando de diversas formas, acerca de la necesidad de estudiar una obra tan prolífica y que aporta muchos planteamientos importantes para el conocimiento y entendimiento de nuestra realidad nacional, social, económica y política.

Como fundadores, le hemos asegurado una morada en esta casa, que es parte del patrimonio histórico de la ciudad y unos recursos mínimos y propios provenientes de nuestros recursos personales. Para comenzar, no hemos querido tener compromisos económicos con nadie para poder gozar de la autonomía que requiere el estudio de esta obra que Otto Morales Benítez ha escrito con independencia de gobiernos, o de grupos sociales o políticos, principio válido que rige nuestras vidas...

El objetivo principal del centro es tener la información disponible que pueda ser utilizada por quien la requiera para el estudio de los planteamientos centrales de la obra de Otto Morales Benítez...”[23].

De este modo se creó el Centro para el Estudio de la Obra de Otto Morales Benítez, donde los estudiosos de los problemas del país y del continente tienen la posibilidad de examinar la producción intelectual de este pensador cuya preocupación fue el destino de la patria y la integración del continente.

BIBLIOGRAFÍA

Fuentes primarias

Prensa

·         La Mañana, Manizales.

·         La Patria, Manizales.

·         El Día, Manizales.

·         El Tiempo, Bogotá.

·         El Espectador, Bogotá.

·         Revista Cuadernos Americanos No. 91, México Distrito Federal.

 

Informes oficiales

·         Archivo Central Universidad de Caldas.

·         Archivo Personal del doctor Otto Morales Benítez.

 

Fuentes secundarias

Libros

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[1] Debido a la riqueza de las minas de Quiebralomo se estableció el Real de Minas de San Sebastián, hacia mediados del siglo XVI. Esta población estaba integrada por mineros españoles con sus cuadrillas de esclavos y debido al auge de las minas la localidad se convirtió, además, en abastecedora de productos agrícolas, en importante plaza comercial y en centro administrativo y cultural.

[2] Sitio donde más tarde surgiría la población de Supía.

[3] Entrevista televisada realizada por Bernardo Hoyos a Otto Morales Benítez, febrero 1984.

[4] Conversación con el doctor Otto Morales Benítez, Manizales, abril 29, 1996.

[5] Ibid.

[6] Conversación con el doctor Otto Morales Benítez. Manizales, octubre 12 de 2001

[7] Diario La Mañana, enero 16, 1945.

[8] La Mañana, enero 26, 1945.

[9] Conversación con el doctor Otto Morales Benítez. Manizales, abril 29, 1996.

[10] Conversación con el doctor Otto Morales Benítez, Manizales, abril 29, 1996

[11] La Mañana, 22 de marzo de 1945.

[12] Archivo Central Universidad de Caldas. Documentos sobre la historia de la Universidad 1946-1957.

[13] Conversación con el doctor Otto Morales Benítez. Santafé de Bogotá, mayo 31, 1997.

[14] Ibid.

[15] Publicado por Editorial Antares, Bogotá, 1951.

[16] Conversación con el doctor Otto Morales Benítez. Manizales, junio 12, 1996

[17] Bogotá, Imprenta Nacional, 1962.

[18] Ibid., p. 47.

[19] Morales Benítez, Otto. “No hay que tener impaciencia”.  El Espectador, 4 de julio, 2000.

[20] Conversación con el doctor Otto Morales Benítez. Santafé de Bogotá, noviembre 9, 1998

[21] Fundación Universidad Central (1995), p. 394.

[22] Reportaje con Luis García Quiroga, 19 de enero de 1984. En: Tesis de mi campaña presidencial (1984-1986), Tomo II. (inédito)

[23] Morales Benítez, Adela. ¿Qué es el Centro para el Estudio de la obra de Otto Morales Benítez? Lectura realizada el 7 de marzo de 2001.

 


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